La trayectoria musical de Gary Moore sufrió un cambio de rumbo cuando en 1990 decidió salir de la piscina de patos del Hard Rock para tirarse al charco de ranas del blues, y no es que el blues como estilo merezca un adjetivo despectivo, es que la forma de entender el blues que tiene “caracortada” dista bastante de la de su espejo musical, Peter Green. Quiere pero no puede, aunque hay que reconocerle el mérito de imitar con bastante precisión los sonidos, que no el alma.
Dicho esto, hay que reconocer también que este disco suena muy bien. El tratamiento que se le da a las guitarras en cuanto a presencia y sonido es un facsímil de lo que a finales de los ‘60 y primeros ‘70 se podría encontrar en los antros llenos de humo de cualquier ciudad bluesera del sur de los USA. Léase, por ejemplo, el sonido de los primeros Fleetwood Mac o los Bluesbreakers de John Mayall, por poner dos ejemplos claros.
Hay temas muy bien rematados, caso de “Hard Times”, y buenas versiones de clásicos del género, como “Thirty Days” de Chuck Berry o “Eyesight Of The Times” de Sonny Williamson. Pero también hay tostones de los que solamente Gary Moore es capaz de incluir en un disco para descompensarlo y pasar del todo a la nada sin solución de continuidad, caso del exceso de tempos ultra-lentos que ocupan la mitad del track-list. “Trouble At Home”, “Have You Heard”, “Evenin’”, “Nowhere Fast”, y “I Had A Dream” son canciones para poner de fondo mientras te vas a la cama con el pijama y el orinal, y que nadie me venda la moto del sentimiento, del feeling y del sabor a bourbon y tabaco, que esto no hay quien se lo crea viniendo de quien viene.
Sin embargo mete dos injertos en el listado de temas que me parecen muy interesantes, el tema que abre el disco, “If The Devil Made Whisky”, un blues clásico de 12 compases con un sonido de guitarra destartalado por la afinación y el grano de la saturación, y justo el que cierra el LP, “Sundown”, con el único sonido de la steel guitar y la voz del irlandés, que le da un ambiente muy acorde con el título de la canción.
Otro disco más de la ya extensa ristra de engendros que este gran guitarrista, mitad genio-mitad lámpara, ha parido en los últimos tiempos. Si te gusta el blues de verdad no creo que este disco te diga mucho, pero si te gusta escuchar blues en general mientras te tomas una copa en cualquier garito, puede ser un disco interesante.
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Alvar de Flack
