Como bien decía el colega Sinner por estos foros, cuatro largos años han transcurrido desde que Blind Guardian nos obsequiaran con esa agraciada obra conceptual llamada “Nightfall In Middle-Earth”, de los cuales casi uno en su totalidad lo han dedicado a grabar el producto que comentamos a continuación.
Tras no pocas escuchas puedo decir que encuentro en este “A Night At The Opera” una evolución lógica y esperada (incluso me atrevería a afirmar que es más conservador de lo que imaginaba), en el cual vuelven a dar un giro de tuerca (tanto en estructuras como en sonido), cargando de ampulosidad y grandilocuencia la producción hasta tal punto que en muchas ocasiones no aciertas a distinguir una base rítmica sólida (al menos de guitarra y bajo, porque casualmente con la batería sucede todo lo contrario), aturdiéndote con innumerables melodías entrecruzadas constantemente (en las primeras escuchas te encuentras totalmente perdido) y esperando ese estribillo como punto de referencia y orientación. En cuanto a los coros (algo fundamental y claro distintivo del concepto Blind Guardian) decir que, en mi modesta opinión, llegan a perder efectividad y emotividad por el abuso de los mismos, ya que si antes uno flipaba con su aparición, ahora simplemente no desaparecen, lo cual puede producir incluso sobrecarga o empacho.
La apertura de “Precious Jerusalem” tiene efluvios del arranque de un “Imaginations…” (óiganse los redobles de timbales de Thomas tras la frenada en el estribillo), con un inicio fresco y novedoso y sin intro que valga, a pelo (algo que escasea últimamente, sobre todo en esta clase de bandas). Con “Battlefield” vuelven los Guardian más épicos, un tema muy en onda “Nightfall…” con parada para lucir el “chorus” (como se dice por ahí fuera), aunque me quedo con el previo (“war and anger shall reign”), con ese doble bombo perenne (y es que no cabe duda que “The Omen” está soberbio a lo largo de toda la grabación). “Under The Ice” arranca de forma brutal (¡coño, guitarras!), donde se olvidan un tanto de la ampulosidad y el enrevesamiento (sólo un tanto) y nos deleitan con un tema algo más reconocible, con otro de esos estribillos de escalofrío general. De lo mejor, sin duda.
Y dicen que tras la tormenta viene la calma… Con “Sadly Sings Destiny” la cosa decae un poco, pues si en los otros temas encuentras momentos álgidos en las estrofas centrales, aquí el estribillo resulta facilón y falto de emotividad (al menos para mí, seguro que muchos han flipado con el corte en cuestión), si bien hay cosas interesantes como algunos fraseos de guitarra o la letra misma (de esas existenciales, que se dice). “The Maiden And The Minstrel Knight” es un tema ralentizado y de aires épicos y progresivos, con buenas aunque superables intenciones (el cual incluye coletilla final, cuando crees que ha acabado el corte). Con “Wait For An Answer” seguimos con otro de esos temas que sí, está bien, pero… falta algo (de los que finaliza y dices, ¿eso es todo?). Y ya van tres seguidos. En “Soulforged” ya me replanteo seriamente una cuestión: ¿es este el rumbo que va a seguir Blind Guardian? Y lo digo porque la linealidad de la que adolece la canción dista mucho de aquellos himnos que acuñaron un sello propio en trabajos como “Tales From The Twilight World”, “Somewhere Far Beyond” o “Imaginations From The Other Side”, que supusieron un verdadero impacto y una sonrisa de oreja a oreja en innumerables metaleros de pro por todo el globo.
En “Age Of False Innocence”, por contra, me reanimo y encuentro detalles muy jugosos (¡sonoridades góticas en las guitarras!), amén de ser, de nuevo, otro de esos temas que sí llenan, con sustancia. Y el ánimo se torna en euforia nuevamente con “Punishment Divine”, donde vuelvo a reconocer a esos Blind Guardian que me cautivaron cuando Helloween dejaban de hacerlo (con aquellos camaleones de Dios…). Vaya cañón, ya estoy esperando escuchar eso en directo. Y viene, lo que es para mí, la gema del disco: esa pieza con la que llevamos ya algún tiempo familiarizados llamada “And Then There Was Silence”, de 14 minutos de duración e innumerables arreglos y que curiosamente se me hace más corta que algunos de los cortes citados (hay fragmentos en los que Hansi me llega a conmover realmente con ese timbre tan peculiar que posee), que resume a la perfección lo que puede dar de sí la banda germana en la actualidad.
Como bonus aparece “Mies Del Dolor”, la adaptación al castellano de “Harvest Of Sorrow” (aparecida en el maxi “And Then There Was Silence”) gracias a la colaboración de la Sra. Stauch (españolita ella), donde resulta como mínimo curioso el escuchar a Hansi cantar en la lengua de Cervantes con ese acento tan característico de la patria germana, y que sin duda va a pasar a la galería junto a otros ya clásicos como “The Bard’s Song” o “A Past And Future Secret”.
Y no hay más. Puede que muchos de los que leáis esto discrepéis con un servidor en lo referente al balance global del disco. En ese caso mucho mejor, puesto que significará que vuestras expectativas se han visto satisfechas completamente, las mías sólo en parte. Pero en fin, todo Iron Maiden tiene su “Number Of The Beast”, ¿no? Para mí la bestia seguirá permaneciendo en las fantasías del otro lado…
David Fernández “Bubba”
