Cuando escuché por primera vez el nombre The Darkness y que venían arrasando desde la Gran Bretaña con su kilo de influencias rockeras (AC/DC, Queen, Boston, Led Zeppelin, Thin Lizzy y no sé cuántas más) no sabía si saltar de alborozo o llamar directamente a los bomberos, porque hay que ver las ganas que tienen por ahí arriba de colarnos su enésimo hijo predilecto.
Una vez que me eché al oído “Permission To Land”, y como era de esperar, constaté que ni era para tanto la cosa ni que esas influencias fueran tan incisivas (yo lo dejaría en unos Buckcherry con la finura de Him), aunque evidentemente posos de todas esas grandes bandas tiene que haber (por algo son los padres).
Lo primero que llama la atención, qué duda cabe, la voz del escandaloso de Justin Hawkins, una especie de híbrido entre Freddie Mercury, Valo de Him o el King Diamond más histriónico, con unas subidas (en falsete, claro) y bajadas de tono que a las primeras escuchas producen un inevitable “¿pero qué carajo…?” (o lo amas o lo odias… o simplemente te acostumbras).
Pero salvando esos pequeños detalles y la excelente campaña de marketing a la que están sometidos, es innegable que detrás está una auténtica banda de rock. Singles poperos de cara a la galería los hay, está claro, tales como “Growing On Me”, “I Believe In A Thing Called Love” o la dulce “Love Is Only A Feeling” (de mis favoritas), pero también cortes rock’n’rolleros por un tubo como el que abre, “Black Shuck” (ese riff a lo Angus les delata), el grandilocuente “Get Your Hands Off My Woman” (con el mítico riff del “You Really Got Me” de los Kinks entrometiéndose por ahí) o “Givin’ Up”, nuevamente rezumando AC/DC por los cuatro costados e incluso guiñando el ojo a los ‘Lizzy de Lynott en la parte central del tema (esas melodías guitarreras de Dan Hawkins a la irlandesa, benditas sean).
Afortunadamente acometen la empresa con el sentido del humor necesario para no caer en el ridículo, tal y como lo prueban cortes como el cachondo “Stuck In A Rut” (esas risas a lo King) o el curioso “Love On The Rocks With No Ice”, así como la portada con la bella señorita en cueros dando paso a la aeronave (claro guiño al debut de Boston) o el coca-colero logo del grupo con el rabillo del diablo.
Como de costumbre esto es un debut (bastante estudiado, por cierto) y tienen todavía muchísimas cosas que demostrar, pero al menos la base musical es lo suficientemente gruesa como para que no se derrumbe el invento. Ya la quisieran otros.
David Fernández “Bubba”
