Hacía bastantes años que Coverdale y los suyos no se daban una vuelta por estas tierras y más de uno había perdido ya la esperanza de poder ver en directo a Whitesnake con algún músico, aparte del cantante, que cobrara algún trienio. Supongo que esa fue la causa por la que vino gente desde cualquier punto de la geografía peninsular, y también lo que originó que me tirara tres cuartos de hora buscando aparcamiento.

La plaza estaba ‘abarrotá’, ya digo. Algún asiento en las esquinas superiores y la zona inhabilitada eran los únicos claros que presentaba el recinto. Sin embargo, y aún cuando el ambiente era inmejorable, un mal rollo en forma de sudor empezó a aparecer en los cuerpos de los presentes: El techo estaba cerrado, y eso, aparte del calor espantoso, era síntoma de que no íbamos a escuchar más que un amasijo de sonidos amorfos como ya es tradición en ese sitio.
De la actuación de SEX MUSEUM no puedo decir mucho porque andábamos buscando un sitio decente y porque el sonido era peor que horroroso. Si acaso destacar su entrega en lo que pude ver de actuación, y una versión del “Whole Lotta Rosie” de AC/DC que quedó resultona. Por lo demás, no les había vuelto a ver desde 1991 y han cambiado bastante (a mejor) desde entonces, pero me parece que no es el grupo idóneo para telonear a Whitesnake.

La espera entre los dos grupos se hizo bastante larga, y a eso de las 23:00 h. hacían su aparición David Coverdale, Reb Beach, Doug Aldrich, Marco Mendoza, Timothy Drury y Tommy Aldridge, marcándose un inicio con “Burn” en el que incrustaron una versión reducida de “Stormbringer” que sonó muy potente, mucha energía, tanta que hacía presagiar que Coverdale iba a tener problemas con su garganta de seguir a ese ritmo. De momento llegaba a todos los agudos, y por otro lado clavaron los solos, lo cual se repitió durante todo el concierto y es algo que algunos agradecimos.
Con “Bad Boys” se confirmó lo que nos temíamos respecto al sonido del local, menos mal que nos sabemos las canciones de memoria. De todas formas, el técnico de sonido (quien debió desesperarse ante semejante batiburrillo) fue capaz de mejorarlo un poco en “Love Ain’t No Stranger”. También se esmeró en meterle efectos a la voz de Coverdale y en asegurarse de que se escucharan los coros de Beach – Mendoza – Aldrich – Drury, para echarle una mano al frontman, quien ya empezaba a dar muestras de lo de siempre…
Mientras andaba yo apuntando alguna cosa en la libreta y resignado a no escuchar al mejor Coverdale (era evidente, pero no me resistía), empezaron a sonar los primeros acordes de “Hit And Run”, un parón y la consabida pregunta “…Are you ready and willing?” con respuesta afirmativa del público que dio paso a uno de los momentos cumbre de la noche, de ejecución perfecta y con un Timothy Drury que bordó la parte final de un “Ready An’ Willing” antológico.
El primer ‘momento mechero’ llegó con “Is This Love”, y si ya clavaban los solos en el resto, en esta lo mejoraron de largo. Coverdale seguía más chillón que de costumbre (los años y el desgaste), la serpiente del telón iba cambiando de color con los focos frontales y unos filtros para la ocasión, y Reb Beach que se salía directamente en “Give Me All Your Love”. Precisamente una de las buenas cualidades de Whitesnake ’04 es la calidad de los músicos que componen el grupo, y la pareja de guitarristas demostraron a lo largo de las casi dos horas de concierto que son de lo mejor que anda por ahí a las seis cuerdas. Dos estilos distintos, un Doug Aldrich más clásico, muy a lo Randy Rhoads (¡¡incluso en el físico, increíble!!), mientras que Reb Beach contrastaba con un estilo mucho más moderno, y en ambos casos extremadamente precisos.
Una de las mejores composiciones del grupo es “Judgement Day”, un tema muy zeppeliniano que quedó francamente bien, aunque Coverdale se seguía saliendo de tono hasta quedarse sin voz. No problem, estaba todo calculado, Doug Aldrich se hizo un solo en su línea, momento en el que aprovechó Coverdale para tomarse un respiro en el backstage. Al guitarrista se le fue uniendo el resto del grupo hasta que terminaron con un blues instrumental y con un Marco Mendoza haciendo las veces de frontman.
“Crying In The Rain” dio paso al solo de batería de Tommy Aldridge, al que hay que echar de comer aparte. Vamos a ver, este tío ronda los 60, no está enclenque pero poco le falta, apenas se le ve entre la docena larga de platos y el resto de piezas del kit, y después de tantos años todavía sigue causando admiración la brutalidad con la que golpea los parches. Es como si estuviera de mala leche y lo pagara con el pobre instrumento. La puñeta fue que el sonido de la batería estaba muy mal ecualizado y sonaba bastante sucia, lo que deslució un poco el momento, además de ser el mismo solo a lo Bonham de siempre, primero con baquetas y luego con las manos. El caso es que la ovación fue bien merecida. Terminaron “Crying in the rain”, ya con Coverdale cambiado de camisa y con el techo de La Cubierta abierto para tranquilidad del técnico de sonido, para regocijo de los oídos de los presentes, y también para dejar de sudar la gota gorda, todo sea dicho.
Tras presentar a los músicos y recibir algún que otro ‘regalo íntimo’ de alguna fan, sonó un “Ain’t No Love In The Heart Of The City” con participación del público que puso los pelos como escarpias, aunque el final a lo Robert Plant se lo podía haber ahorrado si no quería castigarse la voz demasiado y quedar en evidencia. “Don’t Break My Heart Again” la salvó por los coros, pero en “Fool For Your Loving” la cosa no acabó en desastre vocal porque Marco Mendoza le dobló la voz durante todo el tema, lo que le permitió tomarse un respiro y terminar la primera parte del concierto con un gran “Here I Go Again”, segundo ‘momento mechero’ de la noche.
Saludos, descansito de unos minutos y un “Take Me With You” que pone la plaza patas arriba. Fue el tema del lucimiento de los músicos, cada uno tuvo su momento de gloria, con especial mención al solo de Aldrich y al Hammond de Drury. Para finalizar el concierto dejaron “Still Of The Night”, cantada prácticamente entera por el público.
Despedida y cierre, pero antes una sorpresa. Si la sensación que mantuve durante toda la actuación fue que Coverdale estaba dosificándose para poder aguantar, que chillaba en vez de cantar, que ya no hacía tantos malabares con el pie del micro como antes, etc… quiso dejarme en mal lugar y se echó un “Soldiers Of Fortune” a capella, él solo en el escenario con un foco violeta, que al menos hizo desaparecer en parte esa sensación, y que desde el control de sonido enlazaron con la versión en lata del “We Wish You Well” a modo de, ahora sí, despedida y agradecimiento.
Muy buen concierto a pesar del sitio, muchas ganas del grupo y buena respuesta del público, pero es vergonzoso que se cobre la pasta que se cobra ya por un espectáculo de estos. Cuando se sabe que se va a llenar hasta la bandera y que la caja de ese día puede ser histórica es cuando más se les ve el plumero a los promotores.
Texto: Alvar de Flack
Fotos: Bittor Urrutia (concierto de San Sebastián)
