Como si estuviéramos en un capítulo de la popular serie de TV “El Ministerio del Tiempo”, la sensación que deja el nuevo disco de Atlas es que nos hemos trasladado, con sólo abrir una puerta, de vuelta a 2010. En ese año se publicó “Contra viento y marea”, el hasta ahora segundo trabajo de la banda madrileña, que tuvo su continuación con la versión en inglés, “Against all odds”. Antes habían publicado su debut (“Atlas” – 2008), con quien habían presentado en sociedad esta nueva banda de músicos sobradamente experimentados.
Este salto en el tiempo nos permite obviar aquella ruptura en la que José Martos e Ignacio Prieto abandonaron el grupo y los intentos de Ángel y Manolo Arias por continuar con el proyecto con la ayuda de músicos como Óscar Pérez, Rafa Suárez o Julio Dávila, antes de dar carpetazo a la andadura de Atlas. También a la deseada reunión, hace ahora un año, con un brillante concierto en la desaparecida sala We Rock.
Y es que estos músicos están condenados a estar juntos. Su trayectoria vital les unió hace décadas (toda la vida en el caso de los hermanos Arias, por razones obvias), y existe una atracción musical y personal a la que no pueden escapar. Si individualmente ya son grandes músicos, cuando se unen son mucho más que la suma de las partes, logrando esa magia que les hace ser tan especiales.
Por ello, este salto en el tiempo, esta puerta del Ministerio cruzada nos convence, sin esfuerzo, que este intervalo no ha existido. Que “Nuevos tiempos, viejas costumbres” es la continuación lógica de “Contra viento y marea”. Que no nos han privado de disfrutar, durante un lustro entero, de la mejor banda de hard rock nacional surgida en mucho tiempo.
El título del disco muestra que para algunos, el cambio no es posible. Ni falta que hace. Educados musicalmente en el hard rock elegante de los ’80, algunos ya somos demasiado viejos para cambiar. Y somos felices así. Este cruce de fuerza, melodía, buen gusto y mucho, mucho talento, nos hace orgullosos de vivir lo que hemos vivido. Y disfrutarlo, como siempre.
Por eso “Nuevos tiempos, viejas costumbres”. Y para remarcar el mensaje, una genial portada del no menos genial Fernando Nanderas nos muestra un robot futurista escuchando música en un viejo walk-man de cassettes, muñequera de tachas, su chupa de cuero y chapas de Atlas y John Lennon. Sin duda, la mejor portada que he visto en mucho tiempo.
Una vez puesto el disco en el reproductor (o el vinilo en el plato, ya que el disco se ofrece en ambos formatos), la nueva entrega de Atlas es más de lo mismo, dicho con el máximo de los respetos. A estas alturas no van a inventar nada nuevo ni explorar nuevos caminos musicales. Para eso están otros grupos, Atlas representa el hard rock clásico, y eso lo hacen como nadie.
Con un sonido pulcro y cristalino, grabado de nuevo en los Rimshot Estudios bajo la producción de Manolo Arias, y masterizado en Finnvox, el templo finlandés de Mika Jussila, el disco no defraudará a los seguidores de Atlas en particular ni del hard rock en general. Sus temas son un compendio de los gustos e influencias de estos experimentados músicos, quienes aportan su talento para dar forma a esta nueva entrega del grupo.
Entre ellos tenemos claras influencias de Rainbow en temas como “Mil y un pedazos” o “Vete al Infierno”, con la inestimable colaboración de Miguel Ángel Collado, sin duda el mejor teclista que ha dado el rock nacional. Otras colaboraciones son las de Carlos Lillo, quien aporta percusión en varios temas, y el Hammond de Pavel Mora en “Culpable”, una preciosa balada blusera que está entre los mejores temas del disco.
En él encontramos temas pegadizos como “Cosa de valientes” o “No se permite prohibir”, con elegancia y buenos coros, amén de “Esperaré”, elegida como single, y el giro hacia el rock sureño de “Gritemos no”.
En todo disco, cada cual tendrá su tema favorito. En mi caso, “Nuevos tiempos, viejas costumbres” contiene tres cortes que se disputan ese honor. Podría quedarme con la emocionante “Llueva o salga el sol”, con su inicio y final suave y romántico y su señorial parte central . También podría ser la imponente “Somos una misma voz”, todo un himno muy bien construido que pone punto final al disco. O, quizás, “Un sueño cumplido”, hard rock elegante y melódico que habla de la sensación de conseguir formar parte de aquel grupo que te emocionaba en la adolescencia. El final, con un guiño evidente a Barón Rojo, despeja las dudas sobre de quién se trata. Una bonita letra de Ignacio Prieto que cuenta la experiencia de Ángel Arias, quien tras ser primero seguidor y luego roadie, entró después como bajista de Barón Rojo durante más de una década.
Estamos de enhorabuena. El rock nacional necesita del talento de Atlas. “Nuevos tiempos, viejas costumbres” es todo un regalo para los que disfrutamos del hard rock más clásico.
Santi Fernández «Shan Tee»
