En unos tiempos en los que los grupos tienen que buscarse la vida autoeditándose los discos y arañando recursos de debajo de las piedras para gestionarse un CD, resulta sorprendentemente agradable ver que algunas bandas logran irrumpir con un disco debut grabado en las mejores condiciones. Para su ópera prima, Eldorado ha contado con unas condiciones que ya quisieran para sí muchos grupos consagrados: se trajeron desde Canadá al productor Richard Chycki para la grabación en el Estudio Uno de Madrid, las mezclas las hizo el propio Chycki en los Estudios Mixland de Toronto y el disco se masterizó en los Finvox Studios de Helsinki por Mika Jussila. Tal despliegue de medios debería reflejarse en la calidad sonora del CD, y a fe que el resultado es sobresaliente, primer punto a favor del disco, y no es el único. Esta excelencia en la producción está aplicada, sobre todo, al sonido de las guitarras, que es claro, cañero y contundente.
El grupo lo conforman César Sánchez (bajo), Alex Rada (batería) y Nano (guitarra), y curiosamente el puesto de cantante aparece como una colaboración en la persona de Ignacio Vicente Torrecillas, quien pone su voz en todos los temas, además de incluir teclados en la canción que da nombre al disco. También colabora en este trabajo el gran guitarrista Jaume Pla, músico de dilatada experiencia y con quien hemos disfrutado varias veces en su grupo de versiones Los Parpel. Jaume demuestra su buen hacer en 3 temas, incluida una gran versión de “Mistreated”, único tema de factura ajena en el disco.
Eldorado hace Hard Rock potente y poderoso, apoyado tanto en gran sonido conseguido como en el buen hacer de los músicos, que demuestran una soltura encomiable, con una presencia de las guitarras sobre todo lo demás. El disco va ganando en intensidad a medida que pasan los cortes, terminando de forma pletórica con la ya comentada versión del “Mistreated” de Deep Purple y la orgía guitarrera de “Identidad”. Ambos temas cuentan con la intervención de Jaume Pla, quien además de dejar a la vista sus claras influencias, se exhibe junto con Nano para hacer las delicias a todos los que amamos la escuela Blackmore.
La voz rota de Vicente Torrecillas se acopla bien a estos temas guitarreros y potentes. Desconocemos si su permanencia en la banda es definitiva, algo que sería recomendable visto el resultado de este disco. Tampoco hay que dejar pasar la labor contundente de la base rítmica, con César Sánchez y Alex Rada sonando como un bloque, en la línea de los valencianos Uzzhuaïa. Pero, sin duda, la mayor gloria se la lleva Nano, quien impone sus guitarras, liderando los temas, de excelente composición.
Ojalá este ímpetu no quede en agua de borrajas, y que la búsqueda de su Eldorado particular no sea infructuosa. Desde aquí les auguramos un futuro prometedor.
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Shan Tee
