En unos tiempo tan duros para la música, tenemos la suerte de contar con un puñado de grupos que no sólo sobreviven a lo largo del tiempo, sino que año a año, década a década, mantienen un nivel que los hace merecedores de un hueco preferente en la historia del rock de este país. Por supuesto, no se les puede pedir que cada disco sea una obra maestra, pero mantienen el nivel suficiente para seguir enganchando a sus seguidores, e incluso ir añadiendo algunos más que reemplazarán a los que, cosas de la vida, se van quedando en el camino.
Medina Azahara es uno de ellos, perteneciendo al aún más selecto club de grupos que han conseguido tener un estilo propio, en tiempos en los que la copia, más o menos descarada, está a la orden del día.
Ya son 30 años de carrera, algo de lo que muy pocos grupos pueden presumir. Y aún menos si añadimos que este último disco, “Las puertas del cielo”, hace el número 19 de estudio en su poblada discografía, a la que hay que añadir 3 discos en directo y varias recopilaciones.
De su disco anterior, “La memoria perdida”, ya han pasado dos años. Aquel trabajo pecaba de ser más pausado, con menos fuerza, algo que han rectificado en este “Las puertas del cielo”, que suena mucho más cañero, más contundente. Por supuesto, las raíces arábigo-andaluzas que siempre les han acompañado están en primer plano, pero este es un disco de hard rock con toda su fuerza.
La formación se mantiene inalterada desde el anterior disco, en el que se produjo el cambio ya sabido: salieron históricos miembros del grupo, el bajista Charly Rivera y el batería Manuel Reyes, siendo sustituidos por Juanjo Corbacho (bajo) y Nacho Santiago (batería), que ya tocaban con Manuel Ibáñez, Manuel Martínez y Paco Ventura en Luz, un grupo de versiones de Rock Andaluz paralelo a Medina Azahara. Ahora, mucho más integrados en la banda, la nueva base rítmica es fundamental para el sonido poderoso que tiene este nuevo trabajo. Ellos, junto a los teclados de Manuel Ibáñez, son el complemento especial para los dos miembros más destacados del grupo, la inconfundible voz de Manuel Martínez y el gran guitarrista que es Paco Ventura, pletórico en este disco.
Además de las evidentes y habituales influencias arábigo-andaluzas (“Juegos a media luz”, “Niños de cristal”, “Eres estrella errante”…), la sombra de Rainbow también planea sobre buena parte del disco, con temazos como “Aprendimos a vivir” o “Gracias a vosotros”, con Paco Ventura en estado de gracia con unos excelentes solos en la onda del gran Richie Blackmore. Y no sólo en estos temas, ya que la intervención de Ventura en otros como “Niños de cristal” puede tildarse de sobresaliente.
Es un disco extenso (14 temas más una introducción) pero pasa en un suspiro, gracias también a la variedad en tempo y estilo. Al lado de temas trepidantes que galopan de principio a fin, tenemos también tres temas lentos: “Morir junto a ti”, “Ángel de amor” y la preciosa balada “La voz del poeta”, donde la banda explota su lado más sentimental. Destacar también el festivo “Grita” como uno de los temas más sobresalientes del disco.
A la vista de este “Las puertas del cielo”, nos queda Medina Azahara para rato. Unos veteranos con la ilusión de unos jóvenes principiantes, han conseguido un disco que destaca entre la amplísima discografía que han atesorado a través de 3 décadas de actividad. Y eso es decir mucho.
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Santi Fernández «Shan Tee»
