El doble giro con tirabuzón y salto mortal está demasiado trillado en lo que se ha dado por llamar “Metal Progresivo” y creo que desgraciadamente hoy en día basta con meter un colchón de teclados y un par de coplas de más de diez minutos para auto-proclamarse campeones del “progresivo”. Pocas bandas de todas esas que pululan por el mundo abanderando el “Metal Progresivo” son capaces de salir airosas de la pirueta sin caer en el más absoluto de los ridículos. Una de ellas, posiblemente la que debido a su calidad haya arrastrado a todas las demás en pos de su éxito, es Dream Theater que vuelve, una vez más, a sorprendernos con otro triple salto mortal.
Octavo, supongo que de ahí el nombre, disco de la banda americana, noveno si contamos el EP (en realidad tan extenso como un larga duración) “A Change Of Seasons”, y nueva vuelta de tuerca a su sonido. Si el anterior, el potente “Train of Thought”, era un estupendo ejercicio de Heavy Metal moderno, aquí siguen tirando de influencias y buen gusto, levantando el pie del acelerador, cambiando el tercio totalmente con un disco más tranquilo. Ahora no es Metallica la fuente de inspiración principal sino que vuelven la mirada a gente como Kansas, una vez más, Pink Floyd y ellos mismos porque, si a algo suena “Octavarium” es a puro Dream Theater.
“The Root Of All Evil” abre el disco siendo la copla más estándar, más predecible y con el sonido “Theater” más evidente. De segundo plato “The Answer Lies Within”, una balada sentida que deja patente que en “Octavarium” los protagonistas serán las teclas de Ruddess y, sobre todo, la garganta de LaBrie, que hace un trabajo de libro a lo largo y ancho del disco, acallando las críticas recibidas tras el “Live At Budokan”. Que nadie dude que si hay una voz perfecta para esta banda sobre la faz de la tierra, esa es la de James LaBrie. Después nos entregan un “These Walls”, un tema que suena a ellos mismos al cien por cien, comedido, sin grandes concesiones de cara a la galería y puede que hasta ramplón pero efectivo y que no desentona ni en el disco ni en la discografía de la banda.
“I Walk Beside You” es la primera de las joyas del disco. Un tema corto y simple que transpira U2 por cada poro y que a buen seguro va a convertirse en un tema clásico. Sería toda una sorpresa sino fuera porque esta banda nos tiene acostumbrados a ello. Y es que temas así son los que hacen grande a un disco, a una banda. Imagino que habrá a quien no le guste pero para mí se ha convertido en uno de mis favoritos del grupo. Sin embargo con “Panic Attack” vuelven a soltarse la melena y nos transportan a los tiempos del “Scenes From A Memory”, quizás sin la magia que desprendía aquel disco pero lo suficientemente bueno para ser un digno acompañante del resto de canciones que componen “Octavarium”.
La última parte del disco es, sencillamente, magistral, de las que sientan cátedra y dejan a toda esa pléyade de fotocopiadores con dos palmos de narices. Cuarenta minutos de puro éxtasis musical divididos en tres temas maravillosos donde el grupo se arriesga con otro triple mortal hacia delante dejando constancia de que su clase y su capacidad para innovar y reinventarse una vez más no tiene límites. El virtuosismo de “Never Enoughs”, el sentimiento de “Sacrificed Sons” y, por encima de todo, el rendido homenaje a Pink Floyd en los cinco primeros minutos, de los 24 que dura en total, del tema que da título al disco. Una canción que podríamos poner a la altura de “Change Of Seasons” sin dudarlo ni un minuto y que por si sólo vale más que discografías enteras de otras bandas. Un ejercicio de inspiración y ejecución sólo a la altura de los más grandes que hay que paladear con gusto y paciencia, hay que degustar bocado a bocado como el manjar exquisito que es.
En mi opinión “Octavarium” es el disco perfecto después de “Train Of Thought”, un disco más pausado, mucho más elaborado y tranquilo y donde la fuerza y el empuje ceden con gusto a la búsqueda de la melodía y al sentimiento. Ansioso estoy ya por saber que será lo próximo, por donde nos sorprenderán. De lo que estoy seguro es que hagan lo que hagan estos cinco tipos será algo grande, yo ya cuento los días.
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Pedro Salinas “Pears”
