ASIA – Jueves 22 de mayo de 2008, Sala Macumba (Madrid)

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Era consciente de que iba a ver a la formación original de Asia, la que grabó uno de mis discos de cabecera, la que aúna en un solo bloque retazos de Yes, King Crimson, E.L.P., GTR o los horteras Buggles. No pude verlos en sus buenos tiempos de los primeros ochenta, pero sí cuando se acercaron por aquí en febrero de 2005 con John Payne (bajo y voz), Guthrie Govan (guitarra) y Chris Slade (batería), además del único miembro original que mantenía el nombre del grupo, Geoff Downes (por ahí anda la reseña de aquel momento). En aquella ocasión salí pensando en que había visto una gran actuación, y hoy guardo un inmejorable recuerdo de aquello.

Tras la noticia de la reunión el año pasado de la formación original, después de haber superado los malos rollos entre Howe y Wetton, las expectativas eran enormes, de ahí que lo que esperaba de este concierto era algo mejor que en 2005, no en cuanto a cuestiones técnicas o ejecución, pero sí en cuanto a feeling. Sin embargo al salir me fui con la saca medio vacía, como si hubiera visto una sombra en lugar de la figura original. No sé si es que puse el listón de las expectativas demasiado alto o que hubo algunos detalles que no hicieron de la actuación algo memorable, el caso es que me fui algo decepcionado.

En la entrada de la sala había varios carteles bien visibles solicitando al personal que se abstuviera de fumar, cosa que yo agradecí de antemano, sobre todo viendo que Macumba se iba a llenar hasta la bandera, como así ocurrió. Tras dar una vuelta por el puesto de merchandising nos situamos en lugar estratégico para ver sin problemas las calvas de los presentes (la media de edad era bastante elevada) y las evoluciones del grupo en el escenario, y pasados escasos minutos de la hora fijada para el inicio se apagaron las luces y empezaron a emitirse imágenes relativas al grupo desde la pantalla central que estaba situada sobre la batería.

Por cierto, Carl Palmer sigue con su manía de no colocar su instrumento en pedestal alguno, por lo que se hizo algo más complicado observar con detenimiento cómo aporrea los parches al estar sentado a la misma altura que el resto de músicos. Solamente se pudieron observar detalles en la pantalla, con una realización un poco rudimentaria, pero de vez en cuando efectiva.

Tras la Intro que acompañaba a las imágenes empezó a sonar “Daylight”, para mí el primer error de la noche. Este es un tema que fue extra en la versión casete del “Alpha” (1983), no es de lo más conocido del grupo y desde mi punto de vista tampoco es idóneo para empezar el concierto. Habría que haber intentado sofocar la ansiedad del público con algo más representativo del grupo, a la vez que hubiera caldeado el ambiente mucho más. A mí me dejó frío y un poco desorientado, y me consta que a muchos de los que estábamos allí también.

El sonido era horroroso. Una pelota amorfa de ruidos ininteligibles fue dando paso poco a poco a poder diferenciar los instrumentos, y para cuando empezó “Only Time Will Tell” la batería ya se escuchaba medio decentemente, aunque los platos eran inexistentes. El resto de instrumentos empezaron a definirse y la cosa fue mejorando para cuando llegó “Wildest Dreams”, con todo ya en su sitio, aunque lo áspero del sonido se mantendría hasta el final.

A todo esto, el grupo sin saludar. John Wetton lució cara de palo durante toda la actuación, serio, dando la sensación de estar incómodo y con un cabreo de narices, vete tú a saber por qué. Supongo que por la cuestión del humo (que no fue tanto) a juzgar por las pocas frases que soltó entre canción y canción, que estaban dedicadas a quienes hacían caso omiso de la petición y seguían quemando hojas de tabaco… o de lo que fuera.

Geoff Downes era el que estaba más metido en el concierto, con la sonrisa permanente, moviéndose y con gestos de complicidad con el público. Carl Palmer también mostraba ganas de agradar y un aspecto mucho más joven, sobre todo en comparación con Steve Howe, a quien sigue importándole tres pepinos su imagen y lo que puedan transmitir sus pantalones de tergal y su camisa de rayas estilo usuario del Imserso.

Lo siguiente fue “Never Again”, el primer tema de los que tocaron de “Phoenix”, su último disco, que fue presentado en perfecto castellano por Carl Palmer, quien salió de su batería para intentar paliar la frialdad con la que John Wetton ejercía de frontman. El grupo sonó muy bien en esta canción, pero no en la primera versión de la noche, el clásico de Yes “Roundabout”, que quedó algo deslucida por la evidente falta de ganas de Wetton. Tras esto, el propio Wetton vuelve a recordar que conviene no fumar y se marcan una gran “Time Again”, aunque la guitarra sonó más estridente de lo recomendable, incluso en ocasiones hacía daño.

La edad no perdona, y mientras los otros tres se meten en el backstage, Geoff Downes se marca un solo de teclas interesante aunque algo más soso que de costumbre, y tras su demostración presenta el siguiente solo, el de Steve Howe quien, tras una aburrida demostración de inversiones, tritonos y poliacordes, deja paso a John Wetton quien, guitarra de 12 cuerdas en ristre, remata el momento de bajón hundiendo al respetable en el sopor más absoluto. Menos mal que empalmaron con una enorme demostración de sensibilidad en la versión semiacústica de “The Smile Has Left Your Eyes” que volvió a subir la emoción.

Me gusta la espontaneidad y la improvisación en directo, y por eso me gustan los solos en los conciertos, aunque de espontáneos e improvisados cada vez tengan menos. Sin embargo en esta ocasión me pareció que, aunque necesarios por aquello de tomarse un respiro, no estuvieron a la altura de lo que estos grandes músicos pueden dar de sí. Este fue otro de los errores importantes.

Tras esto, “Open Your Eyes”, la versión de Emerson, Lake & Palmer “Fanfare For The Common Man” y “Without You” situaron el concierto en su punto álgido con la gente disfrutando al máximo y acogiendo muy bien el segundo y último tema que tocaron de su último disco, el magnífico “An Extraordinaire Life”.

Una nueva versión de “Court Of The Crimson King” de King Crimson, dio paso al momento friki de la noche, con Downes metido en el traje pseudo-cibernético que lucía en su época junto a Trevor Horn en los Buggles para que el grupo al completo hiciera una versión del “Video Killed The Radio Star”, con gran acogida a pesar del absurdo solo que se marcó Steve Howe al final del tema, totalmente prescindible y sin sentido.

El final de la primera parte llegó con “The Heat Goes On” en el que Carl Palmer metió su solo de batería, bastante original, y el clásico más clásico de la banda, “Heat Of The Moment”. Para el único bis dejaron “Sole Survivor”, que dejó con ganas de más tras dos horas de irregular concierto.

Wetton sigue tocando el bajo con su peculiar estilo (usa el dedo pulgar de su mano derecha con una caperuza), cantando igual de bien a pesar de los kilos de más, y terminó cabreándose de verdad cuando le tiraron una colilla desde el público. Howe parece un abuelo, vale que tenga 61 tacos, pero podía disimular algo porque aparenta diez o doce más. Carl Palmer sigue igual que siempre, y Geoff Downes está mejor que nunca. El resultado final es que el grupo suena como un tiro, y a pesar de eso y del set-list (todo es mejorable, pero este va sobrado aunque sea algo irregular) la actitud del grupo en escena es lo que falla para un resultado perfecto. Eso y el sonido, que también tuvo parte de culpa de quedar en un bien bajo en lugar de notable alto.

Aún así fue un concierto histórico por lo que decía al principio de la reseña. Todavía pueden ofrecer calidad, maestría, temas nuevos y grandes dosis de recuerdos y emociones colectivas. Sabor agridulce, pero siguen siendo grandes.

Textoy fotos: Alvar de Flack