ÑU “No hay ningún loco” (1986)

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El prestigio de Ñu siempre ha estado muy por encima de su nivel de ventas. Eso es así ahora y así era también hace 20 años. En aquel 1986, tras cuatro discos en estudio y a pesar de tener el honor de ser uno de los grupos pioneros del rock en España y tener el beneplácito de la opinión generalizada, la banda se encontraba sin Compañía al haber roto su contrato con Chapa Discos, ruptura que no fue todo lo amistosa que debería haber sido.

El grupo necesitaba un revulsivo que, por un lado, demostrara a los ejecutivos de Chapa-Zafiro que la banda podía sobrevivir sin estar bajo su sombra, y de paso situar a Ñu en el estatus que merecía. La oportunidad se la dio Antonio Rodríguez, dueño de la pionera discoteca Barrabás de Vicálvaro y más tarde de la sala Canciller. Antonio creó Discos Barrabás y bajo su ala, y organizado por su socio Mariano García, conocido locutor radiofónico, se embarcaron en la grabación de un doble disco en directo, con el aliciente añadido de la participación de muchos de los antiguos componentes de la banda.

El marco elegido fue la madrileña sala Canciller, los días 7 y 8 de febrero de 1986. El éxito de convocatoria fue aplastante, llenando hasta los topes la sala, de buena capacidad. El aforo fue ampliamente superado, sufriendo los asistentes (entre los que afortunadamente yo me incluía) los inconvenientes (y el peligro) de una descarada sobre-venta de entradas.

La siempre fluctuante banda que acompaña a José Carlos Molina estuvo compuesta por su viejo amigo Enrique Ballesteros a la batería, José Luis Rodríguez “El Pluma” al bajo, Enrique Bertrán de Lis a la guitarra y el recién llegado Toni “El Mago” a los teclados. Tal y como estaba prometido, la nómina de invitados fue extensa y variada: José María “Sini” (guitarra), Eduardo Pinilla (guitarra), Jerónimo Ramiro (guitarra), Chiqui Mariscal (bajo), José Luis Ajenjo “El Horrible” (bajo), Bernardo Ballester (batería), Jean-François André (violín), Miguel Ángel Collado (teclados), Pepe Moreno (saxo) y Ángel Moreno (cantaor) fueron alternándose en las canciones para darle un colorido y sentido histórico al disco que fue uno de los motivos de su éxito. Entre todos estos invitados, ex -componentes del grupo, se echaba en falta uno, quizás el más carismático: Rosendo Mercado, co-fundador de Ñu junto a José Carlos Molina y que salió del grupo para fundar Leño justo antes de la grabación del primer LP. En aquella época no quedaron claros los motivos que impulsaron a Rosendo a rehusar estar presente en el proyecto, algo que tiempo después el propio Rosendo confesó: le molestó que, después de conocer a José Carlos Molina desde que eran críos, el ofrecimiento no se lo hiciera él personalmente, sino que fuera Mariano García quien le hizo la propuesta. Ese detalle, quizás de falta de elegancia quizás de exceso de ego, nos privó de tener al guitarrista de Carabanchel en estos conciertos.

El set-list de los conciertos y, por ende, del disco, es muy bueno y variado. Gran parte de los clásicos del grupo están representados, tocando todos los palos estilísticos de la versátil banda madrileña, y además hubo algunos temas nuevos que se incluyeron, como el “No hay ningún loco” que dio nombre al disco (intentando desterrar la imagen de mucha gente tenía de José Carlos Molina por ciertos comportamientos del pasado), la emotiva “Prometo besar”, “Sé quién” y “Los ojos de la zíngara”, un curioso tema que incluye una parte en el que el cantaor Ángel Moreno aporta un pasaje flamenco y que finaliza con unos acordes de pasodoble español, en reivindicación al sentimiento español frente a la excesiva influencia anglosajona, algo que se encargó de explicarnos el día del concierto. La inclusión de estas partes tan alejadas del rock dentro de la canción queda sorprendentemente bien.

El disco al completo no tiene desperdicio. Sobresaliendo del resto, hay bloques que son de una calidad sublime, como el inicio, con un perfecto arranque en el que una introducción instrumental da paso a unas enlazadas “Cuentos de ayer y de hoy” y “Preparan”

A pesar de que los días previos a los conciertos José Carlos Molina tuvo unos preocupantes problemas de afonía que no le permitieron estar al 100%, se recuperó a tiempo para cumplir con holgura, además de tocar la flauta con la maestría que le caracteriza. Especialmente se luce en “La bailarina” y “El flautista”, intercalando un solo de flauta marca de la casa.

Los invitados confieren a los temas que interpretan su propia personalidad, lo cual le da más énfasis a la variedad estilística del disco, que combina momentos melódicos con otros más cañeros, como la versión más netamente heavy de Ñu, compuesta por Jerónimo Ramiro, Chiqui Mariscal y Bernardo Ballester y reflejada en las enlazadas “Nessa” y “Fuego”.

El disco termina de forma triunfal con tres temas enlazados en los que la banda suena como un tiro: “Más duro que nunca”, “Más quiero más” y “Una noche más”, interpretados como bis en su día, y que demuestran bien a las claras el altísimo nivel que tenía el grupo en aquella época.

Las limitaciones de presupuesto provocaron una insuficiencia en las horas de estudio para mezclar el disco, lo que produjo algunos defectos en la mezcla (por ejemplo, apenas se oyen los teclados de inicio en “Ella”), pero en general el resultado es más que satisfactorio. Esta escasez de presupuesto provocó ciertas tiranteces entre José Carlos Molina y Discos Barrabás, que no se decidió a apostar de lleno por el producto, algo que impidió la idea inicial de hacer una reedición incluyendo los temas que habían quedado fuera del disco (algo como lo que hizo Barón Rojo con aquel “Siempre estáis allí” con las sobras de “Barón al Rojo Vivo”, aunque viendo el resultado, no sería un buen precedente)

El disco fue un éxito popular y cumplió con creces sus objetivos de, por un lado, satisfacer a sus seguidores y, por otro, servir de trampolín a la banda, que disfrutó de varios años de “vacas gordas” con más numerosos y multitudinarios conciertos.

Quizás nunca se le dará a Ñu la importancia que merece. Múltiples factores influyen en ello, a pesar de su innegable calidad, pero eso merecería un debate aparte. Lo que sí está claro que “No hay ningún loco” es uno de los mejores discos en directo que ha dado el rock español a lo largo de su historia.

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Shan Tee