No todos los grupos tienen la capacidad, la voluntad o las ganas de innovar en el cada día más exprimido mundo del rock. No es fácil encontrar una banda que indague en algún camino inexplorado, y todos los grupos en mayor o menor medida dejan entrever sus influencias. Pero hay mucha distancia entre esta circunstancia, totalmente lógica y razonable, y el caso de algunos grupos totalmente obsesionados con sus ídolos, a los que pretenden imitar de forma descarada sin el menor reparo.
Este es el caso de Frozen Tears, banda italiana creada con la clara intención de clonar en la medida de sus fuerzas a sus adorados Judas Priest. No se trata de unos recién llegados, ya que este “Metal Hurricane” es su tercer CD, precedido por su debut “Misterious Time” (2000) y el posterior “Way of Temptation” (2002). Riffs de guitarra, melodías, arreglos y giros vocales están copiados de su modelo a seguir, provocando un constante deja-vu que apenas deja valorar el talento del grupo.
Y el caso es que, si obviamos esta evidente sensación, el grupo no está tan mal. Las guitarras de Lapo Torrini y Leonardo Taiti suenan muy bien, nítidas y muy altas en la mezcla, y sus riffs son compactos y transmiten energía y contundencia. Quizás son lo mejor del disco. La voz de Alessio Taiti cumple con su cometido, aunque su obsesivo intento de imitar a Rob Halford en cada giro, en cada grito, tanto en agudos como en graves, termina haciéndose tedioso.
La base rítmica no sale muy bien parada en la producción. El bajo de Maximiliano Dionigi suena potente pero sin nitidez, y la batería de Emanuele Vignozzi apenas brilla en contadas ocasiones, como en atronador doble bombo de la inicial “Inner Vision”, pasando luego a un segundo plano, tapado junto con el bajo por la contundencia del sonido de las guitarras.
Los temas bien podrían ser desechos de Judas Priest, en mayor o menor medida siempre siguen la línea marcada por los de Birmingham, y eso impide hacernos una idea clara del talento compositivo de estos muchachos. Cierto que hay temas que se hacen agradables al oído y que incluso superarían algunos momentos bajos de sus ídolos, pero en conjunto se quedan en un clon que camina a rebufo de su modelo.
Precisamente “Inner Vision” bien podría ser el mejor tema del disco, con un excelente trabajo de las guitarras de Lapo Torrini y Leonardo Taiti, sin duda los grandes triunfadores del disco, proporcionando con sus riffs y sus solos la mayor parte de las alegrías que nos reporta el CD. Temas como “Your life slows down” o “The right side of the world” suenan bien y complacerán al entusiasta seguidor del heavy metal clásico, aunque su obsesión por clonar su patrón defraudará los oídos más exigentes.
El disco mantiene un nivel muy lineal, en el que no se sale de la línea conscientemente marcada excepto en la instrumental “The evil”, que supone un respiro y consigue transmitir buenas dosis de intensidad.
De forma sintomática, el CD se cierra con una versión de Judas Priest, “Some heads are gonna roll”, sacada de un disco de tributo a los años ’80 del sello Steelheart, quien edita también este disco. La versión es mediocre, y se nota que la producción es inferior al resto del disco.
Resumiendo, este grupo gustará a los fanáticos de Judas Priest, quienes tendrán un buen puñado de canciones fieles a su estilo con las cuales disfrutar. El resto… mejor nos quedamos con el original.
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Shan Tee
