EDÉN “Quattro” (2012)

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eden_quattroEs lógico y habitual que músicos con cercanía geográfica se muevan de grupo en grupo, como quien cambia cromos, entre las bandas con una cierta proximidad. Esta circunstancia produce lo que llamamos “escenas”. Pues bien, la “escena asturiana” gira en torno a los dos grandes grupos que ha dado la región: Avalanch y Warcry.

Edén pertenece a esa misma escena, y su relación con los anteriores es evidente, ya que la banda nació de la mano de dos habituales del metal asturiano: Javier Díaz (guitarra, ex Notredame) y Rafael Yugueros (batería), actualmente en Warcry. “Quattro” es el cuarto disco de Edén, tras “Polvo de diamantes” (2005), “Sombras de un adiós” (2008) y “Caminante del tiempo” (2011), estos dos últimos comentados ya en esta web. Javier Díaz sigue al frente de la banda como único miembro fundador, siendo el puesto de batería para Alberto Ardines, recién llegado para este disco. Otro ejemplo de la endogamia del metal asturiano, pues Ardines perteneció tanto a Avalanch como a Warcry, además de a otro grupo llamado Sauze. El resto de Edén lo componen Óscar Nieto (voz), Cristian Iglesias (guitarra), Vicente Fernández (teclados) y Pelayo Prieto (bajo).

Lamentablemente, el nivel de Edén está al menos un par de escalones por debajo de esas bandas de referencia, Avalanch y Warcry. Los temas carecen de la chispa que sería necesaria para engancharnos, siendo predecibles y faltos de inspiración, situación agravada por ciertos problemas de Óscar Nieto para encontrar el tono adecuado. Tampoco las guitarras tienen un trabajo sobresaliente, muchas veces tapadas por unos teclados muy altos en la mezcla y sin empastar con el resto del grupo. Lo mejor de la banda en este disco es la base rítmica, con buena aportación de Pelayo Prieto y, sobre todo, la batería de Alberto Ardines, reciente incorporación en Edén y que muestra un gran nivel.

Tampoco acompaña el sonido del disco, con una producción mejorable que no ayuda a disfrutar del disco. Cada instrumento por su parte suena bien, pero las mezclas no han sido muy acertadas. Seguramente con menos presencia de teclados y más fuerza en las guitarras la cosa mejoraría, además de darle un vuelco completo a la interpretación vocal.

Sobre los temas, a excepción de “Vuelve a mi” por su condición de balada, el resto suenan algo monótonos y sin grandes atractivos, lastrados por la línea vocal mejorable. Hay detalles, como alguna buena intro (“Ángel negro”) o el contundente trabajo de Ardines a la batería, pero en general los temas pasan sin pena ni gloria. Entre ellos me quedo con “Otra oportunidad” y “El sueño de Ícaro” como las más destacadas entre un disco que no pasará a la historia.

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Shan Tee