Hace mucho tiempo que Topo tiene inscrito su nombre con letras bien grandes en la historia del Rock español. Una leyenda que afortunadamente sigue viva, sigue editando discos y ofreciendo conciertos, dándonos la oportunidad de vez en cuando de vivir en directo una experiencia que la siguiente generación echará en falta. Muchos de sus temas, himnos que han traspasado décadas, están incluidos en nuestro ADN de una forma que nuestros hijos nunca entenderán. Somos la generación que no sólo disfruta de la música, sino que la vive y la hace suya.
Hace pocos meses, Topo editó su último disco, “El ritmo de la calle”. Es el 7º en estudio de su carrera, a los que habría que sumar dos discos en directo y un acústico grabado con el nombre de “Lele Laina y Jose Luís Jiménez” justo antes de retomar el nombre de Topo tras un parón de varios años.
Por todo esto, cada vez que nos acercamos a un concierto de Topo lo hacemos con la sensación de asistir a algo histórico. Esta vez no fue una excepción, y todos los que acudimos a la céntrica sala Paddock de Madrid buscábamos otro pedacito de historia que degustar.
Sin ningún grupo telonero, a la hora prevista la banda tomó posiciones en el escenario. No voy a contar el currículum de José Luis Jiménez, Lele Laína y Luis Cruz porque es de Primero de Rockero, tan sólo añadir, para quien aún no lo sepa, que en la actualidad Topo cuenta en la batería con la figura de José Martos (Atlas, ex Barón Rojo, ex Niágara …), crucial en el sonido actual del grupo, como habíamos comprobado en los últimos conciertos de la banda.
Topo empezó el concierto a lo grande. Sabedores del tirón de sus grandes clásicos, quisieron meterse al público en el bolsillo desde el primer momento. Para ello empezaron el concierto con “Los chicos están mal”, cuyo final enlazaron con “Marea negra”. Dos temas históricos para arrancar la noche y llegar al público de inmediato.
La banda suena como un cañón desde la incorporación de José Martos, que le da un plus de energía a Topo como hacía muchos años que no tenía. Su fuerza contagia al resto del grupo, sobre todo a José Luis Jiménez, muy bien toda la noche. Lamentablemente no se puede decir lo mismo de Lele Laina, al que vi más flojo que los demás, tanto por su actitud bastante abstraída como por bastantes fallos tanto por la guitarra como con a la hora de cantar. Aún así, su voz conserva esa magia que, en los temas antiguos, nos hace disfrutar. El peso guitarrero en Topo, no obstante, lo lleva Luis Cruz, de técnica impecable y con muchas ganas.
Como he dicho anteriormente, Topo presentaba oficialmente su último disco, “El ritmo de la calle”. A pesar de ello, en el concierto únicamente tocaron 5 de las 14 canciones que contiene. Personalmente me hubiera gustado que hubieran elegido más temas del último disco, por otra parte bastante bueno, para poderlas disfrutar en directo. Se da la circunstancia, además, que no tocaron ningún tema de los dos discos anteriores (“Prohibido mirar atrás” y “La jaula del silencio”), por lo que a excepción de los 5 temas nuevos, el resto de canciones que escuchamos tenía al menos 19 años de existencia.
Los dos primeros temas nuevos que tocaron fueron la propia “El ritmo de la calle” y “La máquina del tiempo”. Como siempre, los temas de Topo ganan en directo, y no desmerecieron frente al resto del repertorio.
Como era de esperar, los grandes clásicos de la banda tienen un plus especial. El “Blues del Dandy” sonó brutal, con todo el público cantando a coro con José Luis. No sería el único blues de la noche, como veremos después.
Con la emoción aún a flor de piel, la banda recurrió a aquel lejano disco debut para deleitarnos con unas versiones endurecidas de “Autorretrato” y “Abélica”, extendiéndose en un más que interesante interludio instrumental. Seguidamente tocaron, también de aquel disco, la siempre entrañable “Vallecas 1996”, siempre uno de los temas más aclamados en sus conciertos. Impresionante el solo de guitarra de Luis Cruz en este tema. Al finalizar, José Luis tuvo un breve recuerdo para el siempre añorado Terry Barrios, quien ponía su voz en este tema.
Seguíamos anclados en aquel debut de 1979, esta vez bajando revoluciones con “El periódico”, que como bien dijeron, sus noticias parecen las mismas, 36 años después.
Llegado este momento, volvieron a recurrir al último disco para tocar el bonito “Blues del cristal” y “Policías y ladrones”, un tema con mucha fuerza en directo.
Tampoco podían faltar las referencias a la primera época de José Luis y Lele en Asfalto, y “Ser urbano” fue el primero de aquellos temas de uno de los discos más influyentes en la historia del rock.
El concierto continuaba, y las sensaciones que comentaba al principio del concierto se iban acentuando. José Luis Jiménez muy bien de voz y de actitud, con ese feeling inigualable al bajo, Lele Laina un poco a lo suyo, centrado en algunos temas y en otros bastante perdido, Luis Cruz con solos brillantes marca de la casa, y José Martos siendo el alma del concierto. Aquellos que no habían visto aún a Topo en directo desde el cambio de batería comentaban asombrados la mejoría experimentada por el grupo, mucho más cañero ahora, desde la llegada de Martos.
“Ciudad de músicos” sonó a gloria, como suele ser habitual; y “Colores”, ese tema sentimental dedicado a las diferentes regiones de España, sonó tan entrañable como siempre, una de las mejores interpretaciones vocales de Lele Laina en toda la noche.
En este momento, José Martos salió de la atalaya de su batería para acercarse al borde del escenario y, con su armónica, comenzó a tocar un blues que desembocó en otro de los temas inevitables en cada concierto de Topo: “Trae contigo tu amor”, esa versión de Sam Cooke que Topo publicó en su segundo disco (“Prêt a porter”) pero que ya tocaban en directo desde los tiempos de Asfalto. Impresionante, como siempre, la forma en la que el público la canta a pleno pulmón junto al grupo.
El concierto se encaminaba ya hacia su final con el que es mi tema preferido de toda la discografía de Topo: “Cantante urbano”. Cada cual tendrá sus favoritos, pero para mi este tema, que abría esa obra de arte que se llamó “Marea negra”, siempre tiene algo especial. Y como siempre, sonó de maravilla.
Llegábamos al final con “Después del concierto” y el siempre aclamado “Días de escuela”, uno de los mejores temas de la historia del rock español y que, pese a todas las veces que lo hemos escuchado, siempre nos sigue poniendo los pelos de punta. En la parte central, José Luis hizo un pequeño solo de bajo, con algún guiño a Cream, además de hacer las pertinentes presentaciones de los músicos, por si entre el público hubiera algún espectador venido de Marte y no les conociera.
Una breve despedida, de las que no cuelan, para volver al escenario tras el reclamo del público.
El primer bis de la noche fue el histórico “Rocinante”, ese temazo imperecedero dedicado al caballo de Don Quijote que fue incluido en el primer disco de Asfalto y desde entonces forma parte de nuestra vida. Al igual que “Días de escuela”, podremos escucharlo mil veces, que mil serán las ocasiones en las que nos emocionaremos.
Sorprendentemente el grupo dejó para el segundo tema del bis uno de los temas del último disco: “Tarzán (J.W. El único Tarzán)”, uno de los cortes más destacados de este “El ritmo de la calle”, con una letra dedicada al gran Johnny Weissmuller, aquel campeón olímpico de natación pasado a actor que dio vida a uno de los héroes del cine en blanco y negro.
Al término del tema, algo debía pasar y no pasó. El grupo se quedó parado, mirando hacia atrás, donde estaba José Martos quien, parado y con preocupante gesto de dolor, hacía gestos de que no estaba bien. Inmediatamente me acordé de sus problemas físicos en el cuello y de aquel concierto con Atlas en el Leyendas del Rock hace unos años, en el cual salió del escenario en ambulancia. Todos nos miramos con gesto de preocupación y, sinceramente, creí que el concierto iba a acabar ahí. Pero tras unos minutos inmóvil, José Martos levantó la cabeza, puso gesto de rabia y empezó a tocar con más fuerza que nunca la intro de “Mis amigos donde estarán”. Este tío tiene unos huevos que no sé cómo puede sentarse a la batería. No exagero si digo que fue el tema que más fuerte sonó, alentado por la rabia de Martos al ver peligrar el concierto. Chapeau!
Finalmente, todo acabó bien y el grupo se despidió al borde del escenario, bajo una sonora ovación. Un gran concierto, como casi todos los de Topo, en la que todo el mundo salió satisfecho. Como decía al principio de esta crónica, hay que aprovechar cada ocasión que tengamos para contemplar a este grupo en directo, porque les echaremos de menos cuando ya no estén.
Texto y fotos: Santi Fernández «Shan Tee»

