Editorial Mayo 2005: “¿El mes de las flores?”

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Nos estamos cargando el planeta. Esto va cada vez peor y hay quien se sigue dopando con noticias vaticanas. Nos invade la alienación generalizada gracias a tomates y salsas rosas, a prensa manipulada y catástrofes en directo. Despilfarro de medios, pan y circo… El Carrusel sigue siendo el amo del ocaso semanal para quien los tiempos de resaca sabática se perdieron entre Ases, Marcas y una de chopitos a la hora del vermú. Nada parece tener importancia, bueno… o sí. El caso es que la dejadez, la apatía, el hastío y el sedentarismo galopante que lo llena todo se han adueñado de la cruda realidad, como si la falta de estaciones no fuera solo cosa del tiempo. No parece siquiera que estemos en primavera. Las flores de finales de los ’60, más necesarias que nunca, se perdieron definitivamente entre montones de papeles, acciones en alza e hipotecas de residencias de lujo, por supuesto, desgravables. Los de siempre -los mismos de siempre- nos manifestamos año tras año. Todos pedimos, unos en la calle -que es de todos- y otros desde la poltrona, el mismo sitio desde el que no se dice cuánto CFC ha liberado la empresa en este ejercicio o a cuantas familias han convertido en chatarra para que cuadren las cuentas. 

Todo esto ocurre mientras van con flores a María y el rockvolucionario de moda observa desde la ventana esperando le llegue la inspiración (incluso durante el transcurso de ella), para luego escribir y justificar ante la masa amorfa de incondicionales voyacomermelmundo, sus ideales de cambio. Suma y sigue, lo mismo de siempre pero con más sequía. Al final se cerrará el ciclo y vuelta a empezar. Volverán las oscuras golondrinas y la borrasca se instalará en el tercio norte peninsular, como siempre. En mayo se quedarán buenas tardes para ir de pesca y en verano nos asaremos de calor, pero tendremos aire acondicionado. Dos para septiembre, la sombrilla a las ocho en primera línea, conductores solidarios con la ventanilla bajada y el chunda chunda a tope. ¡Vaya final!, que apostillaban Barricada.

Seguiremos insistiendo, pero en los momentos de tranquilidad cada vez es más frecuente pensar si Pablobackyard (*) y los/las de su generación han venido para solucionar el problema o para esquivar vicisitudes. El refugio del rock cada vez es menos seguro.

(*) Dedicado a los nuevos papás y su retoño, por valientes.

The Sentinel