DAVID COVERDALE “Into the Light” (2000)

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davidcoverdale_intothelightDavid Coverdale ha editado éste, su nuevo disco, bajo su propio nombre, al igual que hizo antes de comenzar su carrera en la serpiente blanca con “Northwinds” y “Whitesnake”. Mientras sus antiguos compañeros de Company of Snakes se dedican a vivir del pasado (y faltos de espíritu, todo sea dicho, porque sin Coverdale sencillamente no hay revival que valga), Dave se atreve a publicar nuevo material sin temor del “que dirán de mi” en la época en que vivimos. Si bien la propuesta que nos hace no es ni mucho menos novedosa, sí es desafiante en los tiempos que corren. Y es que un álbum de rock adulto de este histórico no puede ser comprendido por muchos excepto por nostálgicos de la etapa “Ready an´willing” de la banda, devotos del estilo o curiosos que buscan lo que el mercado no es capaz de ofrecer actualmente. “Into the light” no saciará a éstos pero tiene sus momentos de inspiración de los que Coverdale saca el máximo provecho gracias a su voz, que mantiene intacta como si los años no pasasen por él.

Siguiendo la tónica de “Restless heart”, ha suavizado su hard rock para mostrarnos su faceta elegante y madura, regresando de alguna forma a los sonidos de los primeros álbumes de Whitesnake. Aunque baje el nivel de su anterior trabajo, tiene destellos de lucidez como ocurre en “River song”, una soberana lección de buenas maneras que deja literalmente por los suelos a mis apreciados Hellacopters o Buckcherry, y “Don´t lie to me”, la única canción en la que imprime fuerza a las guitarras. Ha vuelto a grabar “Too many tears” sin razón de peso para hacerlo porque, a pesar de que siga sonando bien, no añade valor, más bien al contrario, a la versión de “Restless heart”. “Love is blind”, el primer single extraído de “Into the light”, es un tema acústico que recuerda a “Don´t fade away” sin alcanzar la garra de esta última en ningún momento. “She give me” y “Livin´on love” tienen el aire zeppeliano del fabuloso “Coverdale & Page” pero sin Jimmy por ningún lado para redondear los temas. Quizá es ahí donde falla el disco: pudiendo haber sido la magnífica segunda entrega de la sociedad que formaba con Page, se nota cierto vacío compositivo que éste pudiera haber paliado con creces. Esperemos que David Coverdale tome buena nota de ello porque sabe que puede hacerlo infinitamente mejor. Voz y talento le sobran.

J. A. Puerta