RAMMSTEIN + EXILIA – Miércoles 10 de noviembre de 2004, La Cubierta (Leganés, Madrid)

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Muchas veces se tiende a tomar a Rammstein como una mera anécdota, como un ir y venir más de las modas, pero si este negocio fuera justo se le deberá recordar por muchos años como una de las fuerzas más poderosas sobre un escenario. Aunque viendo como han maltratado a más de uno, es más que posible que ese reconocimiento no llegue nunca.

Pero tampoco hay que preocuparse tanto por la opinión de quien sea. Yo solo puedo dar fe de lo que vi, y lo que presencié al final del concierto de los germanos, miles de almas, todos y cada uno de los presentes en ese bunker llamado la Cubierta, dando uno de los aplausos más sinceros e impresionantes que he visto en la vida no se me olvidará jamás, os lo aseguro.

Varias horas antes del concierto ya rondábamos por Leganés (por cierto, no vi al monstruo por ningún lado, creo que el Ayuntamiento debería hacer algo al respecto, y perdón por el chiste fácil) y mientras aprovechábamos para hacer unas fotos a las célebres calles de AC/DC y Rosendo, ya podíamos notar el ambiente de las grandes citas. Decenas de personas apostadas ya en la entrada preparándose para coger sitio en las primeras filas, freaks de todos los pelajes y colores (bueno, más bien predominaba el negro), reventas desesperados, y todo lo que suele acompañar a este tipo de eventos.

Tras una espera que se hizo eterna, por fin abrieron las puertas, y con una puntualidad asombrosa, salieron a escena EXILIA, arropados por una entusiasta respuesta del público que empezaba a abarrotar el local. Debo reconocer que no les conocía de nada, por lo que no puedo dar ningún detalle sobre su set, pero su Nu-Metal (o como queráis llamarlo) sonó muy contundente y compacto. Su vocalista, una chica de voz muy similar a la de Doro Pesch (evidentemente, con una forma de cantar más adecuada al estilo que practica), es un autentico torbellino, y la verdadera “front-woman” de la banda. Lamentablemente, el sonido no les acompaño (allí había más rebotes que en un partido de la ACB) y debo confesar que el último tramo de su actuación se me hizo lineal y aburrido.

Tras retirarse la banda telonera, los nervios se hacían cada vez más evidentes, y el público empezaba a tomar posiciones. Otra vez con la puntualidad de un reloj suizo, se apagaron las luces y comenzó a sonar una emocionante intro, mientras que los técnicos, vestidos igual que la banda en el libreto de su último disco, echaban un último vistazo al escenario. Ya podíamos ver los detalles de éste, con dos rampas a cada lado de la batería, que también se encontraba elevada, con unos elevadores que permitían bajar y subir de las rampas. Justo debajo de la batería, se abrió una puerta, que es de donde surgieron los seis componentes de la banda que había congregado a tanta gente. Solemnemente ocuparon sus puestos y comenzaron con “Reise, Reise”, que también abre su último disco. Estaba claro que tenían ganada la partida de antemano, a juzgar por las miles de voces que acompañaban a los germanos. Desde donde estaba en ese momento (en el centro, muy cerca de la mesa) el sonido era bastante bueno, aunque una vez desplazados por una de tantas mareas de gente, la cosa ya cambiaba y se empezaban a sufrir los típicos rebotes (aun así, creía que iba a ser peor).

Tras “Reise, Reise” el grupo abandona el escenario y vuelve a él con pasos militares, atacando con “Links 2 3 4”. La cubierta se convierte en una olla a presión, con todo el mundo saltando al ritmo de ese increíble tema. Sin pausa sigue “Keine Lust” y “Feuer Frei!”, dando una soberana lección de como usar la pirotecnia en un concierto, impresionantes las columnas de fuego que surgían durante el estribillo. “Rein Raus” (toda una sorpresa) continuó con la imparable marcha del concierto, que bajó considerablemente de intensidad con la prescindible “Morgenstern”, que lamentablemente no hizo efecto alguno en el público, el cual aprovechó para tomar un poco de aire. Ni me convence mucho en el disco, ni consiguió captar mi atención en directo. Afortunadamente este bajón de intensidad desapareció por completo con “Mein Teil”, disfrutando además del primer espectáculo visual de la noche. Till (por cierto, impecable su voz durante todo el espectáculo), vestido de cocinero, con cuchillo y todo, abrasaba literalmente con un lanzallamas al bueno de Flake (disfrazado de alguna especie de bicho), metido en un gran caldero. Hablando del espectáculo visual, en este sentido el peso del concierto, aparte de Till, lo llevaban Flake, con sus extravagantes bailecitos y su extraño “teclado – taca taca” y Paul Landers (ambos vestidos con trajes de tirolés de cuero), mientras que Riedel, Scheneider y Kruspe se centraban más en la parte musical.

“Steim Um Steim” volvió a relajar excesivamente el ambiente del show, cosa que se arregló con la fenomenal “Los” (muy bien recibida), en la que Flake y Landers bailaban como un muñecos mecánicos mientras Riedel se encargaba de la acústica. Justo tras esta animada pieza, un buen montón de paneles llenos de focos surgieron tras la batería (el montaje de luces resultó abrumador durante todo el concierto, siempre aportando un ambiente acorde con cada tema) y comenzó “Moskau”, que perdió un poco de gracia al no contar con una vocalista que acompañara a Till. Pero a partir de aquí comenzó la histeria colectiva. Till sacó su ya clásico arco repleto de fuegos artificiales, dando paso a “Du Riescht So Gut”, con la cual el público se volvió literalmente loco, recuperando de golpe el ambientazo con el que empezó el espectáculo. Y cuando siguieron “Du Hast” y “Sehnsucht” (con más y más fuego, incluyendo un proyectil disparado por Till que voló del escenario hasta una torre situada al lado de la mesa de sonido) la Cubierta amenazaba con venirse abajo. A este trío de gigantes se unió “Amerika”, en la que Lindemann salió a escena con un sombrero a lo Tío Sam (que se restregó en un sitio que seguro que ya os imagináis), mientras que hacia el final de la canción tres cañones expulsaron miles de papelitos de color azul, blanco y rojo. Tras el nuevo himno de los alemanes, éstos se retiraron, aunque por supuesto todo el mundo sabía que tenían que volver.

La espera se hizo larga, pero mereció la pena. Till apareció ataviado con dos espectaculares lanzallamas, uno en cada brazo, disparando larguísimos chorros de fuego por encima del escenario, dando paso a “Rammstein”, que fue sensiblemente recortada para la ocasión, seguramente para que no se hiciese tan pesada. “Sonne” fue la siguiente, con un espectacular efecto de luces acorde con los “Eins…Zwei…Drei…Vier…” del estribillo. Finalmente, tras un potentísimo “Ich Will”desaparecieron otra vez de nuestra vista.

El segundo bis, fue cuanto menos extraño. Primero atacaron con una tremenda “Ohne Dich”, nuevo single del último disco, excelente en su interpretación, pero que no pega demasiado en los bises, cuando la gente espera algo más movido. Para acabar una inolvidable noche, se despidieron con su celebre versión del tema de Depeche Mode “Stripped”, en la que lamentablemente ningún miembro del grupo hizo el habitual paseo en barca sobre el público, como sé ha ido sucediendo a lo largo de la gira. Al final, una ovación de bandera a los alemanes, que se fueron tras un solemne saludo.

Rammstein respondieron a las expectativas creadas, que eran muchas. Solo se les podría achacar un set list con muchas ausencias (“Engel”, “Asche Zu Asche”, “Herzeleid”, “Mein Hertz Brent”…) y con un orden de las canciones un tanto extraño (sobretodo en los bises). Por lo demás, todo perfecto, un espectáculo visual y musical realmente alucinante. Puede que no te gusten sus discos, pero ver a esta gente en directo debe ser asignatura obligada para cualquier fan del rock. Impresionante.

Texto: Gizmo