
12 años son mucho, mucho tiempo, quizás demasiado. Es lo que hemos tenido que esperar los fans de la banda para verlos a este lado del Atlántico. Después de los primeros rumores, se comentaba la venida de la banda por primera vez a España, exactamente a Barcelona, pero la cosa no cuaja. Así pues, no nos queda más remedio que coger carretera y manta, avión más exactamente, y exprimir el maltrecho bolsillo. Pero la ocasión lo merece. Después de considerar las opciones, me decido por Praga. Al aliciente musical se añade el turístico. No conozco la ciudad y las referencias, satisfechas, son excelentes. Esperando el vuelo oigo comentarios sobre la banda a otros pasajeros. Sonrío. Parece ser que no soy el único atrapado por la magia de los canadienses.

El recinto del evento es un local donde juega el equipo local de hockey sobre hielo. No es muy grande y me evoca recuerdos del desaparecido y entrañable, por la cantidad de conciertos a los que asistimos en él, Pabellón del Madrid. Esto me ratifica en la ocasión perdida por nuestros queridos promotores. Unas 6.000 personas casi llenan el local, exceptuando las gradas laterales superiores, desiertas. Seguramente están vetadas al público. El precio de la entrada me parece relativamente barata, 25 euros al cambio, viendo lo que se estila últimamente en nuestra querida piel de toro. Sigo sonriendo en la puerta del local. Hablan castellano a mi lado. Catalán cuando lucho, literalmente, por comprar una camiseta en el único puesto de merchandising disponible. De nuevo el castellano aparece camino de los servicios. Y nuestros queridos promotores sin enterarse.
Sentado en el lateral izquierdo, observo el montaje. Los chicos son famosos por sus espectaculares shows, especialmente luminotécnicos. Nada aparatosos, pero terriblemente efectivos. Sé a lo que atenerme, tuve el placer de disfrutarlos en su anterior periplo europeo. El gran kit de batería, un circulo percusivo, en el medio. A la izquierda dos enormes racks de amplis del Alex y a la derecha… ¿lo último en tecnología de sonido para bajistas? ¿el mega-amplificador? No, dos secadoras y la típica máquina expendedora de bebidas y chocolatinas… funcionando. Por supuesto, para que la broma sea completa, con sus respectivos micrófonos.
Con unos minutillos de retraso empieza el show con una filmación. Las proyecciones nos acompañarán durante todo el show, siendo parte importante en momentos puntuales. Jerry Stiller, padre del famoso Ben, y para que lo situéis, el padre del gordito en la serie Seinfield, nos da la bienvenida, o eso creo, embutido en una camiseta con el famoso logotipo de la banda y subtitulado en checo. Cortesía para el país anfitrión. Un medley inicia el concierto propiamente dicho. Reconozco extractos instrumentals del “Fiding My Way”, “Anthem”, “Bastille Day”, “Cygnus X-1”, “Passage To Bangkok” y “Hemispheres-Prelude”. Todas de la primera época de la banda, sin salir de los setenta. El primer tema completo es “The Spirit Of Radio” (de “Permanent waves”), le sigue “Force Ten”, ya de la década de los ochenta, y saltan a los noventa con “Animate” (tema que abre “Counterparts”).
La banda luce años y arrugas, pero la experiencia (es la gira del treinta aniversario) es un grado. Más aquí. Tampoco hemos venido a ver una demostración gimnástica o de posturitas. La música es lo primordial y todo lo demás, incluidos músicos, están a su servicio. Alex Lifeson es un excelente guitarrista, sobrio pero efectivo. Geddy Lee es un portento de las cuatro cuerdas. La voz flaquea en algún momento, pero en general, sale airoso. Los teclados lo dejaremos en anecdótico. Y que decir del percusionista Neil Peart, el maestro de toda una generación. Rebajarle a simple batería es menospreciarle. Simplemente, apabullante.
Los tres forman una sólida máquina que avanza sin respiro. Son ahorrativos con las palabras durante todo el show. O más exactamente Geddy, que además de vocalista, ejerce de portavoz. Los momentos de comunicación con el público, incluyendo presentaciones de temas, son contados. Quizá por ello, para los más neófitos puedan parecer fríos. Lo suyo es la comunicación musical, una simple, pura y sencilla máquina de hacer música. El sonido, en líneas generales, es bueno. El bombo de Neil no termina de oírse correctamente durante todo el show. A veces el sonido pierde transparencia y la voz de Geddy se hace ininteligible. La acústica del local, un techo demasiado bajo, no ayuda mucho.
“Subdivisions”, “Earthshine”, “Red Barchetta”, “Roll The Bones”, “Bravado”, “YYZ”, se van sucediendo con sus alusivas proyecciones. Unas veces pequeños cortos, otras simplemente un fondo de colores cuasi psicodélicos. Simpático el esqueleto bailón del “Roll…”. Con “The Trees” la batería gira 180 grados y Neil utiliza la parte electrónica del kit, con lo que el tema pierde fuerza.
El disco “Feedback” es la excusa para ésta gira y presentar “nuevo material”. La banda nos ofrece la versión de The Who “The Seeker” y finalizan con “One Little Victory” de su último disco original, “Vapor trails”. ¿Finalizan? ¿Sólo hora y cuarto? Acaba el tema, Alex y Neil salen corriendo y Geddy nos anuncia un breve parón de 20 minutos. El susto se pasa.
Recuerdo aquella vieja recomendación de cine de sesión continúa, y visito el bar. Vuelvo a sonreír. Mis “compañeros” de barra son catalanes, quizás valencianos.
Nueva película y la banda ataca “Tom Sawyer”, “Dreamline”, “Secret Touch”, “Between The Wheels”, viejos y nuevos temas. “Mystic Rhythms” y “Red Sector A”, de nuevo con la parte electrónica de la batería, y mi apreciación anterior se confirma. El sonido pierde contundencia. No termina de convencerme. Sobre todo el sonido de la caja, escasamente presente.
Llega el solo de batería. A mi parecer sobra, al menos en su primera parte. Neil ya demuestra durante todo el set un extraordinario trabajo percusivo. Si acaso, la segunda parte del solo se hace más amena al desarrollarse sobre un viejo tema de jazz. Le acompañan viejos jazzmen, vía filmación. Al termino, Neil desaparece.
Sillas y acústicas. Geddy y Alex nos obsequian una bonita versión de “Resist” (de “Test for echo”), me gusta más que la original. Empalman la “nueva” “Heart Full Of Soul”, de “Feedback”, dónde a media ejecución el trío vuelve a completarse.
Vuelta al formato eléctrico. Tres partes de “2112” (“Overture”, “Temples Of Syrinx” y “Grand Finale”) enlazan con un fragmento de “La Villa Strangiato” y “By Tor & And The Snow Dog”. En ésta, Alex nos demuestra que lo suyo no son las imitaciones caninas. Hasta Neil, por primera vez en la noche, deja su gesto serio y le ríe la gansada. “Xanadu” y “Working Man” nos llevan al final del concierto y de la gloria.
En la salida para el bis, Alex y Geddy se pasan por las secadoras, sacan la ropa que ha estado dando vueltas durante todo el show. Camisetas del grupo que lanzan a las primeras filas.
Las versiones de “Summertime Blues” y “Crossroads” (ambas de “Feedback”) y la propia “Limelight” (que cerraba la cara A de “Moving pictures”) cierran tres horas y veinticinco minutos de un fantástico sueño. Alex y Neil salen de nuevo corriendo y Geddy se despide por todos. No me gusta éste detalle de falta de educación y respeto, por parte de aquellos, para quienes, en definitiva, pagamos sus facturas.
El público, checo, polaco, germano, y por supuesto, hispano, desfila hacia la salida. Miro absorto hacia el escenario y sonrío. No, no hay nadie alrededor. Camino del exterior miro el puesto de merchandising. La guerra en el puesto de merchandising sigue. Haciendo el agosto en septiembre.
Espero que no tengamos que esperar otros doce años para verlos encima de un escenario. Y si puede ser cerca de casa. Aunque sus últimos discos no me llenen, si lo hace su directo.
Texto: Monraymon
