
El pasado domingo 22 tuvimos la oportunidad de asistir a un evento muy especial. Se celebraba, como es habitual, la Maratón de Madrid, un evento atlético en el que tienen cabida tanto atletas profesionales como miles de aficionados que, unos por batir su propia marca y otros simplemente por el reto de terminar el recorrido, se dan cita en esta carrera que cruza todo Madrid.
En esta ocasión la música y el deporte se iban a unir, ya que se ha incluido a Madrid en las llamadas “Rock ‘n’ Roll Marathon Series”, organizado por una empresa americana. La novedad incluye, además de un concurso de fotografía, un “Concurso de bandas”. Para ello, cada dos kilómetros se había montado un pequeño escenario en el que un grupo estaría tocando mientras se desarrollaba la carrera. En total, 21 grupos iban a amenizar esta mañana de domingo, incluyendo en ello a corredores y los espectadores que se acercaban a verlos. Un jurado motorizado se acercó a todos estos escenarios y elegirá un ganador, que junto a los ganadores de este mismo evento en otras ciudades se darán cita en la Marathon de Las Vegas.

De entre los 21 grupos que estaba programados yo conocía a 3 de ellos: Chulagam, Con Mora y The Val. Sin desmerecer a los demás, mi decisión estaba clara y The Val iba a ser el grupo que me iba a hacer levantarme de la cama tan temprano.
Llegué muy pronto a la Glorieta de San Vicente, donde se iba a celebrar el evento. Apenas eran las 9:10 de la mañana y el grupo se encontraba aún montando el equipo y empezaban a probar sonido. No quise molestar y me fui a dar un paseo, aprovechando el espléndido día que nos ofrecía Madrid ese domingo, y de paso esperar a buenos amigos que me iban a acompañar en esta mañana rockero-deportiva.
El concierto estaba previsto a las 10, más o menos cuando los primeros corredores (los profesionales) empezaran a pasar por ese punto del recorrido, situado en el km. 25 de carrera. Y efectivamente, a las 10:05 algunas motos de policía y tv nos anunciaban esa llegada. El grupo comenzó a tocar, y me sorprendió la buena calidad de sonido conseguida con un equipo pequeño y con tan poco tiempo para probar.
Apenas estaba terminando la primera canción cuando los primeros corredores llegaron a nuestra posición. 8 atletas africanos (7 keniatas y un etíope) a un ritmo endiablado que me dejó impresionado. Tanto es así que el siguiente atleta pasó 15 minutos después, comenzando un goteo que fue aumentando hasta que fue llegando el grueso de la carrera, compuesto por los corredores aficionados.
The Val iban desgranando una a una todas las canciones de su disco “Back”, entre las cuales insertaron la versión de “I Surrender” de Russ Ballard (popularizada después por Rainbow) que ya pudimos escuchar en el último concierto que vimos de The Val.
El concierto era muy especial, y no solo por la hora inédita ni el entorno tan poco habitual para un concierto, sino porque la inmensa mayoría de los corredores y los aficionados que se dieron cita no conocían al grupo. Y les gustó, vaya si les gustó. Era emocionante ver como muchos corredores sonreían y hacían cuernos hacia el escenario, en señal de complicidad y aprobación. Gaby les correspondía mientras cantaba, y la felicidad se palpaba en su rostro. También se acercaron muchas personas del público de la carrera a interesarse por el concierto. Estoy seguro de que muchos de ellos nunca habían visto un concierto de Rock. Ayudados también porque el estilo de The Val es melódico, muy asequible al espectador neófito, las sensaciones que se llevaron estos oyentes ocasionales fueron fantásticas. Nunca se me olvidará la imagen de una señora mayor, casi anciana, que tenía toda la pinta de haber bajado a por el pan y haberse encontrado con todo esto. Se quedó en primera fila durante buena parte del concierto, e incluso se animó a bailar un poquito.
El grupo estaba sonando muy bien. En esta ocasión no contaron con la colaboración de Marisa de la Plaza e Isabel Tostón, que habitualmente aportan la segunda guitarra y los coros, respectivamente, estando el trío que forma el grupo (Gaby de Val, Alfonso Samos, David Erik Dámez) acompañado por la base rítmica formada por Mario Carrión a la batería, Alejandro Morell al bajo.
Los dos pilares sobre los que se sustenta el grupo son, por un lado Alfonso Samos poniendo el espíritu rockero, demostrando de nuevo su calidad a la guitarra. Y por otro lado, Gaby de Val quien con su dulce voz y su presencia en el escenario (y su belleza) encandiló a todos los que se acercaron por allí. David, Mario y Alejandro eran algo menos protagonistas, pero cruciales en el buen sonido que tiene el grupo.
Corredores y aficionados disfrutaron con todo el repertorio. Los temas con un tempo más animado como “Johnny´S Got A Red Car” o “The Devil´s In The Band” marcaban el ritmo a los corredores y las baladas como“Trapped Between The Lines” y “Hold On” daban el punto romántico a esta mañana soleada. Los atletas lo agradecían saludando a la banda constantemente. Otros temas destacados como “Dreaming” o el blues que supone “Back” se ganaron a más de un nuevo seguidor de la banda, a juzgar por las caras de aprobación de quienes se acercaban al pequeño escenario. Y por supuesto, “I Surrender” hizo las delicias de muchos corredores que, ya entrados en años, agradecían este recuerdo a su juventud ahora que apuraban sus fuerzas en el tremendo esfuerzo físico que estaban haciendo.
The Val dieron un concierto completo, de más de hora y media de actuación. Sin embargo, los corredores seguían pasando, así que tras descansar un rato, la banda volvió al escenario para repetir varios de los temas del disco y así animar a los corredores menos en forma y, por lo tanto, que peor lo pasaban. Todo un detalle.
Fue una experiencia preciosa. Fueron muchos los que descubrieron a The Val en esta bonita mañana, y yo comprobé, con una mezcla de satisfacción y tristeza, que aunque parezca que el Rock se muere de inanición, aunque los conciertos estén cada vez más vacíos, el Rock sigue teniendo miles de seguidores. Sólo había que verles, encantados de escuchar Rock aunque sólo fuera mientras corrían en busca de la meta.
Quizás la solución sea esta. Sacar al Rock del agotado círculo interno donde se encuentra, y abrirse de la forma que sea a un público que está por descubrir, o que se bajó de este tren por la circunstancia que fuera. Para mi, y creo que también para el grupo, la experiencia fue inolvidable.
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Texto y fotos: Shan Tee
