Editorial Agosto 2016: “Más papistas que el Papa”

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conciertos2016_ironmaiden_1307gTradicionalmente el mes de agosto toca descansar y relajarse. En pleno período vacacional para los que tenemos un puesto de trabajo más o menos estable, es momento de liberar la mente, ponerse a la sombra y desconectar de todo para recargar las pilas y retomar la actividad con toda la energía recién recargada.

Al inicio de mis vacaciones, aún resuenan en mi cabeza los ecos de los conciertos de Iron Maiden en España. Pero no voy a hablar concretamente del show, ya que para eso está la crónica del concierto de Madrid, ya está publicada en esta misma web, sino de todo lo que le ha rodeado.

A nivel personal, este concierto ha sido la excusa perfecta para reunirme con buenos amigos, algunos venidos de distintas partes de la geografía española, con quien pasamos unos días inolvidables. La música también es motivo de unión entre personas con gustos afines, un vínculo que abre la puerta a una amistad que, en estos casos, va camino de las dos décadas.

También he estado contemplando con estupor los comentarios sobre la gira que han poblado las redes sociales (Facebook, básicamente). Y anonadado compruebo que ahora resulta que se tiene la potestad de exigir a los grupos el set-list que tienen que tocar, se pide una regeneración en el rock para evitar caer en lo de siempre pero, de forma incongruente, molesta si el repertorio no está casi íntegramente basado en los grandes éxitos del pasado. Con un rendimiento espectacular de sus músicos y una puesta en escena impresionante, al nivel de sus mejores años, más de la mitad del concierto de Iron Maiden estuvo basado en canciones del nuevo disco, muestra de la confianza en su creatividad actual. Por supuesto, cada seguidor hubiera cambiado algún tema por otro, todo depende de los gustos particulares de cada uno de los miles de espectadores que acudieron a sus conciertos. Paradójicamente, los grupos que sí basan su repertorio en sus éxitos del pasado son igualmente criticados, achacándoles falta de regeneración.

Mi postura sigue siendo la misma con la que afronté mis primeros conciertos, hace ya 35 años: ir a disfrutar. Tan sencillo y tan difícil a la vez, cuando se tiene el culo pelao de ver conciertos, grandes y pequeños, desde hace más de 3 décadas. Y respetar. Al grupo que se sube al escenario, al espectador que paga su entrada, sea un entendido o un neófito, que todos tienen derecho a acudir y disfrutar de un concierto. A los que esperan algún tema raro que nunca han escuchado en directo y a los que sólo conocen 2 canciones y esperan que las toquen esa noche. Porque todos ellos son los que llenan una sala, un pabellón o un estadio. No creo que estén los tiempos como para hacer un filtro o un examen de ingreso a cada cual que acuda a un concierto.

El rock necesita de todos. De conciertos en salas grandes, pequeñas y medianas. De festivales multitudinarios y de bolos de poca monta. De grupos superventas y otros de culto. De músicos consagrados y de novatos que empiezan. De seguidores habituales y esporádicos, de grandes entendidos y de los que vienen de paso. Incluso de los que buscan más nostalgia que música. Porque entre todos tenemos que conseguir que el rock siga hacia adelante.

Nunca he entendido por qué agentes externos atacan al rock. No hace falta, nos bastamos nosotros solos para enfrentarnos y para echar tierra sobre nuestro tejado. Sólo cuando dejemos de ser más papistas que el Papa podremos pensar en que esto tiene remedio.

Ahí lo dejo. Me voy a bañar. Cuidadme la toalla.

Santi Fernández «Shan Tee»