ROGER WATERS – Sábado 21 de abril de 2007, Palau Sant Jordi (Barcelona)

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Cuando por el mes de diciembre vi que Roger Waters tenía gira y que ésta se acercaba a España, a Barcelona concretamente, el corazón empezó a mandar en la mente: ¡Hay que verlo!, pero cuando comprobé que era un sábado y en la gira tocaría íntegramente el “Dark Side of the Moon”, el corazón y la mente saltaron al unísono: ¡A Barcelona! Pillé la entrada por el sistema de los cajeros, que, aunque mira que son feas con pantalones, el sistema es bastante práctico: 40€ del ala, pero al instante la tenía. Y ahora a esperar. 

Y pasó el tiempo, a su paso, pero pasó, y llegó el día del concierto, en que desde Albacete, con una pareja de amigos, peregrinamos a la ciudad Condal, para allí unirme a otros más desde Almería. Visita turística de rigor al centro (en tres ocasiones anteriores no había visto nada de nada, así que ya olía…), y por la tarde, metro a la Plaza de Espanya, donde ya había una buena cantidad de seguidores del Floyd-ExFloyd-Vuelvo otra vez. Al llegar a las puertas del Palau, hay un tenderete con merchandising oficial: 30€ por una camiseta es una pasada lo diga quien lo diga, y eso que había una moradita con la portada del disco en cuestión difuminada que estaba… ¡uff! Ya dentro, decido pillarme el programa, pero cuando veo que en la contraportada viene el set que van a tocar, lo cierro rápidamente y se lo paso a uno de mi gente que tenía asiento para que me lo guarde. Me gusta saber lo que van a tocar los grupos, pero también me gusta que me sorprendan. Podía intuir la primera parte, y, por supuesto sabía la segunda, pero tener ya claro todo lo que iban a tocar es algo que no quería para mi primer concierto “Floyd”. Nunca pude ver a los originales, ni a los de los 80/90, ni a Gilmour en solitario, así que quería todas las emociones intactas para el concierto. 

Y una primera emoción fue ver el escenario, abierto y con una inmensa botella de whisky Red Label en un lado, un vaso en medio y una radio antigua detrás con una avioncito y una caja de cerillas encima; delante de todo los instrumentos. ¡Qué pasada! La sorpresa vino cuando realmente me di cuenta que todo estaba en una pantalla que simulaba el efecto 3-D. Juro que me creí que todo estaba allí. A las 21.25 una mano enciende la radio y se bebe el whisky del vaso: se suceden canciones antiguas – el “Hound Dog” fue bien recibida mientras que una de Abba fue abucheada por el público, ¡mama mía! (je, je). Poco a poco van subiendo los músicos, mientras que Roger aparece bajo un foco y estalla el pabellón. Saludos de gratitud por toda una carrera dedicada a la MÚSICA. Y comienzan con “In the Flesh”, con su tremenda carga política (como muchas de las letras de sus canciones) y la recreación de un macro-concierto que tanto atormentaba a Waters a finales de los 70, y que ahora parece que se ha acostumbrado a ellos. Qué remedio le queda, si la legión de seguidores que tiene ya llega a las generaciones más jóvenes que él. Los martillos-botas desfilan en la pantalla y el foco de luz se fija en alguno de los allí presentes. 

Tras dar las gracias y la bienvenida comienzan “Mother”, otra del “The Wall”, mientras en la pantalla aparece una desordenada habitación. Fue todo un gusto gritar ‘¡No!’ tras la pregunta “Mother should I trust the government?”, y practicar una completa inmersión en las notas y letras de la canción. Tras un sol negro se nos presenta “Set the controls for the Heart of the Sun”, con fotos de los primeros Floyd y partes del vídeo Arnold Layne, con un buen griterío tras la aparición de Syd en algunas de las fotos, griterío que se convirió casi en rezo con “Shine on You Crazy Diamond”, llenando el pabellón de pompas de jabón ante unas nebulosas y más fotos del Floyd ya desaparecido. Seguro que más de una lágrima se escapó en el discurso del tema. 

Have a Cigar”, con coches, limusinas y estudios de grabación recreando las letras, y “Wish You Were Here” continúan el repaso por el álbum del 75. En esta última aparece de nuevo la radio, ante la que encienden una vela, para después salir muchas más y amapolas, símbolo de los caídos británicos en las guerras. Cualquier elemento que aparece en la pantalla es un detalles a los discos, canciones e historias que éstas cuentan, como “Southampton Dock”, con la foto de la contraportada del “The Final Cut”, unida a “The Fletcher Memorial Home”, con una casa destruida por dentro y con fotos, entre otros, de George Bush, Bin Laden o Saddam Hussein y una pintada que reza “Sometimes democracy must be bathed in blood – Pinochet” (A veces la democracia debe bañarse en sangre). 

El primer tema de su carrera en solitario que interpretan es “Perfect Sense Parts I & II”, completamente tremendo, y mientras el cual un astronauta flotó por el cielo del pabellón. También incluyen en la pantalla la recreación de un juego de fútbol americano en un estadio de Los Angeles, pero que realmente es el lanzamiento de dos misiles contra una plataforma petrolífera. Seguidamente nos cuenta la historia del tema que van a tocar, un viaje a Beirut cuando tenía 17 años y en el que fue acogido por una familia árabe que le dio una hospitalidad que jamás ha olvidado. El tema es “Leaving Beirut” y va acompañado de un cómic que recrea la trama y las letras de la canción aparecen en los bocadillos. Un montaje que puede parecer simple pero que es efectivo al 100% – fue un de los temas que más se comentaban tras el concierto. 

“Sheep del “Animals” nos devuelve el alma a Pink Floyd, con el cerdo lleno de pintadas anti-Bush y su gobierno, volando por el pabellón bajo una lluvia de papelitos verdes y blancos, y con llamaradas en el escenario y la fábrica de la portada en la pantalla. Al finalizarlo nos dice que nos deja durante 15 minutos para volver después e interpretar “Dark Side of the Moon” al completo. ¡Ya lo sabíamos pero gracias por recordarlo, hombre! 

Durante esos 15 minutos, una pequeña luna llena va aumentando de tamaño, con un sonido de pájaros y agua. Y vuelven y se oye el latido del corazón, que nos abre los oídos a una de las obras maestras de la música del siglo XX. “Speak to Me/Breathe”, con un satélite que cruza la pantalla marcan el comienzo de unas notas que están grabadas en la memoria de los allí presentes, con “On the Run”, y la lluvia de estrellas; los relojes de “Time”; la luna llena de nuevo en el “Breathe” (Reprise); el canto desgarrado de PP Arnold en “The Great Gig in the Sky”; el sonido del dinero cayendo en “Money”; la gente de negocios y sus inexpresivas caras en “Us & Them”; la aparición del prisma en el techo del pabellón en “Any Colour You Like”, que se convierte en la portada del disco en “Brain Damage”, junto con una lluvia en imágenes de cerebros que salen de la pastilla SOMA; y “Eclipse” y su arco iris rodeando el perímetro del recinto, para que vuelva a pasar el satélite y nos baje de la nube sonora en la que nos encontramos. 

Antes de los bises presenta la banda que le acompaña, y tocan “The Happiest Days of Our Lives/Another Brick in the Wall Part 2”, bajo el júbilo general, y la pantalla mostrando a niños en alambradas, cruces y muros con gente encima y miles de pintadas. Más “The Wall” para el final: “Vera Lynn”, y su foto, “Bring the Boys Back Home” (el tema central del disco según Roger), “Comfortably Numb”, con la imagen de un muchacho perdido en la habitación del principio mientras se fuma un cigarro. Una despedida de lujo, como la que tuvo para el pabellón “¡Muchas gracias, bona nit, sois collonuts, visca Barcelona!” tras la que empezó a sonar de nuevo música antigua en la radio, que ponían fin a dos horas y tres cuartos de paraíso sonoro y visual. Una sensación de haber visto un gran espectáculo de rock único quedó y permanece aún en mi memoria. Si se volviera a repetir algún día… 

Texto: Deuce

Fotos: David