Hamlet editan su sexto larga duración utilizando el mismo nombre de la banda. Esto se suele asociar a un cambio profundo aunque, a juzgar por el contenido del álbum, no se aprecie tal. Hamlet poseen una fórmula infalible y no se han apartado de ella ni un centímetro. El principal componente de la misma es un sonido pulidísimo cuyo responsable vuelve a ser Colin Richardson (quien trabajara con Carcass hasta “Heartwork”, firmara “Demanufacture” de Fear Factory y una infinidad más de obras), que desde “Insomnio” le ha dado buena estrella a la banda.
Hamlet pueden codearse sin problemas con cualquier producto norteamericano tanto en ese aspecto como en el puramente musical. El quinteto mantiene intacto su metal vanguardista y sigue las pautas de anteriores lanzamientos. Apoyados en los cambios de tono y las frases hirientes que escupe Molly, Luis Tárraga y Pedro Sánchez disparan una gama de riffs homogéneos que convierte los once temas de que consta el compacto en pura dinamita. En cuarenta minutos nos encontramos con cortes como “Queda mucho por hacer”, “Vivo en él” (cuyo riff parece una extensión de “Roots bloody roots”), “No lo entiendo” (en la onda pegadiza de “Antes y después” o “Vivir es una ilusión”) o “Acuérdate de mí ” (que se da un aire a “Points of authority” de Linkin Park) donde una base sólida que sólo deja espacio a la caña se desvía tímidamente hacia unos fragmentos melódicos bien calculados. El parecido que siempre se les ha atribuido con Deftones (antes fueron Pantera) no es gratuito, sin embargo cabe recordar que Hamlet llevan haciendo esto desde 1994 y que la etapa como “hair band” quedó atrás hace mucho.
Pese al título, “Hamlet” no esconde ninguna transformación. La banda madrileña progresa dentro de su estilo y no se apea del mismo en ningún momento. En contra de lo que esperaba, se han desmarcado del giro que habían iniciado en “El inferno” con canciones como “Perdóname”, “No soy igual” o “Por qué?” y han retomado la vía directa: temas fuertes con pequeñas concesiones a la armonía. Este trabajo no posee la variedad de su antecesor y es lo que más se echa en falta. De cualquier forma, para sus seguidores este álbum será otra bendición más que sumar a la lista; para los demás, la confirmación de que no han bajado la guardia, aunque tomar más riesgos en próximas entregas no les vendría nada mal.
J. A. Puerta
