Llevo media vida defendiendo a Bon Jovi frente a los que siempre les han acusado de pastelosos. Siempre me parecieron una banda de rock, por mucho que su cuidada imagen y sus asequibles melodías fueran perfectas para atacar las radios comerciales y los corazoncitos de las quinceañeras. Soy también consciente que después de “New Jersey”, la banda se ha ido decantando paulatinamente hacia terrenos cada vez más fáciles y alejados del Rock, cuya presencia se iba diluyendo, dejándome poco a poco sin argumentos frente a mis amigos más metálicos.
Cuando por los mentideros de Internet me enteré de que su siguiente disco iba a ser un recopilatorio de autoversiones, regrabadas en plan acústico, reconozco que me froté las manos. Las versiones acústicas de “Wanted dead or alive” o “Livin’ on a Prayer” que hicieron para una lejana entrega de premios de la MTV me parecen dos maravillas que tengo guardadas como oro en paño en una vieja cinta VHS. Si el nuevo disco iba por esos derroteros, llegó la hora de reengancharse al grupo.
Más dura ha sido la caída. La primera vez que escuché el disco pensé “¿qué coño es esto?”. Y me dieron ganas de tirarlo por la ventana. En efecto, Bon Jovi ha sacado un disco con algunas de sus mejores canciones, regrabadas en modo… ¿acústico? Más bien lo llamaría “ñoño”, con una suavidad que llega a la exasperación, lejos de la grandeza de estas canciones, algunas de las cuales quedan prácticamente irreconocibles. ¿Cómo se puede destrozar de esta manera clásicos como “Lay your hands on me”, “Bad medicine”, “You give love a bad name”, “Born to be my baby”, “Keep the Faith”… ? No sigo porque me pongo malo.
Jon Bon Jovi no pasa del susurro en todo el disco, y la parte históricamente más rockera del grupo, representada por Richie Sambora y Tico Torres, dudo que hayan estado despiertos del todo durante la grabación del disco, limitándose a acompañar en el sentido más pobre del vocablo.
La única canción que no me parece que esté mal adaptada es “It’s my life”, acompañada al piano, muy tranquila como las demás, pero con mayor acierto en su reconversión. En el extremo opuesto, “Wanted dead or alive”, lejos de ofrecer la versión acústica y deliciosa que el grupo diseñó hace años, se va hacia una versión alternativa con un par de guitarrazos a destiempo que dan alergia.
La discografía de Bon Jovi está llena de grandísimos discos, que seguiré defendiendo siempre. Pero para mi este grupo ha muerto. Ojalá algún día resucite.
Santi Fernández «Shan Tee»
