El regreso a puertos españoles de los holandeses errantes en su nueva singladura, probablemente la más arriesgada musicalmente desde que levaron anclas e iniciaron su larga travesía allá por 1989, se antojaba una cita ineludible para el que suscribe. Siempre vi a The Gathering como una de las bandas más interesantes y atractivas de la escena mundial, por encima de estilos y corsés, y nunca había tenido la oportunidad de verlos en directo, así que esta vez ya no podía perder la oportunidad de solucionar esta cuenta pendiente y puse rumbo al rompeolas de las Españas para presenciar por primera vez una actuación en vivo de la tripulación capitaneada por Anneke Van Giersbergen.
En esta ocasión particular, se daba además el aliciente añadido del nuevo golpe de timón estilístico que la banda había dado con su nuevo álbum “Souvenirs”, trabajo que venían a presentar en esta nueva gira, y dentro de la cual nuestro país tuvo el privilegio (o la desventaja, según se mire) de ser uno de los primeros en donde recaló el buque holandés. Tanto es así que el disco había sido publicado oficialmente apenas un mes antes de que el grupo descargara en España, y seguramente muchos de los asistentes al concierto ni siquiera tuvieron tiempo material para escucharlo y hubieron de enfrentarse por primera vez con las nuevas composiciones del grupo encima de un escenario. Por todo esto, las expectativas y los interrogantes eran numerosos, aunque algunos de ellos previsibles si tenemos en cuenta la banda de la que estamos hablando y su continuo afán por la experimentación y la progresión. Además, el hecho de que este nuevo trabajo estuviera editado por su propia compañía de nuevo cuño Psychonaut Records, indicaba que, ahora más que nunca, el grupo había tenido total libertad para controlar su material y dar rienda suelta a sus inquietudes musicales sin ningún tipo de presión por parte de la muchas veces intransigente industria discográfica. El precio de la independencia es que tu bolsillo se resentirá y tu trabajo seguramente llegará a menos oídos, pero ojalá todas las bandas pudieran publicar sus álbumes bajo su completa responsabilidad… Así todo sería mucho mejor y, sobre todo, más limpio.
Bueno, vamos a lo que vamos, que nos cierran el chiringuito. En el insulso ticket del concierto se podía leer que la apertura de puertas de la madrileña Sala Caracol era a las nueve en punto de la noche y que media hora después comenzaría la actuación del grupo de apoyo Pale Forest, así que había tiempo de sobra para dedicarse a otros agradables menesteres como llenar el estómago de líquido manteniendo una buena charla con los colegas, así que a eso me dediqué acompañado de Starbreaker y Mr. Trabuco hasta que se acercó la hora señalada en ese triste papel fotocopiado que ahora llaman entrada.
Accedí a la sala a eso de las 9:15, cuando se suponía que todavía quedaba un rato para que comenzaran los teloneros, pero para mi desagradable sorpresa vi que Pale Forest en realidad ya estaban a punto de terminar su actuación y apenas puede escuchar el último tema de su set, que sonó en una onda similar a lo que practicaban los cabezas de cartel hace unos años, antes de su alejamiento del Metal.
Este extraño concepto de la puntualidad que tienen algunos locales descoloca al más pintado, pero el caso es que el concierto empezó con más de media hora de antelación respecto a lo previsto y por culpa de esto me perdí a los buenos de Pale Forest, grupo que me hubiera gustado ver pero me quedé con las ganas.
El daño ya estaba hecho, así que ya sólo me quedaba adentrarme en la sala para coger una posición más o menos decente en espera de la salida al ruedo de THE GATHERING. Esta tarea fue bien complicada porque el recinto presentaba un lleno total, de hecho al parecer se agotaron las localidades el día antes, y se notaba claramente que la sala se había quedado pequeña ante la expectación levantada por la nueva visita del quinteto a la capital de España.
Al final, el camarada Javi de Almería y servidor conseguimos situarnos en el centro justo del local y optamos por quedarnos ahí, ya que más hacia delante no cabía ni un alfiler y el calor era realmente agobiante. Mientras aguardábamos el plato fuerte, me entretuve fijándome en el panorama faunístico circundante, el cual estaba compuesto en su mayoría por gente sin adscripciones estéticas a ningún movimiento, aunque por aquí y por allá también se vislumbraban algunas melenas y camisetas heavies y unos pocos góticos, pero el grueso del público asistente tenía el mismo aspecto que el que puedes ver en la cafetería de la facultad o en la cola del cine. Esto no pasa de dato anecdótico sin importancia, pero también es un claro indicador del cambio musical que ha experimentado The Gathering a lo largo de los años, lo cual sin duda se ha visto reflejado también en sus seguidores.
En estas disquisiciones andábamos cuando dieron las 10 en punto de la noche, momento en el cual el telón se abrió (y esto no es licencia poética sino pura realidad) y, sin ningún tipo de aspavientos ni introducciones rimbombantes que valgan, los cinco miembros de la banda hacen su aparición sobre el escenario aún a oscuras y toman posiciones con sus respectivos instrumentos.
El momento que llevaba esperando varios años por fin había llegado y ahí estaban ellos para dar paso a casi una hora y cuarenta y cinco minutos de ensueño inolvidable, de paisajes y ambientes caleidoscópicos con mil matices evocadores y sugerentes, todo bajo el común denominador de una embriagadora música hecha con un sentimiento y una calidad realmente conmovedores y emocionantes… Y que conste que no me había comido ningún tripi antes del concierto, porque con The Gathering no hacen falta esas sustancias para transportarte a otro mundo, simplemente basta con abrir los ojos y las orejas y dejar que entre por ellos ese torrente de sentimientos que sólo ellos saben crear.
Así pues, los verdaderos magos de Oss (este es el nombre de la ciudad holandesa que vio nacer al grupo, no confundir con los otros magos) ocuparon sus puestos en escena de forma bien definida, ya que apenas se movieron de su parcela ni intercambiaron posiciones sobre las tablas a lo largo de todo el concierto: el extremo izquierdo fue para el guitarrista René Rutten, y al fondo y también ligeramente escorados a la izquierda los tambores de su hermano mayor Hans, mientras que al lado derecho se situó el rapado bajista Hugo Prinsen Geerligs en primer plano y tras él el teclista Frank Boeijen…. Y en el ojo y centro absoluto del huracán, como no podía ser de otra manera, ese ángel que lleva por nombre Anneke Van Giersbergen, que se presentó ante nuestros ojos como una aparición divina enfundada en un ajustado corpiño rojo, con peinado a lo actriz de los años 40 y con guitarra eléctrica al hombro, dato éste que me sorprendió porque yo no sabía que contribuyera en directo con ese instrumento, si bien sólo lo hizo en dos temas puntuales.
La canción escogida para abrir fue “Golden Grounds” de su nuevo trabajo, lo cual en este caso no fue nada sorprendente para mí, ya que personalmente esperaba que dieran un gran protagonismo a su material más reciente… Y vaya si lo hicieron, puesto que este fue el primer tema de los siete que tocaron de “Souvenirs”, dejándose en el tintero sólo 3 canciones de dicho disco. Tal decisión se me antojó muy arriesgada pero previsible para todo aquel que conozca las inquietudes del grupo, ya que su época más Metal definitivamente pasó a la historia y se aprecia claramente que la banda intenta siempre huir de encasillamientos disco a disco, distanciándose cada vez más del sonido que les vio nacer y crecer en su primeros tiempos y acercándose a las corrientes más vanguardistas dentro de la música contemporánea, porque a nadie escapa que, guste o no, los The Gathering actuales están mucho más cerca del Post Rock y de Mogwai que del Gothic Metal. Tal vez este “Golden Grounds” y su relajado latido semejante al ritmo de un reloj de pared no fuera el tema más adecuado para abrir para mucha gente, pero así dejaron las cartas sobre la mesa desde el primer instante y, si me preguntáis a mí, cualquier cosa que hubieran tocado me habría sabido igualmente a gloria, ya que su nuevo material me gusta tanto como el antiguo.
Sin embargo, desde el punto de vista de sus seguidores más heavies, tras la de arena a continuación vendría la de cal, porque la siguiente canción fue nada menos que “Nighttime Birds”. Y así, sin anestesia, cayó a las primeras de cambio una de las coplas más emblemáticas de la historia del grupo, en este caso en su vertiente más metálica y donde la banda demostró que siguen sabiendo interpretar esas viejas composiciones con la potencia y la fuerza intactas. El contraste entre los temas más cañeros y los más suaves fue algo antológico durante el desarrollo del concierto porque, si bien los momentos metálicos fueron escasos, cuando sonaron se producía una especie de catarsis y un clímax sónico que te penetraba en las entrañas como un puñal y te impactaba mucho más que si la tralla hubiera sido una constante durante toda la actuación. Esa sensación de dolor agudo seguida inmediatamente por otra de bienestar y relajación es algo impagable y uno de los puntos fuertes de este conjunto.
La siguiente vuelta de tuerca del show fue la ejecución encadenada de nada menos que tres temas de “Souvenirs”: “Even The Spirits Are Afraid”(probablemente de los mejores del álbum), “These Good People” y “Broken Glass”, que a su vez son los tres primeros de dicho CD pero en distinto orden, lo cual nos devolvió a ese estado hipnótico en el que nos sumergen las melodías vocales más recientes de Anneke, la cual hizo gala durante todo el concierto de un estado de forma pletórico, con su voz en unas condiciones envidiables, entonando y afinado cada nota a la perfección y sin el más ligero renuncio. Realmente impresiona el dominio tan absoluto que tiene de su garganta y la calidad de sus interpretaciones, a lo que une una eterna sonrisa en su cara que se ve natural y nada forzada. Por cierto, cabe destacar que la vocalista apenas se dirigió al público con palabras entre tema y tema, sólo balbuceó un par de “thank you”, un aislado “you´re beautiful” al final del concierto y un fogoso “que viva España” al más puro estilo del ruiseñor de El Ejido. Por lo demás, ni una sola charla ni frase que no estuviera dentro de la letra de sus canciones, pero ¿Para qué? Su música ya habla por sí sola mucho mejor que cualquier discursito que pudiera hacer.
Acto seguido y tras este amplio recorrido por su disco más reciente, vuelta al pasado y arremeten con dos arrolladores retazos de “Mandylion”: “Leaves” y “Eléanor”, esta última posiblemente la canción favorita de muchos de sus seguidores, que respondieron con júbilo a la soberbia e intensísima rendición del tema. No hay palabras para describirlo.
A continuación llegó la que para mí fue la sorpresa más grata de la noche, “Saturnine”, esa bellísima balada (si es que se puede llamar así) de su álbum “If_Then_Else”. Para mí personalmente tal vez fue este el momento más estremecedor de su concierto, ya que es uno de esos temas menos conocidos pero que nos hacen sentir cosas especiales y sinceramente no esperaba que la tocaran.
Sobre la actuación del resto de miembros del conjunto, hay que reseñar que todos desempeñaron su papel a la perfección y ofrecieron lo mejor de sí mismos, siendo el bajista Hugo quien más movilidad desplegó en escena, mientras que en el otro extremo de las tablas René ofrecía el contrapunto escénico (y capilar) utilizando en ocasiones como complemento de su guitarra un curioso aparato cuyo nombre desconozco pero que creaba unos efectos de sonido sobrenaturales y espaciales cada vez que acercaba el hacha a dicho artefacto. Por su parte, Frank Boeijen alternó dos tipos de teclados según las exigencias de cada canción, uno de apariencia normal y otro pequeñito similar a un piano que cuando lo utilizaba se situaba sentado casi a ras de suelo e incluso resultaba difícil verlo desde mi posición. Por último, el componente más veterano de la familia, Hans Rutten, fue también el encargado de marcar y dirigir impecablemente el ritmo de la nave detrás de sus tambores, una aportación que es totalmente crucial en el sonido de The Gathering, ya que la batería tiene en esta banda muchísima más importancia de lo que puede parecer a simple vista.
Volviendo al desarrollo del concierto, la travesía continuó con otras dos composiciones de “Souvenirs” enlazadas, en este caso “Monsters” y el propio tema-título, el primero de los cuales nos ofreció la vertiente más puramente electrónica del grupo, con ese penetrante y latente sonido de sintetizador combinado con guitarras y piano que hace de esta canción uno de los momentos culminantes de su nuevo álbum. Una pieza realmente buenísima y que para mí ya es un clásico a pesar de su corta existencia.
La recta final de la parte principal de la actuación tuvo como protagonistas el tono nostálgico y encantadoramente triste hasta el dolor físico de “Amity” y la bellísima “Red Is A Slow Color” del incomprendido y nunca bien ponderado “How To Measure A Planet?”, posiblemente mi álbum favorito de The Gathering, y respecto al cual la banda se hizo bastante de rogar, ya que los 2 temas que interpretaron de dicho trabajo cayeron ambos en las postrimerías del show.
Precisamente, tras esta canción se despidieron por primera vez del respetable tras una hora y cuarto de concierto, pero no tardaron en regresar para descargar un primer bis con la curiosa e inesperada elección de dos temas como “You Learn About It”, el último que sonó de su más reciente obra, y “Black Light District”, perteneciente al EP del mismo título que editaron en 2002 como debut con su propia compañía Psychonaut Records.
Tras este par de coplas volvieron a retirarse ya de forma aparentemente definitiva con los saludos de rigor incluidos, pero he aquí la sorpresa que ante la insistencia y la negativa del personal a moverse de su sitio, tras unos minutos de incertidumbre el quinteto hizo de nuevo aparición para obsequiarnos con la estupenda propina de “Great Ocean Road” y su envolvente y grandiosa atmósfera de tonos casi épicos. Sin duda, la canción perfecta para acabar de rendirnos ante el arte y majestad de esta maravillosa banda de los Países Bajos, que por muy bajos que sean son capaces de elevarnos a las alturas más vertiginosas de nuestros sentimientos.
Y tras alcanzar el final de la carretera del gran océano, también terminó el sueño al mismo tiempo que se encendieron las luces de la sala y empezó a sonar la música de ambiente, que cayó como una losa sobre los presentes como cuando te despiertan bruscamente y te devuelven de golpe a la cruda realidad después de estar inmerso en una ilusión que nunca querrías que se desvaneciera.
Así es la perra vida, pero afortunadamente bandas como The Gathering hacen de ella algo más soportable.
SETLIST:
Golden Grounds
Nighttime Birds
Even The Spirits Are Afraid
These Good People
Broken Glass
Leaves
Eléanor
Saturnine
Monsters
Souvenirs
Amity
Red Is A Slow Colour
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You Learn About It
Black Light District
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Great Ocean Road
AGRADECIMIENTOS:
– A mi apoyo logístico en Madrid Starbreaker y a Mr. Trabuco por el buen rato pre-concierto.
– A Javi de Almería por tomar buena nota y pasarme el setlist y por el buen rato post-concierto.
Texto y fotos: Vetterli

