A finales de los ’70 la situación de Rainbow se encontraba en un momento difícil. Tras haber tenido una época gloriosa con Ronnie James Dio, la salida del menudo cantante neoyorkino había dejado tocado al grupo. Su sustitución por el australiano Graham Bonnet había dejado una sensación agridulce, ya que si bien el disco resultante había sido brillante (“Down To Earth” – 1979), la vida en la carretera se había tornado insostenible, ya que Bonnet alternaba grandes actuaciones con algunos shows decepcionantes y, sobre todo, chocaba frontalmente con el siempre difícil carácter de Richie Blackmore. Por si fuera poco, el gran batería Cozy Powell decide abandonar la banda, animado por el éxito de su disco en solitario “Over The Top” (1979).
Puestas así las cosas, Richie Blackmore decide dar un vuelco a su grupo. Apoyándose en su viejo compañero Roger Glover, rearma la banda con un objetivo claro, el mercado americano, donde la banda nunca había tenido una presencia importante. Para ello buscan comercializar su sonido, convertirse en un grupo más asequible que pueda sonar sin problemas en las FM yankees.
Para ello lo primero que tienen que hacer es reclutar músicos que puedan llevar a cabo esta nueva idea de lo que será Rainbow. En los teclados se mantendría el reputado
Don Airey, y los nuevos fichajes serían dos jóvenes desconocidos a los que se les presenta la oportunidad de su vida. El crucial puesto de vocalista recae en un joven Joe Lynn Turner, hasta entonces en un grupo desconocido llamado Fandango. Su timbre de voz, similar a Lou Gramm, convence a Richie Blackmore al estar éste obsesionado en grupos como Foreigner, el camino a conquistar los USA. Unas extensas audiciones hacen que el puesto de batería recaiga sobre Bobby Rondinelli, quien hace gala de una buena técnica y un gran dominio del instrumento, en especial el doble bombo, que utilizará con destreza en el futuro.
Con estas jóvenes incorporaciones, el único problema recae en que la mayoría de los temas ya están escritos pensando en la voz de Graham Bonnet. Sin embargo, Joe Lynn Turner acepta el reto y echa el resto para cumplir con sobresaliente las exigentes composiciones de Richie Blackmore.
El disco tiene una marcada tendencia AOR, fruto de la mencionada voluntad de hacerse un hueco en América, y esta disposición queda reflejada desde el inicio del disco, con “I Surrender”, una versión de Russ Ballard, conocido compositor del estilo. El tema es un verdadero éxito en todo el mundo, dando la razón a Richie Blackmore y Roger Glover en su elección. Otra versión en la misma línea es “Magic”, de Brian Moran, aunque ésta no logra asentarse en el repertorio de Rainbow con la misma fuerza.
El disco contiene grandes temas que han quedado para la historia de la banda. “Spotlight Kid” y “Can’t Happen Here” son dos trallazos trepidantes, en la línea de los temas más enérgicos de la historia de la banda, aprovechando las virtudes de Bobby Rondinelli con el doble bombo. En ellos, no sólo Rondinelli destaca, sino que Joe Lynn Turner demuestra la versatilidad de su voz. Y sobre todos ellos, como no podía ser de otra forma, Richie Blackmore. Las Intros muy inspiradas, riffs llenos de calidad y los solos en los que demuestra su personalidad, le hacen mostrar al mundo que sigue siendo el número 1.
Otro gran tema es “No Release”, donde combinan esta energía con una parte Godspell que sorprende (y agrada) a sus seguidores, y donde Joe Lynn Turner demuestra, como en todo el disco, que ha conseguido cumplir con nota la difícil responsabilidad que le habían asignado.
Si dejamos a un lado a “Freedom Fighter” y “Midtown Tunnel Vision”, que podríamos considerarlos como temas de relleno (aunque siembre habrá fans de la banda que no estén de acuerdo), el disco es variado y muy atractivo. En él destacan sobremanera los dos temas instrumentales que cerraban cada cara del vinilo original. En aquella primera copia, el dulce tema instrumental que cerraba la cara A se llamó “Vielleicht Das Nachster Zeit”, nombre alemán provocado por la residencia de Richie Blackmore en Hamburgo. Este nombre es una mala traducción, una errata lingüística, que fue corregida en la posterior edición en CD, quedando como “Vielleicht Das Nächste Mal (Maybe The Next Time)”.
El tema que cerraba el disco ha quedado como uno de los más míticos de la historia de Rainbow. Utilizando la misma idea que empleó nuestro Miguel Ríos 10 años antes, Richie Blackmore adaptó al Hard Rock el último movimiento de la 9ª Sinfonía de Beethoven, dando así rienda suelta a su gusto nunca oculto sobre la música clásica. El tema, llamado “Difficult To Cure” como el disco, permaneció ya para siempre en el repertorio en directo tanto de Rainbow como en la futura reunión de Deep Purple, hasta que Richie Blackmore volvió a abandonar la banda.
“Difficult To Cure” abrió, por lo tanto, la tercera etapa de Rainbow. Alejada de la etapa de Graham Bonnet y a años luz de lo que fue la banda con Ronnie James Dio, esta versión “Rainbow 3.0”, más comercial y elegante, consiguió su propósito de conquistar el mercado americano con el siguiente disco, “Straight Between The Eyes”, y aún hubo un tercer trabajo “Bent Out Of Shape”, que pasó más desapercibido al desembocar en la esperada reunión de Deep Purple.
Además de la grandeza del propio disco, “Difficult To Cure” sirvió de trampolín a Joe Lynn Turner y Bobby Rondinelli, quienes ya nunca volvieron al anonimato, gozando de un prestigio que se mantiene hasta nuestros días.
Un disco, en definitiva, imprescindible en la colección de cualquier amante del Hard Rock.
Santi Fernández «Shan Tee»
