Atormentadas por encontrar “el gran blanco” que cambie el “status” del mundo de la música y prisioneras a la vez de su propio negocio, las discográficas muchas veces pierden el norte llenando el mercado de bandas anunciadas como los nuevos Mesías del Rock que no aguantan dos asaltos o, por el contrario, de ejércitos de clones que ríete tú de los de George Lucas, y sin embargo, a veces, como por arte de magia, son capaces de hacer sonar la flauta y dar en el clavo como ha pasado con esta banda de tan extraño nombre que aúna calidad, buenas ideas y la capacidad de navegar entre la comercialidad y el underground con excelentes resultados.
Si piensas que voy a decirte a qué suenan estos tíos estás muy equivocado porque suenan a tantas cosas, se han empapado de tantos sonidos, que resulta casi una misión imposible ponerle un nombre a lo que hacen y a mí no me pagan lo suficiente para embarcarme en una empresa de esa envergadura. Su música está llena de recovecos de formas desiguales, de múltiples ropajes capaces de cambiar de color según convenga en una constante metamorfosis en movimiento dando la sensación de que es algo vivo y cambiante, como si te enfrentaras a algo nuevo cada vez que suena.
Desde la inicial “White Noise” (¿a qué me suena a mí esto?) percibimos que el viaje no va a ser fácil. Guitarras rockeras bajo un montón de arreglos electrónicos (¿cuántos lectores se han bajado del autobús en este punto?) que nos recuerdan a los mejores NIN y es que un alma atormentada como la del hermano Reznor no podía pasar desapercibida hoy en día. Hablo de un leve recuerdo, nada de copia, que éstos, para empezar, tienen todas las guitarras que le faltan al “The Fragile”, y toda la comercialidad, dicho sea de paso. La sensación de pista de baile se hace todavía más notable en “1% (The Long Way Down)”, tema que combina a la perfección electrónica y rock y con el que no podrás parar de moverte. “What You´ve Got” sí parece mucho más inspirada en los “Clavos de nueve pulgadas” más intimistas y recogidos. Sin embargo coplas como “Slip To Fail” o “Positivity” se alejan de los postulados de NIN en busca de su propio camino.
David Reilly y Jeff Turzo, almas pensantes de este proyecto, pueden ser tenidos como unos visionarios (aunque se apoyen claramente en trabajos anteriores) e incluso así llegó a pensarlo el mismísimo Rick Rubin cuando les produjo su EP “Empty”, o simplemente éste será uno de los miles de discos que quedan sepultados por la avalancha de ofertas ante la incapacidad de las propias discográficas por vender su propio producto. Veremos lo que les depara el futuro pero si siguen sacando discos tan bueno como este seguro que podremos apostar por ellos.
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Pedro Salinas “Pears”
