STEVE LUKATHER – Domingo 13 de marzo de 2011, sala Heineken (Madrid)

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No es que tuviera un especial interés en hacerme 250 kilómetros para ver a Steve Lukather, un domingo por la noche, después de un fin de semana castigador y coincidiendo con el regreso de los domingueros, pero saqué las ganas de donde no las había y terminé acoplándome en el sitio de siempre de la sala, un lugar en el que, al menos, se ve y se escucha decentemente.

Lleno holgado, en su mayoría de fans de Toto desde hace bastantes años, aunque esta vez para asistir a la presentación del último disco en solitario de Luke, “All’s Well That Ends Well”, publicado en 2010 y que, si no recuerdo mal, es ya su noveno trabajo en solitario.

Acompañaban al guitarrista Steve Weingart a los teclados y coros, un músico virtuoso y polivalente, Eric Valentine, un monstruo del ritmo y las baquetas, y una preciosa chica negra que, además de tocar el bajo con maestría, posee una gran voz, Renée Jones. En conjunto una impresionante banda, como quedó demostrado hacia mitad del concierto cuando Steve Lukather se tomó un respiro y la banda se marcó una demostración instrumental con solos de batería y teclas incluidos que sonó a gloria.

La cosa empezó con “Darkness In My World”, el tema que abre su último trabajo, del que también tocaron “Brodie’s”, “Can’t Look Back”, “Flash In The Pan” y“Tumescent”, todas con muy buena acogida de un público que estuvo siempre entregado y que repercutió en el ánimo general del grupo. Se les veía felices y muy concentrados para hacerlo bien, pero a la vez muy relajados y disfrutando. Se les notaba especialmente cuando estaban en plena improvisación, algo que personalmente agradezco porque hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien viendo a una banda tocar en directo.

Rock, Jazz, Blues, Fusión, Hard… tocaron todos los palos, incluidas algunas versiones que intercalaron entre temas propios, como por ejemplo “Up In The Skies” (muy extensa y dedicada a Gary Moore) y “Tears Of My Own Shame / Little Wing”, ambas de Jimi Hendrix, “68” de Lee Ritenour y una impresionante adaptación de “When My Guitar Gently Weeps” de George Harrison, cantado a medias con Renée Jones que nos puso los pelos de punta a quienes todavía lo teníamos de por allí (ejem).

El sonido general fue bueno, aunque empezó bastante opaco, sin brillo, sobre todo la batería, que luego se fue definiendo. Quizá lo menos bueno de la noche fue comprobar que la voz de Steve Lukather no está en su mejor momento. No es que haya sido nunca un excepcional cantante (aunque lo hace bien) pero se le notaba bastante cascado, con la voz muy justa, apoyándose en los coros y estirando las instrumentales e improvisaciones para que ocupara lo menos posible. En Toto ayudaba a Bobby Kimball y en disco ya se sabe cómo se pueden tapar las carencias, pero en directo parece un poco escasa, cansada, sin fuelle.

Por supuesto hubo también algunas referencias a Toto, concretamente una sentida versión de “Out Of Love” (o eso me pareció, porque estaba bastante modificada por los extensos solos) y la acústica (Lukather y su guitarra, sin banda) “The Road Goes On” que sirvió como segundo bis y cerró el concierto.

De Steve Lukather se han dicho muchas cosas y todas buenas, que es un fantástico guitarrista, que es un compositor como hay pocos… y se podrá estar de acuerdo o no, podrá gustar el estilo o resultar empachoso, pero está claro que es un músico preciso, exacto más bien, limpio tocando, que domina el instrumento, que se recrea en una amplia variedad de estilos, con sonido propio, con un exquisito gusto usando los efectos, especialmente el wha-wha, cuya destreza no ha perdido pero que dosifica perfectamente, que es capaz de pasar de texturas agresivas a otras más suaves y viceversa, que utiliza con maestría los tonos (que no tonalidades) de su instrumento y que mantiene un perfecto equilibrio entre técnica y feeling. Todo esto no para ser el centro absoluto del escenario, como hacen otros guitarristas, sino para contribuir al sonido general del grupo, lo que le engrandece más aún como músico.

El resultado de todo esto es un concierto variado, con temas lentos, instrumentales, agresivos, jazzísticos y mucha improvisación, algo con lo que disfrutan los músicos y el público. Muchas gracias por hacerme pasar una noche tan especial y asistir a uno de los mejores conciertos de Rock de los últimos tiempos. Mereció la pena ir.

Texto y fotos: Alvar de Flack