MAGO DE OZ – Sábado 2 de septiembre de 2006, Campo de fútbol de Segurilla (Toledo)

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No sé ni cómo empezar esta reseña… El caso es que jamás se me hubiera ocurrido acercarme a un concierto de Mago de Oz si no hubiera sido porque una amiga (y vieja conocida de esta web) se empeñó y lo consiguió.

Pensaba que el llenazo iba a ser histórico, pero estuvimos bastante holgados. Yo calculo que poco más de mil personas para un recinto que podría albergar cuatro o cinco veces más. Aún así parece que al grupo no le importó demasiado a la hora de darlo todo en el escenario, otra cosa sería después cuando contaran la pasta de la taquilla, supongo.

De entrada el montaje es espectacular. Personalmente, desde los buenos tiempos de Obús no había vuelto a ver nada parecido en un grupo español. (Nota.- Sí, ya sé que los propios Mago llevaban macro-escenografía en anteriores giras, pero yo no lo vi… ni ganas). En este caso era una catedral gótica, con sus vidrieras, sus gárgolas y tal, además de una buena ambientación de luces y el efecto “bruma” del hielo seco. Todo muy logrado, y muy de agradecer el esfuerzo del grupo en este sentido. Ya me gustaría a mí verlo más a menudo, eso sería síntoma de buena salud musical y económica.

Con media hora de retraso salieron once personas al escenario, todas vestidas de negro, repartidas en tres guitarras, bajo, batería, teclas, voz, violín, flautas varias, y dos coristas que eran Patricia Tapia (cantante de Nexx) y Tony Menguiano, ex-cantante de los magníficos Golden Farm, quienes, además de hacer coros, tuvieron sus momentos de solista a lo largo del concierto, dejando patente la calidad de sus voces.

El sonido no fue muy bueno. La batería había momentos en los que desaparecía, el bajo quedaba difuminado entre una maraña amorfa de guitarras que fueron definiéndose a lo largo del concierto, y las teclas sólo destacaban en momentos puntuales. Demasiado comprimido todo, aunque el público estaba más atento a los efectos pirotécnicos y a canturrear los estribillos que a la calidad de la música que salía por el P.A.

Mientras, el grupo evolucionaba en el escenario con bastante soltura, alternándose en los micros y en las voces, moviéndose acompasadamente y formando todo tipo de coreografía y posturitas que, con el overbooking de escena, más de uno pensamos que besarían el suelo. Como dato curioso también, me llamó mucho la atención que, de entre las mil personas que estábamos por allí, solamente vi camisetas de Mago de Oz y apenas de otros grupos, vamos, prácticamente ninguna a excepción de mí que iba dando el cante con una camiseta blanca de Saxon (¡a quién se le ocurre…!) y alguien con otra de Blind Guardian (mucho más previsible). Reflexionaremos sobre el asunto.

Siento no poder dar muchos detalles del repertorio porque apenas conozco las canciones, aunque desde esa noche mi hija mayor me da la brasa a diario con el “Gaia”, y todo porque la llevé y le gustaron (¡horror!). Sí recuerdo que José presentó algunas como “Satania”“Hasta que el cuerpo aguante”“Fiesta pagana” o “Molinos de viento”, además de otras de sus discos “Gaia” y “Gaia II”, y aquí pido disculpas de nuevo porque tampoco me llevé libretilla y bolígrafo. Supongo que el set-list sería el habitual en estos casos y que el lector, fijo que más puesto que yo en estas cuestiones, seguro que conoce sin haber estado allí. No hicieron ninguna versión como acostumbraban hace unos años, al menos las otras dos veces que les vi hace ya diez años largos, y solamente hubo un solo durante el concierto, el de Jorge Salán, quien demostró que a su edad es toda una realidad en el dominio de las seis cuerdas.

Si tengo que destacar cosas, además del montaje, la guitarra de Jorge Salán, las voces de los coros y la entrega del grupo ya comentados, habría que resaltar la ausencia de Txus, o lo que es lo mismo, la presencia de Joaquín Arellano “El Niño” quien dota al sonido del grupo de mayor empaque y solidez que el titular del instrumento.

Sin embargo, y pese a las ganas que puedan ponerle, les sigue fallando lo más importante: la música. Las canciones suenan infantiles y repetitivas. Algunas me siguen pareciendo canciones de misa, y otras se quedan en un intento de acercamiento a algo parecido al rock celta, pero que a mi parecer de celta tienen bastante poco.

En resumen, son un buen grupo en directo, con un montaje megalómano pero majete, que esa noche ofrecieron un concierto aceptablemente bueno y que hizo las delicias de la mayoría del respetable. A mí, que no me gustan un carajo, al menos no se me hizo tan pesado como yo presumía antes de entrar, lo cual es un punto a favor.

No quiero despedir esta conexión sin antes darle un achuchón virtual y mis gracias públicas y sinceras a la stage manager, que fue lo mejor de la noche, y sin cuya colaboración no hubiera sido posible esta birria de reseña (Te debo una). A pesar de todo, fue una buena forma de pasar un sábado por la noche.

Texto: Alvar de Flack