JOURNEY + LENNON – Sábado 24 de marzo de 2007, sala La Riviera (Madrid)

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Hace casi dos años que tocaron Soul Sirkus en Madrid. En aquel concierto, el líder del proyecto, Neal Schon, nos prometió volver a España con su histórica banda Journey. Ya casi habíamos perdido las esperanzas cuando, efectivamente, se hizo público que el mítico grupo americano haría una única fecha en España.

A pesar de que Journey en España no es un grupo tan ampliamente reconocido como en Estados Unidos, su país de origen, su indudable calidad y prestigio no hacían dudar de un aplastante éxito de convocatoria, como se demostró que el aforo de La Riviera (una sala bastante amplia, para el que no la conozca) se agotó con bastante antelación al nada despreciable precio de 42 € (+ gastos).

En los alrededores de la sala se mascaba el ambiente de las grandes ocasiones. Largas colas, presencia de un buen número de músicos y gente venida de todos los puntos de nuestra geografía deseosa de ver los míticos Journey, que traían su formación de gala (Neal Schon, Ross Valory, Jonathan Cain y Deen Castronovo), con la vacante de Steve Perry siendo ocupada por el polifacético Jeff Scott Soto. Su medley de temas de Journey en aquel comentado concierto de Soul Sirkus presagiaba que era uno de los pocos cantantes capaces sustituir con garantías a Steve Perry, la “voz” de Journey en nuestra memoria colectiva.

Desconocíamos la existencia de un telonero que aliviara la espera del grupo principal. El escenario, sin montaje alguno para otro grupo, indicaba que no lo habría. Sin embargo, a las 20:15 se apagaron las luces. Salió una mujer a escena, se parapetó detrás de un pequeño teclado situado en el centro del escenario y comenzó a cantar mientras se acompañaba así misma con el teclado. Más tarde me enteré de que se llama Lennon, aunque su parecido al fallecido miembro de The Beatles acaba ahí. Su set duró media hora y consistió en algunas baladas y algún tema más movido, y demostró tener buena voz. Sin embargo, debido a lo limitado de su propuesta, la verdad es que nos aburrimos bastante, y a pesar de sus intentos, he de decir que lo único que nos mantuvo atentos fue su tremendo escote (impresionante, de verdad). Entre canción y canción nos daba unas buenas charlas en ese inglés yankee tan característico. Tras dar las gracias a Journey por darle la oportunidad de presentarse ante nosotros, nos anunció que este era el último concierto de la gira, y que tras el concierto iba a estar en el puesto de merchandising firmando camisetas, libros y haciéndose fotos con quien quisiera. Después nos preguntó si queríamos que tocara una última canción, y la respuesta del público fue casi unánime: “Noooo”. Su cara era un poema. Me dio algo de lástima, la verdad. El caso es que, aún así, tocó esa última canción, totalmente seria, terminó, se dio la vuelta y desapareció sin decir adiós. Aún así, cumplió su palabra y tras el concierto estuvo haciéndose fotos con la gente que le compraba el disco y que también se acercaba a ver de cerca ese mareante escote.

Desmontar el equipo de la tal Lennon fue muy sencillo, evidentemente. Una vez eliminado el micrófono y el pequeño teclado, todo quedó dispuesto para la actuación del grupo estrella que llevábamos tantos años esperando. Mientras tanto, la música de fondo amenizaba la espera, como es habitual. Y mientras sonaban The Who, los miembros de Journey fueron apareciendo en el escenario, se colgaron los instrumentos, y comenzaron a tocar, mezclándose con el tema de The Who. A modo de bienvenida, Neal Schon nos obsequió con un solo, acompañado del resto del grupo, en el que incluyó, para ganarse al público, una versión bastante personal del Himno Nacional español. Aunque aquí no tenemos el orgullo patrio tan arraigado como en Estados Unidos, la gente le agradeció el detalle. Pronto se les unió un sonriente Jeff Scott Soto para arrancarse con “Rubicon”, entre el estallido de júbilo del público.

Desde el sitio donde yo me encontraba, centrado a medio camino entre el escenario y la mesa de mezclas, el sonido fue perfecto desde el primer momento. La banda estaba pletórica y muy sonriente, agradados por la positiva respuesta del público. Neal Schon pronto nos empezó a dejar boquiabiertos con su técnica y su feeling, aunque fue el más inexpresivo del grupo en todo el concierto, limitándose a sonreír satisfecho. Deen Castronovo es una máquina. Menuda forma de tocar la batería. No había tenido hasta ahora la ocasión de verle en directo, y la verdad es que me dejó impresionado. Jonathan Cain alternaba su posición tras un precioso piano rojo, un par de teclados y en algunos temas se colgaba una guitarra eléctrica. Y Ross Valory… pues además de tocar muy bien el bajo, se mostró como un cachondo mental, no parando de poner caras divertidas y hacer muecas a todo el mundo, desde sus propios compañeros de grupo hasta la gente de las primeras filas.

¿Y Jeff Scott Soto? Pues muy bien. Su larga y variada trayectoria le ha dado las suficientes tablas como para hacerse el amo en escena, toque con quien toque. Muy bien de voz, y manteniendo su propio estilo, se adaptó perfectamente a las exigencias del repertorio de Journey. Además, sus bailes y movimientos en escena le hacen ser el centro de atención en todo momento. Muy metido en el concierto, no dejaba de bailar ni cuando desaparecía tras el escenario, lejos de las miradas del público. Un crack.

Siguieron con “Stone In Love”, con el grupo lanzado y apoyado en la gran respuesta del público. Fue la primera vez que Jonathan Cain se colgó una guitarra eléctrica para apoyar el trabajo de Neal Schon, que se marcó un solo impresionante para finalizar el tema. Sin respiro siguieron con “Ask The Lonely”, y es que la mayoría de los temas estaban enlazados, sin apenas un suspiro entre ellos, acentuando la trepidante actuación que alejaba los temores de alguno de los presentes de estar ante un grupo demasiado “tranquilo”. Nada más lejos de la realidad. Jeff Scott Soto, pletórico de voz, ya había disipado cualquier tipo de duda sobre su idoneidad en el grupo.

Sin un momento de tregua, siguieron atacando con “Wheel In The Sky”, con un final apoteósico con la banda lanzada. Y es que estábamos ante un torbellino musical, yo no me esperaba tanta caña en un grupo en teoría tan suave, aunque ya vendrían momentos más tranquilos. Antes de ello, una muy rockera “Keep On Runnin’” demostró que estos chicos rockean de verdad.

El primer tema que bajó el pistón de velocidad fue “Who’s Crying Now”, cantada por Deen Castronovo, que con un micrófono inalámbrico había estado, como todos sus compañeros, haciendo unos más que aceptables coros. La voz de Castronovo resultó sorprendentemente similar a la de Steve Perry, y de hecho fue el batería quien se encargó de cantar la mayoría de temas lentos del concierto, mientras que Soto permanecía en un segundo plano haciendo coros o desparecía del escenario para volver con otra camisa, algo que hizo en varias ocasiones. Este tema en concreto es un medio tiempo precioso que incluyó un solo inmenso de Neal Schon, y tras él, Soto anunció un tema del “Infinity”, en concreto “Open The Door”, que a pesar de la exhibición vocal del cantante neoyorkino, recibió una acogida algo más fría por parte del público, seguramente debido al mayor desconocimiento del tema en cuestión. Sin embargo, destacaría el impresionante solo de Neal Schon, que junto al resto de la banda fueron subiendo la intensidad del tema hasta llegar al climax sonoro final.

Hubo algunas sorpresas en el set-list, temas que nunca me hubiera esperado escuchar esa noche. Uno de ellos fue “Mystery Mountain”, tema que cerraba el disco debut de la banda, hace ya la friolera de 32 años, ya que el disco data de 1975. Este fue el único tema cantado por Jonathan Cain, que demostró tener poca voz para liderar la parte vocal de un tema que, por otra parte, sonó muy setentero (como no podía ser de otra forma), demostrando el cambio estilístico del grupo desde sus inicios hasta su época gloriosa.

Tras estos dos temas semi-desconocidos de la carrera de Journey, los primeros acordes de “Edge Of The Blade” provocaron una explosión del público que sorprendió hasta a los integrantes del grupo, algo que continuó con una preciosa “Remember Me”, en la que Jonathan Cain empuñó una guitarra acústica y el grupo al completo se lució sobremanera.

El concierto siguió con “Chain Reaction”. Debo reconocer que, siendo un tema que en estudio no me gusta nada y me aburre bastante, en directo le dieron una nueva dimensión, y acabé bailándolo como el resto de mis compañeros de empujones.

En este punto del show, Journey hizo un impass, regalándonos varias baladas que, salvo a los más amantes de la caña entre los asistentes, hizo las delicias del resto de los presentes. Empezaron con la preciosa “Send Her My Love”, que sonó muy romántica y emotiva. Tras ella, Jeff Scott Soto nos hizo callar por completo para pedirnos que cantemos con él el siguiente tema, esforzándose en hacerse entender en un limitado castellano. Sólo hizo falta empezar la canción para que el primer verso fuera cantado de forma tan unánime por el público que Soto se separó sorprendido del micrófono y nos dejó cantar la histórica “Lights” prácticamente a nosotros solos. Desde luego fue uno de los momentos de la noche. La preciosa balada fue enlazada con “Still They Ride”, cantada por Deen Castronovo, y que contuvo un precioso solo de piano por parte de Jonathan Cain. Y cuando estábamos todos ya medio derretidos, nos terminaron de enamorar con una de sus mejores baladas: “Open Arms”, cantada de nuevo por Castronovo. Si cerrabas los ojos parecía estar escuchando la voz de Steve Perry, tal es el parecido en el timbre de voz de ambos músicos, y con el que dieron por terminado este pasaje baladístico del concierto.

“Alter The Fall” supuso una vuelta a la caña, seguido de “La Raza Del Sol”, tema medio salsero más indicado para la discografía de Santana que para Journey, en el que la banda fusiona estilos, con un poco de jazz, algo de música caribeña… con Neal Schon improvisando a la guitarra y Jeff Scott Soto pasándoselo en grande con movimientos de cadera a lo Ricky Martin. Esto dejó a más de uno algo descolocado, y se hizo algo raro. El tema se alargó en la parte instrumental, y tras el turno de Schon, fue Jonathan Cain quien se hizo el protagonista con un buen solo con el Hammond. Mientras tanto, Soto se encaramó a la parte trasera de la batería, cogió dos baquetas y estuvo llevando el ritmo junto a un marchoso Deen Castronovo. A mi me pareció un momento grandioso, aunque hubo división de opiniones a mi alrededor.

Al término, anunciaron “La Do Da”, en el tras unos momentos con la banda al completo, pronto dejaron el protagonismo al simpático Ross Valory, quien hizo un marchoso solo de bajo en el que demostró su buen hacer, con el acompañamiento a la batería de Deen Castronovo. A los pocos minutos, Valory dio por terminado el solo, quedando Castronovo para dar una verdadera exhibición de poderío a los tambores. Este hombre no tiene nada que envidiar a los grandes baterías de Rock con más prestigio como instrumentistas.

Tras el no demasiado largo solo de batería, la banda al completo volvió a escena, y empezaron a tocar un blues, con Jonathan Cain tocando la armónica. Jeff Scott Soto presentó con efusividad a Neal Schon, quien durante todo el concierto dio un verdadero clinic de guitarra, demostrando que para ser un extraordinario guitarrista no hace falta tocar todas las notas posibles por segundo, sino que hay que poner el arte al servicio de la canción. A todo el grupo se les veía muy compenetrados, gastándose bromas constantemente entre ellos, y ese buen rollo siempre se contagia al público. Especialmente contento se veía a Jeff Scott Soto, al que siempre se le ha notado muy a gusto en nuestro país. Mientras se tocaba el blues, Soto se empeñó con el típico juego de eco con el público, que no por manido deja de ser efectivo, sobre todo cuando el concierto es un éxito como el actual. Como era de prever, el blues desembocó en “Lovin’ Touchin’ Squeezin’”, con el público absolutamente volcado.

Y es que, si el concierto estaba siendo un éxito total, nos habían reservado los platos fuertes para el final. Una cañera “Escape” dejó todo a punto para uno de los momentos de la noche: Deen Castronovo volvía a asumir la voz principal para cantar la mítica “Faithfully” que nos puso a todos la carne de gallina. De estas veces que el feeling se palpa en el ambiente, un momento para recordar durante años.

Y de aquí al final… la locura. Los platos fuertes, uno tras otros, sin solución de continuidad: Los primeros acordes del piano que anunciaban “Don’t Stop Believin’” dispararon la euforia tanto en el público como en el propio grupo. Soto cambió levemente la letra en la segunda estrofa, cambiando lo de “born and raised in South Detroit” por “born and raised in Madrid, España” en el enésimo gesto hacia nosotros. Mientras tanto, todos saltábamos y cantábamos ya como posesos. Inenarrable. Apenas terminada la canción, Soto preguntó “¿una más?” y antes de que pudiéramos contestar ya estábamos cantando “Any Way You Want It”, con el que se despidieron por primera vez.

Normalmente ya esperamos los bies en todos los conciertos, por lo que tampoco se exigen con demasiado ímpetu, pero esta noche estábamos impacientes por que salieran a darnos nuestra propina. Y efectivamente, a los pocos minutos, una inequívoca aunque casi inaudible intro a los teclados nos anunciaba “Separate Ways”. Cuando Soto salió a escena, lo hizo con una camiseta de la Selección Española de Fútbol (que en esos momentos estaba haciendo el ridículo contra Dinamarca en el Bernabéu), con lo que se ganó una gran ovación del público. A mitad de la canción, en su último gesto hacia nosotros, sacó una gran bandera española que estuvo ondeando y se puso a modo de capa hasta el final. El momento fue apoteósico, y estoy seguro de que el concierto fue tan especial para ellos como lo fue para nosotros.

Al final todos satisfechos. Dos horas y cuarto del mejor Rock, con un grupo mítico con una calidad asombrosa, y unas ganas de agradar encomiable. ¿Alguien da más?

Queremos dar las gracias de forma especial a Domingo J. Casas, una leyenda viva de nuestro Rock, quien nos ofreció sus fotos para acompañar esta reseña

Texto: Shan Tee

Fotos: (c)Domingo J. Casas