Dos años después de su última venida a nuestro país, los suecos Europe volvían a tocar entre nosotros, presentando su último disco “Secret Society”. El alto precio de las entradas (36 € más gastos anticipadas, 40 € en taquilla), unido al inconveniente que siempre supone tener un concierto un día de diario y el relativo poco tiempo trascurrido desde su última visita nos hacía temer por un posible pinchazo de público. Afortunadamente, nos equivocamos, La Riviera prácticamente se llenó, lo que da una idea del tirón del grupo entre el público español.

A pesar de que estaba anunciada la presencia de Mr. Rock como grupo invitado, escasamente con dos días de antelación dicha actuación fue cancelada. Un escueto comunicado a los medios anunciando “problemas logísticos” fue la única explicación de la ausencia del grupo madrileño. A nuestros oídos ha llegado algo más concreto, pero al no tener confirmación oficial no vamos a dar salida a algo que podría ser un bulo. El caso es que tampoco hubo sustituto, y la velada se saldaría con la actuación única del grupo sueco, así que amenizamos la espera con buenas conversaciones entre los amigos que nos dimos cita para ver el concierto (gracias especialmente a Dioforever por sus clases de inglés).
20 minutos después de las 10 de la noche, las luces se apagaron y la banda entró en escena. El escenario, bastante austero, sólo tenía como adorno una gran E como fondo. El grupo también está muy lejos del colorido de su época ochentera, ataviados de riguroso negro, y con los rizos, cardados y permanentes pasados a mejor vida.
No tardaron en arrancar con “Love Is Not The Enemy”, y la primera sensación fue bastante mala: la guitarra de John Norum apenas se distinguía y Joey Tempest, totalmente frío, las pasaba canutas para poder llevar a buen fin la parte vocal de la canción. Afortunadamente, esta situación sólo se mantuvo en este primer tema. Para el segundo tema de la noche, “Always The Pretender”, la garganta de Joey Tempest se calentó por completo y nos demostró lo gran cantante que es, y además el técnico de la mesa encontró el botón de volumen para el canal de John Norum, y consiguió que disfrutáramos de un sonido más que notable para el resto del concierto. Tal y como hace en alguno de los últimos video-clips, Joey utiliza un megáfono para las partes que en estudio tienen efectos de voz.
El primer salto atrás en el tiempo lo tuvimos con “Superstitious”, con una gran aceptación por parte del público. Pudiera ser que ese fuera el motivo por el que me dio la impresión de que Joey Tempest disfruta más con las canciones antiguas que las nuevas, mientras que el resto de la banda… parece que no disfruta con ninguna. ¡Vaya panda de sosos! Parecía que la cosa no iba con ellos, y aunque no se le puede poner ningún reproche al nivel musical exhibido, se echó en falta algo de alegría, una sonrisita de vez en cuando… pero en vez de eso nos mostraron una buena dosis del frío carácter escandinavo, excepción hecha de Joey Tempest, quien sí estuvo moviéndose y animando durante todo el concierto.
Lleno de orgullo, Tempest nos avisó de que iban a retroceder muy en el tiempo, hasta su primer disco, del cual iban a rescatar una vieja canción llamada “Seven Doors Hotel”, que sonó como un cañón, tanto por la interpretación del grupo como por los coros que salían desde el público.
Tras terminar el tema, y en un detalle muy cariñoso, Joey Tempest se acerca a la primera fila y le pregunta a una chica su nombre. Elisa, responde ella, a lo que Tempest le contesta muy educado Welcome to the show. Hale, Elisa ya tiene algo de lo que presumir ante sus amigas.
Tras este pequeño respiro, la banda vuelve a la actualidad con “Let The Children Play”, buen tema que no cuenta, evidentemente, con los coros infantiles del disco. John Norum y John Leven siguen impasibles, con cara de aburridos, pero sus dedos bordan cada canción. En especial John Norum, quien sostiene el peso musical de la banda con aguerridos riffs e intervenciones solistas cada vez más brillantes, tal es el caso de “Getaway Plan”, con un solo inconmensurable.
Cada músico tuvo su momento de especial lucimiento. Un breve solo de bajo de John Leven (tan aburrido como todos los solos de bajo) dio paso a “Flames” y uno de teclados de Mic Micaeli abrió “Sign Of The Times”, que sonó realmente bien, con un Joey Tempest pletórico sin dejar de bailar.
Y en estas estábamos cuando llegó uno de los momentos más temidos por mi parte. Y es que hay algunas canciones, sobre todo baladas, que de tanto oírlas y con lo machacadas que estuvieron en su día por todos los medios, han causado en mi un sentimiento de cierto rechazo. Es el caso de “Still loving you” de Scorpions, “Is this love” de Whitesnake… o “Carrie” de Europe. Afortunadamente, fueron lo suficientemente hábiles para convertir ese rechazo en algo muy positivo: Joey Tempest se quedó sólo en el escenario con una guitarra acústica, y levemente apoyado por los teclados de Micaeli. Comenzó a cantar la canción, dando pie al público para que le acompañara… ¡y vaya si lo hizo! La intención de Joey Tempest era dejar al público el estribillo, pero pronto se dio cuenta de que el protagonismo no era suyo y, alejándose del micro, dejó a la audiencia cantar todo el tema. Precioso.
Tras este momento entrañable, el concierto continuó por los derroteros hard-rock que tuvo en todo momento. Las nuevas composiciones ayudan también a ello, y “Brave And Beautiful Soul” fue la elegida para retomar el ritmo del concierto, seguida de una pletórica “Wings Of Tomorrow”, tema que dio nombre a su segundo disco, como se encargó de recordarnos el propio Tempest.
Tras él, nos presentó de forma especial a John Norum, líder musical (que no mediático) de la banda, que se quedó sólo en el escenario para demostrarnos sus habilidades. Y su solo tuvo de todo: rapidez, destreza con el slide, feeling… En un par de momentos, el propio Norum sacó un mechero para hacer que el público le imitara y crear un clima propio para deleitarnos con un blues, al estilo Gary Moore. La gente ya no va con mecheros a los conciertos, más que los fumadores, y eso de encender los móviles no termina de convencerme… pero el blues quedó de lujo, demostrando lo gran guitarrista que es.
La banda volvió a arropar al guitarrista y “Girl From Lebanon” y “Start From the Dark” recondujeron el concierto hacia su recta final. Una alegre “Yesterday’s News” sirvió para que Joey Tempest nos animara a bailar, y un largo solo de teclas de Mic Micaeli le compensó de su ostracismo en la mayoría de los temas nuevos. Hacia la mitad del tema, Joey Tempest, megáfono en mano, retó a John Norum en un estudiado pique en el que el guitarrista imitaba las voces del cantante. Un buen rato de bacile, aunque la idea está algo sobada ya.
Para termina, uno de los grandes hits del grupo: “Rock The Night”, con una explosión de júbilo por parte del grupo, que sigue valorando sobre los demás los temas de “The Final Countdown”. El caso es que, con todo el mundo eufórico y dando botes, el grupo aprovechó para despedirse momentáneamente en loor de multitudes.
Pasaron unos pocos minutos de impaciencia, todos sabíamos que iban a volver y todos sabíamos qué canción faltaba por escuchar. Lo que no sabíamos es cual o cuales la iban a acompañar. La primera fue una sorpresa: “Got To Have Faith”, del “Start From the Dark”, y la segunda ya no lo fue tanto: Un tradicional juego de eco con el público a cargo de Joey Tempest dejó paso a un micro-solo de batería que terminó en la introducción de “Cherokee”, totalmente aclamada por el público, para terminar, ahora sí, con “The Final Countdown” que, como era previsible, provocó la locura colectiva entre todos los presentes, y poniendo fin definitivo a hora y tres cuartos de Hard Rock de alta escuela.
Texto: Shan Tee
Fotos: Dioforever
