Su disco anterior, “Cabeza loca”, me pareció un tostón importante, así es que admito que iba condicionado cuando escuché por primera vez este nuevo LP. Tras esa primera pasada, las conclusiones fueron similares a las del primero: “Voy a darle otra vuelta pero vamos… esto huele a carne de estantería”, me dije.
En la segunda ‘vuelta’ me fijé en algunos detalles como el sonido (sensiblemente mejorado) o las letras. Sobre esto último, hay frases matadoras como “Te digo una cosa, sabes que te digo, que tienes mucha geta me voy a fumar un peta” (“Por el forro los cojones”), o “Y yo solito me lanzo al espacio y me suda la polla ir despacio, y voy a seguir poniéndome agustito y así poder pasar de todo otro ratito” (“Me la suda”). No voy a catalogar la rima (ni el contenido, allá cá uno/a), que tiene un trago, pero al transcriptor habría que decirle que “geta” se escribe con j.
También pude comprobar en esta segunda escucha que “Ya estamos aquí”, la canción que abre el disco, es una especie de justificación: “A nosotros nos gusta soñar porque en el fondo somos un sueño. Y si no pregúntanos qué coño hacemos aquí, palabras, hechos, canciones, parecen escapar. Que no inventamos mentiras, solo contamos nuestra verdad”, y que “Siempre” y “Ya está bien” están llenas de tópicos sobre lo mala y lo perra que es la sociedad y las emisoras de radio, aunque entre estas últimas alguien se libra: “siempre sonando lo mismo vaya rollo de dial, más vale que aún hay gente en la que poder confiar para posar nuestro arte en los oídos de los demás”. Como agradecimiento genérico no tiene precio…
En la tercera -y última- ‘vuelta’ me fijé un poco más en la música. Pocas diferencias con su anterior trabajo, en general. Rock and Roll sin complicaciones, simple como un botijo, cuadriculado y de estribillo fácilmente cantable. No hay mucho más que añadir, excepto que con la cuarta escucha ya no pude.
Al final la primera impresión es la que vale: Depósito de polvo de estante. Le pasaremos el ‘pronto’ de vez en cuando.
Alvar de Flack
