Dikers (recuerda que se escribe sin “c”) son el equivalente nuestro a todas esas bandas de punk color pastel azucarado que abarrotan la MTV estos últimos años, llenos de melodías empalagosas y tan suaves y esponjosas como si las hubieran lavado con Mimosín y letras tan profundas como los pantanos de la cuenca del Segura. Muy mal no debe irles con esta línea cuando son una clara apuesta de Locomotive y van ya por su tercer disco de estudio ¿o eran cuatro?
“Las noches que me inventé” es, dentro de lo anteriormente dicho, un disco correcto, con buen sonido, coplas decentes y bien tocado pero que a mí me deja más bien frío e indiferente, serán cosas de la edad. Y es que no sé qué me suena peor, si las ganas de sonar brutos (“De narices”) que por supuesto no consiguen, o los medios tiempos que incluso me recuerdan a los nuevos Hombres G (eso es lo que hay) como la infumable “Ronco invierno” o “Nada a mi alrededor”. Todo me suena tan vacío y tan lejano que quizás es que simplemente no sea lo mío o que me estoy haciendo demasiado viejo.
Claro que todo esto es sólo mi opinión, que por ahí habrá quien le guste este tipo de música más cercana a El Canto del Loco que a cualquier banda de Rock and Roll. Sólo para fanáticos o para los más duros de los Cuarenta Principales.
Pedro Salinas “Pears”
