Puedo recordar con bastante claridad, la calurosa tarde de mayo en la que mi amigo David me mostró, orgulloso, su fotocopia de la entrada para éste concierto. Estuvo una semana tocándome las narices con esa papeleta, hasta que yo, harto, acabé por comprarla también (y de paso me aseguraba el acompañante).
Si bien es cierto que comprar una entrada en el caluroso mayo cuando el concierto es en el helado noviembre puede resultar excesivo, pude dormir bien todas las noches desde el día en que me la compré. Perdón, no todas las noches. Porque las del día 28 y 29, servidor estaba nervioso: yo, haciendo uso de uno de mis lemas (“no hagas hoy lo que puedas hacer mañana”), había descuidado por completo el tema del transporte, la hora, los compañeros, el dinero, etc… Complicaciones que se solucionaron con un poco de paciencia y ganas de ver heavy metal en directo.
Entré en el recinto a las 20:10 aproximadamente, y después de ojear algunas camisetas y el estadio, nos pusimos en un buen sitio para poder ver la actuación.
TRIVIUM
Trivium empezaron enseguida: sonido genial, buenos solos, cuero ajustado, leónidas melenas y la voz de un cantante que parecía no haber bebido ningún líquido en dos semanas.
Con una mínima estenografía (suelo negro y llano, y detrás una enorme tela con un símbolo oriental) pero unos buenos temas (unos siete, sobre todo de su último trabajo, que veréis aquí reseñado en breve) lograron sorprender a todo el Palau St.Jordi, cuyo público todavía estaba entrando en el recinto, tomando asiento y comprando cerveza (sólo hacia falta dar un vistazo a tu alrededor para corroborar mis palabras).

A las nueve y pico, empezaron a cambiar el escenario, mientras iban sonando algunas cancioncillas (Rainbow, Metallica y un coreado “Doctor, Doctor” de UFO), hasta que se apagaron las luces, vimos como unos tíos entraban en el escenario y cómo el público se volvía completamente loco, dejándonos claro que la cháchara se había acabado y que era tiempo para Iron Maiden.
Las desgarradoras guitarras de “Different World” hicieron iluminar el escenario, girar los focos a toda velocidad y anunciar Heavy Metal, además de enloquecer al público, que saltaba y gritaba rezumando pasión por ver a una banda legendaria.
El sonido fue muy bueno durante toda la noche, con las guitarras del trío sobresaliendo sobre el bajo de Harris (nunca visto). La batería de Nicko escaseaba en volumen pero sin duda servía para guiar a las eléctricas y completar la base rítmica. La voz de Bruce se oía perfectamente y estaba en un buen estado.
Cuando estás flipando (sí señores, porque yo estaba flipando al ver a los Maiden) es cuando quizás te das cuenta de su verdadera grandeza: un show atrevido, un público rendido a sus pies, unos teloneros de primera, pero, sobre todo, una puesta en escena de chapeau: y es que si bien Dave, Janick y Adrian se movian andando y con la parsimonia característica de unos cuarentones, la máquina de Nicko no paraba ni para respirar de golpear los tambores y platos de su batería, recreándose en su música y haciéndonos disfrutar de su forma de tocar. Pero si hablamos de recrearse, qué mejor que hablar de Bruce. Éste hombre estuvo toda la noche dando botes, corriendo de un lugar para otro, haciendo poses, subiendo y bajando, izquierda y derecha, delante y detrás, en el aire y en el suelo, gritando y animando al público, mientras hacia gala de su voz y simpatía. Harris, sin llegar a lo de Bruce, se movía sobre todo por la zona del frente, poniendo caras y tocando en perfecta armonía con el resto del grupo.
Sobre el escenario, cabe destacar que tenía dos pisos, el de abajo donde tocaban todos, y el de arriba con la batería (con su respectivo Nicko) y un decorado que se basaba en unas telas y una pantalla gigante que iba cambiando de imagen según el tema: fotos de Eddie, retratos de la segunda guerra mundial, portadas de discos y singles, etc… Bruce subía ocasionalmente para destacar y correr libremente.
Bueno, sigamos con los temas: el repertorio es bien conocido por todos, y después de que el público (es decir, 18.000 asistentes, todos con una voz angelical y dulce con la que pude disfrutar cuando coreaban(os) los estribillos) cantara la primera canción de su último álbum, prosiguieron con la siguiente.
Se ve que la gente venía con el disco aprendido de casa, porque todos cantábamos los estribillos (aunque algún fan contaba los temas que faltaban para los bises mientras que otros pedían a grito un “Number of the Beast”).
El sonido no empeoró en toda la noche, y ni el cansancio del grupo ni el calor ni la ausencia de cerveza (cuán dura es la vida) permitieron que la actuación decayera, y mucho menos la voz de Bruce o la guitarra de Murray.
Aunque tocaron todo el CD entero, había temas más celebrados por el público; destacan “Different World”, “These Colours Don’t Run”, “Out Of The Shadows” y “Benjamin Breeg”, que sonaron, simplemente, perfectos, ante un público que parecía ayudar a Bruce a cantar los temas.
Aun así, y como os podéis imaginar, el plato fuerte vinieron con los bises, y esque escuchar los primeros compases de “Fear Of The Dark” puso patas arriba todo el estadio, que enloqueció (otra vez más) y emuló a Bruce (yo a Murray, que me gusta hacer air guitar). Siguieron, sin ninguna pausa, la genial “Iron Maiden”, con un Harris contento que se puso a hacer la “metralleta” con su bajo y un público entregado al ciento uno por cien.
Después de una breve pausa, el riff inicial de “2 Minutes To Midnight”, hizo sangrar de placer nuestros oídos y nos sumergimos en el paraíso. Creo que fue en esa canción (y perdonadme pues seguramente me equivoco), salió un Eddie gigantesco metido dentro de un tanque, girando y observándonos con sus prismáticos. El público, pasmado, no pudo más que rendirse ante estos señores.
“The Evil That Men Do” hizo encender todos los móviles y mecheros del estadio (qué horterada por Dios) mientras disfrutábamos del penúltimo tema de tan magno concierto.
Finalmente, y despidiéndose prometiéndonos que volverian este año tocando temas de sus primeros álbumes, pusieron la guinda en el pastel con un delicioso “Hallowed Be Thy Name” que no pudo sino redondear la noche.
Algunos podrán quejarse del atrevido setlist, pero estoy convencido de que Maiden triunfaron esa noche y que cualquiera de los asistentes (yo incluído), repetirá encantado en el próximo concierto. ¡Y por muchos años!
SETLIST
- Different World
- These Colours Don’t Run
- Brighter Than A Thousand Suns
- The Pilgrim
- The Longest Day
- Out Of the Shadows
- The Reincarnation Of Benjamin Breeg
- For The Greater Good Of God
- Lord Of Light
- The Legacy
- Fear Of The Dark
- Iron Maiden
- 2 Minutes To Midnight
- The Evil That Men Do
- Hallowed Be Thy Name
Texto: Mr. Bison
