RARE EARTH “Ma” (1973)

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rareearth_maRare Earth fueron un grupo de Detroit que funcionaron entre 1968 (justo cuando dejaron de ser conocidos como “The Sunliners”) y 1978, sin contar la efímera reunión de 1993. De inevitables influencias de The Temptations y en plena explosión psicodélica, orientaron su música hacia el blues-rock con reminiscencias funk y soul.

Tras cuatro discos en estudio, un directo y unos cuantos cambios en la formación, editaron en 1973 “Ma” bajo los auspicios del mítico sello Motown y la producción de Norman Whitfield, quien también escribió las cinco canciones de que consta el LP. La formación que grabó aquél histórico álbum fue la compuesta por Gil Bridges (saxo, flauta, voz), Peter Hoorebelke (batería, voces), Ray Monette (guitarra, voces), Mark Olson (teclas, voces), Pete Rivera (batería, voces) y Mike Urso (bajo, voces).

Cuando existía la sana costumbre de pinchar los discos enteros, este era uno de los fijos en los garitos de luz tenue, humo y rostros deshechos de felicidad, que cantaban Leño. Con esto de fondo se podía hablar o menear la cabeza compartiendo cualquier cosa sin molestar al vecino. Los 17 minutos y pico del repetitivo riff de guitarra de “Ma” eran pura psicodelia, ideal para dejar volar la imaginación y más cosas, aunque yo prefería los efluvios zeppelinianos de “Hum along and dance”, un ejercicio claro de hard rock más cercano al humo azul que al blanco.

“Big John is my name” entrevelaba sentimiento soul entre aderezos funkies. Supongo que Glenn Hughes se sentiría feliz como una lombriz cantando esta canción. “Smiling faces sometimes” volvía a centrar la atención en la música a la vez que hacía mover los pies al compás del cuello.

El final del disco, de poco más de media hora de duración en total, lo marcaba “Come with me”. Podría ser la banda sonora de cualquier peli erótica de serie B, pero en realidad consistía en una sucesión de solos de guitarra y teclas bajo unos jadeos femeninos que podían llegar a destrozar los nervios a unos o a provocar tiritera a otros. No había término medio.

No fue un disco que rompiera esquemas, que vendiera cantidades desorbitadas de copias o que fuera punto de inflexión en la historia de la música, en absoluto. Más bien todo lo contrario, fue un disco que se refugió en el underground de los garitos más selectos, pero que se hizo tremendamente popular gracias al boca a boca, convirtiéndose en un clásico que comprime toda una década en cinco temas.

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Alvar de Flack