Los niños son nuestro futuro. Por eso hay que cuidarlos, preocuparnos de que crezcan en el mejor ambiente y llenar su infancia de experiencias porque esa etapa es crucial en la vida de cualquier persona, y todos los acontecimientos que en ella acontecen marcarán su personalidad en el futuro.
Ubicada en el corazón de Vallecas, la Escuela Infantil Zaleo depende de la Comunidad de Madrid. Es una escuela pública líder en innovación, con multitud de proyectos que siempre la han situado en la vanguardia de la educación, no sólo en Madrid, sino en toda España, como así lo atestiguan la multitud de premios que atesora y, sobre todo, la experiencia de los niños que durante generaciones han pasado por allí. Su prestigio es bien conocido, siendo elección preferente para aquellos padres más preocupados por la calidad de la enseñanza pública.
Durante el mes de marzo tienen lugar unas jornadas musicales que se complementa con otras actividades en las que, siguiendo la política de esta Escuela, las familias participan activamente junto a sus hijos. Uno de esos padres es, casualmente, José María Gutiérrez “Casta”, guitarrista conocido en la escena madrileña por formar parte de Peatón Crusoe, además de su participación en grupos como Punto de Mira en el pasado y actualmente en el grupo del Chino.
Todos los astros confluían para lanzarse a la aventura. Padres y personal docente pensaron que sería buena idea montar un pequeño concierto de rock en la Escuela. Una más de las innovadoras ideas en las que Zaleo es pionera.
El mini-concierto se organizó un sábado, debido a la disponibilidad del grupo y a que ese día había una jornada de juegos tradicionales en los que niños y padres disfrutaron con las canicas, las chapas o la carretilla. Debido a la amenaza de lluvia, el concierto se efectuó dentro del edificio de la Escuela, y no en el patio como estaba previsto.
Por supuesto, había que tener los pies en el suelo. Los niños que acuden a esta escuela tienen entre 0 y 6 años, por lo que había que tener mucho cuidado con los decibelios. La banda fue muy pulcra en ese sentido, montando una batería electrónica en la que Juan Manuel Ballesteros “Mozart” podría tocar sin atronar el local. Junto a él, ni el bajo de Miky ni las guitarras de Casta y Jose necesitarían mucho volumen, ni Luis Frutos necesitaría la potencia habitual para que su voz llegara a la infantil audiencia.
Una vez finalizados los juegos en el exterior, niños y padres accedieron a la escuela para disfrutar el pequeño concierto. Todos los niños se sentaron en el suelo, frente al grupo, quedando los padres en la parte de atrás y en el piso superior. Me pidieron que presentara al grupo, así que me puse en frente de aquellos ojos curiosos para intentar integrarles en lo que iban a ver.
Peatón Crusoe desgranó 8 de sus temas habituales, incluyendo un pequeño solo de guitarra de Casta ante los ojos orgullosos de su hija Violeta, quien era la primera vez que veía a su papá ejerciendo de rockero.
Tanta era la preocupación con el volumen que al principio se quedaron cortos. Los dos primeros temas se escucharon demasiado bajitos, aunque se solucionó pronto, quedando a un nivel óptimo. Lo verdaderamente importante fue la reacción de los niños. Algunos bailaban, otros daban palmas, otros simplemente miraban anonadados por lo que estaban contemplando… incluso alguno centraba todo su interés en las lucecitas de colores de los amplificadores.
Según avanzaba el concierto, las familias fueron animándose también. Bailando con los niños y disfrutando de una actividad conjunta que seguro que no olvidarán, sobre todo al sonar “Funiculí Funiculá”, famosa canción napolitana incluida por Richard Strauss en su sinfonía “Aus Italien” y que Peatón Crusoe incluyó en su segundo disco, “Más simple que un botijo”. Para el 99% de los presentes (es decir, salvo para el grupo y para mi), era la única canción que conocían, lo que les animó aún más, permitiendo acabar el mini concierto coreando el estribillo de “Vendaval”.
Sin duda fue una experiencia inolvidable. Para el grupo, que nunca había tocado frente a la inocencia y curiosidad de un público tan infantil. Para los padres, que integrados en la dinámica de las actividades de la Escuela pudieron disfrutar de algo diferente junto a sus hijos. Y, sobre todo, para los niños, que tienen una experiencia más a sumar a todas aquellas que día a día viven en este entorno escolar privilegiado. Seguro que lo recordarán toda su vida.
Texto: Santi Fernández «Shan Tee»
Fotos: Mariano Santamaría (E.I. Zaleo)





