DIAMOND HEAD “All will be revealed” (2005)

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diamondhead_allwillberevealedDiamond Head, uno de los grupos malditos de la NWOBHM, vuelve a sacar disco. Formados en 1976 en Stourbridge por Sean Harris (voz) y Brian Tatler (guitarra y único superviviente de los originales) junto a los míticos Duncan Scott (batería) y Colin Kimberley (bajo). Autores de discos tan grandes como “Lightning to the nations” (1980) y “Borrowed time” (1982), y desgraciadamente casi únicamente conocidos por ser padres inspiradores de sonidos a los que Metallica dio forma, incluida las versiones de “Am I evil?” y “Helpless” que los de San Francisco hicieron ‘famosas’. Lo mejor de todo es que ya va dejando de ser un acontecimiento que los grupos clásicos publiquen nuevos trabajos, cuestión esta de la que personalmente me alegro por lo que supone de vuelta a la actualidad de bandas que todavía no se han agotado.

La carrera musical de Diamond Head ha sido una de las más irregulares de los grupos que todavía sobreviven de aquella movida. Tras un comienzo esperanzador, a lo largo de los ‘80 fueron diluyéndose, tras una única venida a nuestro país abriendo para los Black Sabbath de Ian Gillan. A primeros de los 90’s, Karl Wilcox (batería) y Eddie Moohan (bajo) entraron en el grupo para echar una mano a Tatler y Harris, manteniendo el nombre y reputación del grupo a trancas y barrancas durante toda la década. Tras la actuación en el Wacken de 2003 y el mutis por el foro de Sean Harris, Adrian Mills (guitarra) entró a cubrir parte del hueco, y la otra parte fue cubierta por el mencionado Nick Tart, cantante que estuvo en grupos como Life o Bohnam y que tiene una voz que, seguro, va a marcar la personalidad del grupo en el futuro.

Reconozco que la primera vez que me puse este disco tuve que asegurarme de no estar escuchando a Tesla por el timbre de voz de Tart (calcado en ocasiones al de Jeff Keith con algún ramalazo de la de Brian Howe de Bad Company) y porque no queda mucho del sonido primitivo de los discos clásicos. Sin embargo suena a rock and roll ochentero, puro y genuino. Con una producción, en lo musical, poco efectista y que raya lo básico: dos guitarras, bajo, batería y voz… y punto. No es la mejor del mundo pero no está mal, cada cosa en su sitio y el conjunto suena compacto. Le daremos la enhorabuena a Tatler.

En cuanto a los temas, son bastante lineales. Hacen del disco algo bastante poco variado aunque no por ello aburrido, no confundir. “Mine all mine” es la que más puede recordar a los Diamond Head más antiguos, “Nightmare”, “Drinking again” y “Broken pieces” podrían haber formado parte del “Mechanical resonance” de Tesla sin ningún problema, pura energía. “Muddy Waters” (obviamente dedicada al susodicho) es la más templada, con más melodía, de ritmo menos salvaje y donde el gusto del cantante por los Bad Company post-Rodgers se hace más evidente. El resto del disco es una demostración de cómo se puede hacer rock and roll con un cerro de años encima.

Buen regreso, pero no esperéis ningún revival del grupo.

Alvar de Flack