
Está empezando a ser habitual que grandes grupos clásicos, que en su larga carrera siempre ignoraron a España como parte de sus giras, descubran nuestro país como terreno muy receptivo a sus conciertos, y una vez que se han estrenado por aquí, repitan con asiduidad. Casos como Twisted Sister o Y&T avalan esta teoría. Y a ellos hay que sumarles también a Journey.
Hemos pasado de tener perdidas las esperanzas de verles tocar en nuestro país a disfrutar de su directo dos veces en poco más de un año. En marzo de 2007 tuvimos el placer de verles tocar por estos pagos, en un concierto memorable que fue de lo mejorcito del año. En aquella ocasión, el polifacético cantante Jeff Scott Soto ponía su voz al grupo, algo que únicamente duró aquella gira. Después de la salida (amistosa, según parece) de Soto, el grupo se puso a la búsqueda de un nuevo cantante con el que afrontar esta nueva etapa. Según se dice, fue Neal Schon quien encontró en Youtube a un grupo de versiones llamado The Zoo, y se quedó prendado de su cantante, un filipino llamado Arnel Pineda, y tardó poco en incorporarlo al grupo, a pesar de su escasa experiencia, para grabar un disco (“Revelation”) que acaba de salir a la venta, y poner en marcha esta gira, que el 8 de junio tuvo su única parada en España.

En su anterior visita, Journey agotaron las localidades de este mismo recinto con semanas de antelación. En este caso no fue así, quedando casi medio aforo vacío. Las causas las podríamos encontrar en el elevado precio de la entrada (47 €) para un grupo que repetía visita en 14 meses, en plena temporada de festivales y conciertos (el día anterior estuvieron Kansas en la misma sala) y con la crisis económica azuzándonos en el cogote. Las interminables colas de hace un año se sustituyeron por una entrada cómoda y una ubicación sin agobios dentro de la sala.
Sin teloneros de ningún tipo, y con una puntualidad exacta, a las 9 en punto se apagaron las luces, y con parsimonia los músicos fueron, uno a uno, tomando posición en el escenario, para entrar en calor con la intro “Majestic”. Como no podía ser de otra forma, la mayor ovación se la llevó Neal Schon, aunque las miradas curiosas iban encaminadas a Arnel Pineda, el nuevo miembro de la banda, aclamado por multitud de compatriotas repartidos por el recinto, que le apoyaban incluso con una bandera de Filipinas que Pineda recogió y ondeó desde el escenario en más de una ocasión. “Majestic” fue fundida con “Never Walk Away”, con la que pudimos comprobar en directo aquello que habíamos investigado en los vídeos de la gira que están colgados en Internet: La voz de Arnel Pineda es un calco del timbre de Steve Perry, al que se asemeja de forma asombrosa. Al grupo se le ve en forma, a pesar de que el sonido no terminaba de ser bueno, con poca definición, sobre todo en lo tocante a la voz y a la guitarra. Durante el concierto fue mejorando, sin llegar nunca a ser el sonido nítido que merece un grupo de esta calidad.
“Separate Ways” fue el primero de los grandes clásicos en caer, y el júbilo con el que el público lo recibió así lo demostró. Arnel Pineda tuvo un error en la entrada del tema, comenzando a cantar antes de tiempo. Tuvo que ser Jonathan Cain quien, tras el teclado, le indicara cuando debía empezar la primera estrofa. A partir de ahí, el tema sonó como un cañón, con todo el público coreando el estribillo. Al final del tema, Neal Schon se quedó haciendo un bonito solo, apoyado por los teclados de Jonathan Cain, hasta enlazar con “Stone In Love”. Apenas hubo tiempo entre los temas durante todo el concierto, lo que le dio un dinamismo extraordinario, poco habitual en músicos ya maduros, que suelen utilizar las pausas entre temas para coger fuelle. No fue el caso de Journey, que enlazaba temas sin solución de continuidad.
Durante el concierto presentaron algunos temas nuevos, que forman parte de “Revelation”, su último disco. Este fue el caso de “Change For The Better” que, la verdad, nos dejó un poco fríos, a pesar de los intentos de Arnel Pineda por animarnos a dar palmas en medio del tema. El tema se enlazó con “Ask The Lonely”, en el que Jonathan Cain se lució con un solo final de piano.
“Wheel In The Sky” fue otro de los temas mejor acogidos. Su aire festivo y la disposición del público para disfrutar y dar palmas nos hizo disfrutarlo plenamente. Además, la asombrosa similitud entre la voz de Arnel Pineda y la original de Steve Perry nos hacía transportarnos a la época mítica de la banda. Además, Pineda no tuvo ni un solo desfallecimiento vocal en todo el concierto, y se movía aceptablemente por las tablas pese a su poca experiencia, desafiando al alto calor reinante con una camisa y chaleco que no se quitó en todo el concierto. El final del tema fue pletórico, con un despliegue de energía descomunal entre Neal Schon y Deen Castronovo.
Y es que estos experimentados músicos rayaron a un nivel increíble. La estrella indiscutible es Neal Schon, con esa combinación de técnica y feeling que muy pocos guitarristas pueden alcanzar. Pero el resto del grupo no le va a la zaga. Jonathan Cain, coautor junto a Schon de la mayoría de los temas del grupo, no sólo es un lujo como teclista sino que también apoya con una guitarra rítmica cuando es necesario. Ross Valory es un gran bajista, parte fundamental del buen desarrollo de las canciones. Además es simpatiquísimo, no dejando de hacer muecas a las primeras filas en todo el concierto. Y Deen Castronovo es un huracán, llama la atención cómo un batería puede ser tan contundente en un grupo de Rock melódico. Es un placer verle y escucharle, y además se permite el lujo de, además de hacer coros como el resto del grupo, cantar de forma solista la cañera “Keep On Running” (en la anterior gira fueron varios temas), permitiendo a Arnel Pineda un respiro, que aprovechó para salir del escenario. Este descanso le duró poco, porque enseguida enlazaron con “Edge Of The Blade”, cuyo poderoso riff de guitarra sonó atronador.
Llevaban una hora de concierto, y por primera vez levantaron el pie del acelerador. Presentaron un tema del nuevo disco, llamado “After All These Years”, que resultó ser una tierna balada al más puro estilo Journey. El tema comenzó con la voz de Arnel Pineda sobre el acompañamiento al piano de Jonathan Cain, para ir agregándose el resto de componentes del grupo, destacando un espectacular solo de guitarra de Neal Schon. Con este tema se abrió una fase romántica en la cual sonaron seguidas algunas de las mejores baladas del grupo. “Lights” nos emocionó a todos, que cantamos todo lo que pudimos, terminando con un breve solo de piano que sirvió como puente para otra de las grandes baladas, “Open Arms”. Arnel Pineda logró no desmerecer la interpretación de estos temas, gracias a su parecido vocal con Steve Perry, además de su talento natural para entonar perfectamente cada melodía.
Cuando ya nos estaba subiendo el azúcar de tanta balada seguida, el grupo se lanzó en la instrumental “The Journey (Revelation)”, perteneciente al nuevo disco, que es simplemente un largo solo de guitarra de Neal Schon con el acompañamiento del resto de la banda. Al término, Arnel Pineda volvió a escena en una carrera, con una chaqueta encima de la camisa empapada en sudor, y es que con el calor que hacía en la sala podría haberse dado un respiro y quitarse alguna capa… El tema es que retomó el micro para lanzarse con “Escape” y “Only The Young” mientras recogía y mostraba orgulloso una bandera de Filipinas que recogió de las primeras filas.
Unas notas inconfundibles al piano de Jonathan Cain casi hacen que la sala se viniera abajo. “Faithfully” fue recibida con una ovación y sonó inmensa, con todo el público cantando todo el tema, en especial la parte final de los ohohohoh… Sin duda uno de los momentos más emocionantes de la noche.
No podemos decir lo mismo de “Wildest Dream”, otro de los temas nuevos, cuyo comienzo estuvo algo deslavazado, aunque a mitad del tema ya le cogieron el pulso, ganando mucha fuerza y terminando con un solo pletórico de Neal Schon. De ahí al final, el delirio: “Don´t Stop Believing” y “Anyway You Want It”, dos de los hits más reconocidos del grupo, nos llevaron hasta el final del concierto con todo el público dejándose la garganta en este final espectacular.
La banda se despidió para volver pronto a hacer el obligado bis. Para mi sorpresa, el tema elegido fue “Be Good To Yourself”, tras el que se volvieron a despedir. Yo suponía que volverían a salir, y no tenía ninguna duda del tema que les quedaba en el bolsillo. Y acerté, porque una larga introducción blusera, incluyendo un curioso pasaje de Jonathan Cain con una armónica, dio paso a una versión muy extendida de “Lovin’, Touchin’, Squeezin’”, alargada instrumentalmente con varios solos alternos de los teclados de Jonathan Cain y la guitarra de Neal Schon.
Y así se despidieron, tras una hora y tres cuartos que nos dejaron muy satisfechos. Un comentario generalizado daba mejores sensaciones al concierto que ofrecieron el pasado año, aunque posiblemente esta sensación estuviera condicionada por ser aquella la primera vez que los veíamos sobre un escenario. Sea como fuere, Journey demostraron estar en plena forma, totalmente capaces de recrear las sensaciones de su época gloriosa. Sobre Arnel Pineda, se despejaron todas las dudas sobre su idoneidad al frente de la banda, ya que su voz no desfalleció en un solo momento, y su timbre de voz tan parecido al de Steve Perry le permite adaptarse a los temas clásicos con mucha facilidad.
Una gran noche, con una gran banda.
Texto y fotos: Shan Tee
