ATLAS – Viernes 25 de abril de 2008, sala Caracol (Madrid)

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La expectación creada en torno a Atlas, desde el mismo momento de su creación, ha sido bastante alta. Los mentideros de Internet, así como el ambiente generalizado entre los rockeros de este país, hablan y no paran sobre la calidad de este grupo, apoyado en el pedigrí de sus miembros y con el detalle de los trozos de temas que han ido colgando en su MySpace. La presentación en sociedad del grupo en su medio natural, el directo, se pospuso debido al accidente sufrido por su cantante, Ignacio Prieto, que de hecho aún anda convaleciente de la fractura de fémur con la que se saldó. Todos estos factores me hacían pensar que la sala Caracol, elegida para esta presentación, presentaría una entrada mucho mejor que la obtenida. Con sólo medio aforo cubierto, uno empieza a tomar consciencia, si no lo había hecho ya, de la tan cacareada crisis del Rock en nuestro país, donde no sólo las ventas de discos sino también la asistencia a conciertos ha mermado de forma alarmante.

Aún así, la ilusión con la que acudíamos al concierto era máxima, sabiendo que esta era una ocasión histórica. Ver a Atlas en su debut será algo que podremos contar en los próximos años, triunfen o no en el mundo del Rock. Y así lo entendimos los que nos acercamos esta noche de viernes hasta la sala Caracol. Músicos de otros grupos, gente de los medios y fans de a pie no nos queríamos perder la vuelta a la escena de estos músicos de reconocido prestigio que comienzan una nueva aventura con ilusiones renovadas.

Pasaban 20 minutos de las 10 de la noche, hora prevista para el inicio del concierto, cuando se apagaron las luces y la banda salió a tocar con una tromba, con “Unidos” como tema de apertura. Un espectacular grito de Ignacio Prieto, demostrando a las primeras de cambio su potencia vocal, abrió el concierto con este tema, de los más cañeros de su repertorio. El grupo cometió un par de fallos, quizás pasado de ganas y con los nervios propios del debut. Tras un par de temas, el grupo se soltó y empezó a disfrutar plenamente, como lo estábamos haciendo los que estábamos en la sala. El sonido era contundente, aunque penalizado en la voz, que estaba bastante baja y apenas se escuchaba con claridad, algo que tardó varios temas en solventarse.

“Generación sin miedo a vivir” fue el siguiente tema, tan duro como el anterior, y en el que los problemas en el volumen en el micrófono siguieron patentes. El resto del grupo se escuchaba perfectamente, y ello nos permitía disfrutar del alto nivel musical de una gente que no necesita presentaciones. Si a su talento y prestigio le unimos la renovada ilusión con la que han afrontado este nuevo paso en su carrera, el resultado es inmejorable. Así, no es extraño ver a José Martos pletórico en la batería, con una de las mejores actuaciones que le recordamos. Ángel Arias asume un papel mucho más protagonista que en su anterior etapa en Barón Rojo. Sus líneas de bajo son más trabajadas y además se ocupa de la mayor parte de los coros, algo que Atlas cuida mucho.

Ignacio Prieto nos anunció que el disco está terminado, aunque aún falta algo de tiempo para que lo podamos adquirir. A pesar de ello, el grupo fue valiente y basó su concierto en todos los temas que formarán parte de este esperado disco, a pesar de que eran desconocidos para el público (con algunas excepciones, entre las que me encuentro). “Una nueva oportunidad” fue el siguiente tema en caer, con Ignacio colgándose una guitarra para apoyar a Manolo Arias, algo que hizo en bastantes ocasiones durante el concierto. El tema, con coros bien cuidados, sigue la línea de Hard Rock cañero y melódico a la vez que es santo y seña de la banda. A Manolo Arias se le ve feliz en el escenario, marcándose poses y haciendo solos de gran calidad, bien integrados en la estructura de los temas, que han sido alargados en su versión de directo.

Una cañera intro de Manolo Arias a la guitarra sobre el doble bombo (en realidad, bombo único con doble pedal) de José Martos dio paso a “Somos la revolución”, donde afortunadamente se solucionaron los problemas de volumen en el micrófono, lo que nos permitió disfrutar al completo de la potente voz de Ignacio Prieto, el único componente de la banda que era desconocido para una gran parte de la audiencia. Y demostró, sin duda, que es uno de los mejores cantantes de este país. Su poderosa voz, unida a su soltura en escena, le hacen ser el front-man que toda banda desearía tener en sus filas. Además, dio muestras de ser un profesional como la copa de un pino, porque no dejó de moverse y bailar en todo el concierto a pesar de no estar recuperado de su rotura de fémur. Este circunstancia le hacía cojear, casi imperceptiblemente en la primera mitad del concierto y de forma más evidente pasado el ecuador del show, e incluso estuvo a punto de caerse al suelo en varias ocasiones. Aún así, no dejó de sonreír y de moverse en todo el concierto. Chapeau!

“Condenado loco” comenzó con el bajo de Ángel Arias tomando protagonismo. Mucho más suelto que en su etapa baroniana, su papel ahora es más protagonista, cosa que se agradece. El tema en concreto está basado en un complicado riff, un tema difícil de tocar que Atlas lleva a cabo de forma excelente, y en el que Ignacio hace otra demostración de poderío vocal.

“Sin descanso hasta el amanecer” muestra la cara más festiva del repertorio de Atlas. A pesar de que los temas son desconocidos para el público, éstos son acogidos de forma muy positiva. A estas alturas del concierto, hace ya bastante tiempo que los músicos han dejado atrás los nervios del inicio, y llenan el escenario poniéndonos en el compromiso de no saber a quién prestar atención en cada momento. A mitad de tema, Ignacio se cuelga de nuevo una guitarra para dejar más libertad a Manolo. El tema es pegadizo y fresco, y a pesar de ser la primera vez que lo escuchábamos, al final del tema ya estábamos todos coreando el estribillo. El tema termina con un espectacular solo de Manolo Arias, que dio paso a “No necesito a nadie”, un precioso tema con una melodía vocal muy conseguida, que estoy deseando escuchar en el disco. Otro gran solo de Manolo Arias dio término a la canción, antes de que el grupo se tomara un respiro.

El respiro consistió en que Ángel Arias y José Martos abandonaran temporalmente el escenario, y Manolo e Ignacio se colgaran sendas acústicas para tocar una tierna balada que estará incluida en el disco, llamada “Quien no ha sido un perdedor”. Antes de ello, las bromas entre los músicos, y hacia el público, demostraban el buen rollo que hay entre ellos, algo contagioso y que es de agradecer. El tema es enternecedor y romántico, el contrapunto ideal para el resto de los temas, mucho más cañeros. Al término del tema, y ya con el grupo al completo sobre las tablas, comenzó “Demasiado bueno para durar” también muy suave, para luego animarse lo suficiente para demostrarse como un medio tiempo excelente, escrito por Manolo Arias y que me gustó mucho desde la primera vez que lo oí, en una visita al local de ensayo al que me invitaron hace ya algunos meses. Al final, un solo de guitarra doblado por Manolo Arias e Ignacio Prieto dio por terminada esta parte menos cañera de la actuación.

Para recobrar el trepidante ritmo del concierto, “Siempre hasta el final” sonó como un tiro. Un tema apoyado en un gran trabajo de Ángel Arias al bajo, con el que asume un papel protagonista. El tema termina pletórico, con un excelente solo de Manolo Arias sobre el doble bombo de José Martos, en un clímax final apoteósico. Al terminar, el resto del grupo dejó solo a Manolo Arias en el escenario para que nos brindara una exhibición de técnica instrumental. En principio, atacó con un solo cañero y rápido para después, apoyado en un colchón de teclados pregrabados, tocar una suave melodía mientras una luz le alumbraba desde la espalda, en un bonito juego visual. El solo no me gustó especialmente, disfruté mucho más de la aportación de Manolo dentro de los temas, pero sirvió sin duda para dar un poco de respiro a sus compañeros.

Y a fe que esto era necesario, sobre todo para Ignacio Prieto. Desde mi posición pude ver el esfuerzo casi sobrehumano que necesitó para subir la escalerilla que daba acceso al escenario, y sentí en su rostro el dolor que sentía en su pierna dañada. Pero fue pisar las tablas, y se le iluminó la cara de nuevo, en una muestra más de su profesionalidad. Ya con el grupo al completo en el escenario, continuaron el concierto con “Imperio de la ley”, un tema rompedor que sólo con el trozo colgado en su MySpace ha conseguido convertirse en el tema de choque del grupo. Es cuanto menos sorprendente ver cómo cantaba el público el estribillo ¡cuando no se conoce más que una parte de la canción! Atlas es conocedor de la pegada de esta canción, porque es la elegida para, tras alargar su parte instrumental intermedia, utilizarla para el típico juego de eco con el público. El grupo estaba disfrutando con el concierto tanto como nosotros, y eso se veía reflejado en multitud de detalles. Uno de ellos, en el solo de guitarra de Manolo Arias dentro de esta canción, cuando Ignacio Prieto se puso a hacer air guitar imitando los gestos y posturas de su compañero. Este buen rollo entre los componentes de la banda se transmite al público de forma muy positiva.

Un corto pero efectivo solo de batería de José Martos dio paso a “Adicto a la carretera”, un vertiginoso tema que, unido a un no menos dinámico “2040”, encaminaron el concierto a su recta final, con nueva exhibición vocal de Ignacio Prieto y con el grupo desatado, sonando compacto y contundente y demostrando un rodaje impensable para un grupo que a fin de cuentas estaba ante su primer concierto.

Entre vítores, la banda se despidió, agradeciendonos nuestra presencia y lamentando que el disco no esté aún publicado y, por lo tanto, las canciones no son conocidas aún por el público presente.

Unos breves momentos de espera, y la banda volvió al escenario. Una ligera introducción dio paso al primer tema plenamente conocido de la noche. Bastaron los primeros acordes para reconocer “Nada que hablar”, rescatado de la última etapa de Barón Rojo, cantado por Ángel Arias. Sin embargo, en la primera estrofa, el micro de Ángel no suena. Una rápida mirada (asesina) al técnico de sonido, que estaba tan pancho cruzado de brazos, le hace espabilar y mover el botoncito para darle chicha al micrófono de Ángel, y pudimos disfrutar de este gran tema, casi unánimemente reconocido como mejor canción del “Ultimasmentes”. Ángel cumplió su cometido a la voz con solvencia, mientras el resto del grupo se lo pasaba en grande, con Manolo e Ignacio con sendas guitarras y José pletórico a la batería, como en toda la noche.

Tras más de hora y media de espectáculo, el grupo se despedía con el último tema, que Ignacio dedicó a Enrique Castañeda, teclista que les acompañó en Niágara y que estaba presente en la sala. Tras los aplausos (todos le buscamos con la mirada a ver si le veíamos…) el grupo se lanzó a una larga instrumental en el que incluyeron un pasaje protagonista para la guitarra de Arias y otro para el bajo de Ángel, antes de que Ignacio cantara un par de estrofas de ¡oh, sorpresa! “Heaven & Hell” de Black Sabbath, que rápidamente enlazaron con “Walking”, rescatando uno de los temas más conocidos de Niágara, que nos trajo muy buenos recuerdos a quienes vivimos aquella época. Uniendo pasado y presente, enlazaron el final de “Walking” con un poco de “Imperio de la ley”, tema que han cogido acertadamente como bandera de esta nueva aventura.

Y ahí terminó todo. Hora y cuarenta minutos de un concierto impresionante, que colmó las expectativas de los más optimistas y que dejó anonadados a quienes se habían acercado hasta la sala Caracol con más curiosidad que interés, atraídos por el currículum de los miembros del grupo. Los comentarios recogidos entre los espectadores no podían ser más positivos, y únicamente lamentaban los problemas iniciales de sonido y la lástima de no conocer aún los temas que habíamos escuchado.

Los que estuvimos presentes fuimos afortunados. Dentro de un tiempo podremos presumir de haber presenciado el debut oficial de Atlas. ¡Qué grandes!

Texto y fotos: Shan Tee