How The West Was Won (2003)
  BBC Sessions (1997)
  Coda (1982)
  In Through The Out Door (1979)
  The Song Remains The Same (1976)
  Presence (1976)
  Physical Graffiti (1975)
  Houses Of The Holy (1973)
  Led Zeppelin IV (1971)
  Led Zeppelin III (1970)
  Led Zeppelin II (1969)
  Led Zeppelin I (1969)
  Biografía

 

 

LED ZEPPELIN “How The West Was Won” (2003)

Nos lo debían. No era lógico que una de las mejores bandas en directo de todos los tiempos nos dejaran sin una grabación oficial de alguno de ellos. Vale, estaba “The Songs Remains The Same” pero no les hacía justicia. También estaban decenas de bootlegs, algunos con mucha calidad de sonido, circulando por ahí y las “BBC Sessions”, pero necesitábamos un disco en directo de Led Zeppelin.

Es curioso que cada vez que algún grupo, tipo Iron Maiden, saca un disco en directo casi de cada gira, haya gente que se queje ¿Qué no daríamos ahora por tener un disco en directo de cada gira de Led Zeppelin? Digo esto porque, desgraciadamente, los dos discos oficiales están sacados de dos conciertos muy cercanos en el tiempo: si “The Songs Remains The Same”“ fue sacado de la gira de 1973, los shows que dan pie a este “How The West Was Won” fueron un año antes. Por favor, ¡no os quejéis más cuando algún grupo saca un directo de cada gira!

“How The West Was Won” es mastodóntico: un triple CD con casi tres horas de Zeppelin en vivo. Grabado en dos conciertos en Los Angeles (el 25 de junio en el LA Forum y el 27 en Long Beach Arena). Y es todo lo que puedas soñar sobre un directo de la banda británica. Versiones irrepetibles de sus grandes éxitos hasta la fecha, coplas alargadas hasta el infinito con medleys de clásicos del Blues y el Rock & Roll (insuperables los más de veinticinco minutos de “Dazed And Confused”) y así hasta diecisiete pedazos de historia rebosantes de feeling y perfectos en su ejecución. En la parte negativa podríamos citar la paupérrima presentación, con escasa información y ausencia de libreto y fotos (con lo bien que quedaban estos tíos en las fotos). Pero tampoco seamos exigentes, lo bueno, como he dicho, está donde tiene que estar, dentro de los tres discos.

Si eres un fan de Led Zeppelin seguro que ya hace años que tienes este documento y muchos otros bootlegs, si no lo eres tanto y te conformas con menos, este es el disco perfecto para tener enlatado un concierto de estos cuatro genios. Un disco que hace justicia a lo que la banda fue en directo, esto es, la mejor banda de todos los tiempos habidos y por haber.

Perico Salinas “Pears”


 

LED ZEPPELIN “BBC Sessions” (1997)

Disco para los fans, completistas y curiosos en general que se puso a la venta en octubre de 1997, ideado y producido por el propio Jimmy Page, y que recoge grabaciones de diferentes tomas que Led Zeppelin hicieron para la TV pública británica entre marzo de 1969 y abril de 1971.

Las sesiones se grabaron en el estudio 4 de la BBC, en el BBC Paris Cinema de Londres y en el BBC Theatre Playhouse también de Londres, y fueron retransmitidas, como decía, entre marzo de 1969 y abril de 1971 en los programas de radio de la BBC de Chris Grant: “Tasty Pop Sundae”, “One Night Stand”, “Radio 1 In Concert” y “Top Gear”.

El disco está plagado de versiones de otros, como “The Girl I Love She Got Long Black Wavy Hair” de Sleepy John, “Travelling Riverside Blues” de Robert Johnson, “Somethin’ Else” de Eddie Cochran, un medley en mitad del “Whole Lotta Love” que incluye temas algo menos conocidos, y las ya clásicas de Willie Dixon asiduas en su repertorio “You Shook Me” y “I Can’t Quit You Baby”, éstas repetidas en varias sesiones e incluidas tal y como estaban, porque ese es uno de los valores añadidos de este disco, el directo sin trampa ni cartón tan difícil de encontrar en las grabaciones de hoy en día.

El resto son temas propios de lo más representativo en las diferentes épocas de las grabaciones. “Communication Breakdown”, “Dazed And Confused”, “Inmigrant Song”, una impresionante versión del “Heartbreaker” y otra no menos curiosa de “Going To California”, entre otras. Todas ellas, y todas las que no nombro por no ser cansino, tienen en común la espontaneidad y la frescura de este tipo de grabaciones. Cualquiera que conozca mínimamente algo de las actuaciones en directo de Led Zeppelin sabe que no había dos tomas iguales, que la improvisación era algo frecuente y que, como dejan claros los innumerables bootlegs que circulan por ahí, podías esperarte cualquier cosa en cualquier momento, un comentario, un arreglo distinto, una salida de pata de banco del amigo Page… en fin, un grupo tocando en directo sin inhibición alguna.

No se trata de un disco en el que haya que poner en valor la producción, el sonido, la portada, etc. sino el documento histórico que supone volver a escuchar a un grupo hecho para el directo y en sus diferentes épocas. Era sobre las tablas donde daban todo lo que tenían y donde la energía se adueñaba de los presentes, por encima de cuestiones técnicas o de ejecución. El espectáculo no consistía en otra cosa más que en sentir su música con ellos y admirar las posibilidades de cuatro músicos que pudieron dar mucho más de sí como banda, pero cuyo futuro se truncó por un exceso absurdo.

Led Zeppelin en directo, nada menos.

Alvar de Flack


 

LED ZEPPELIN “Coda” (1982)

El disco póstumo. La traumática muerte de John Bonham dejó muy tocados al resto de componentes de Led Zeppelin, hasta tal punto que decidieron no dar continuidad a la banda, desechando la posibilidad de seguir con un sustituto. Este punto y final tan brusco dejó un amargo sabor de boca tanto a los seguidores del grupo como a sus propios miembros. Por ello, Jimi Page estuvo recopilando durante dos años todo el material no publicado en toda la carrera de Led Zeppelin, como canciones desechadas o inacabadas, tomas en directo, pruebas de estudio, etc., con la idea de publicar un último disco que sirviera como epílogo a su histórica carrera y, además, sirviera como homenaje a John Bonham por parte de los que habían sido sus compañeros.

Tanto Page como Plant y Jones estuvieron dando retoques, cuando no finalizando, muchos esos temas que habían quedado en el baúl, para conformar “Coda”, el disco que puso punto y final a su brillante trayectoria como grupo. El carácter histórico del disco produjo un éxito de ventas, aunque su calidad tiene algunos altibajos. Sin embargo, sólo por la gran calidad de algunos temas que contiene y, por supuesto, su importancia histórica, merece la pena tener este disco.

Porque Led Zeppelin eran grandes aún cuando no pretendían serlo. La prueba más irrebatible la tenemos en “I Can't Quit You Baby”, grabada sin conocimiento de la banda durante las pruebas de sonido previas a un concierto en el Royal Albert Hall de Londres en 1970. El feeling que se desprende es enternecedor, una máquina de hacer Rock al más alto nivel. En, “We're Gonna Groove”, grabada en el concierto de ese mismo día, dan rienda suelta a sus instintos, en un tema inspirado en espejo en el que todo el mundo se ha mirado alguna vez: Jimi Hendrix.

Como en casi todos los discos de su carrera, tenemos guiños a sonidos Folk. Este es el caso de “Ozone Baby”, un tema ligero en el que las acústicas de Page evocan paisajes de la campiña inglesa. Pero Led Zeppelin era un grupo de Rock, como bien lo demuestran en “Walter's Walk”, un tema muy rockero, con un Bonham eufórico, en “Darlene”, un Rock & Roll de corte clásico y, sobre todo, en “Wearing And Tearing”, el mejor tema del disco, rocanrolero y contundente, grabado casi al final de su carrera (1978).

Mención aparte merece “Bonzo's Montreux”, un solo de batería, recuperado por Jimi Page como homenaje a John Bonham. Estructurado como una canción y no como una mera exhibición de técnica, como suelen ser habitualmente los solos de batería, incluye elementos electrónicos y muestra bien a las claras la versatilidad del fallecido batería.

Aún consciente de que el resto de temas podrían considerarse de relleno, la gran calidad de los temas citados, unidos a la importancia histórica como disco de rarezas supera cualquier duda en cuanto a la idoneidad de su edición. Imprescindible para aquellos que amamos la trayectoria de Led Zeppelin.

Shan Tee


 

LED ZEPPELIN “In Through The Out Door” (1979)

De este disco siempre se han dicho muchas cosas, principalmente dos: que es el disco de John Paul Jones y que es el peor de la banda (flaco favor le hacen al bueno de Jones) Vale, pues bien, sin desmentir pero diciendo lo contrario, yo digo que ni es el disco de John Paul Jones ni el peor de Led Zeppelin, pero vayamos poco a poco.

En 1978 Led Zeppelin no vivían su mejor momento. Una serie de desgracias personales habían acontecido en los últimos meses, entre ellas la muerte del hijo de Robert Plant. El mundo tampoco era el mismo que a principios de la década, ahora el Punk y la New Wave era lo que estaba en boga, aunque aquí sería conveniente hacer una aclaración; muchas veces se dice que el Punk y la New Wave acabaron con los dinosaurios, pero yo, por más que miro, no veo nada de eso por ningún lado. Que me diga alguien si no el por qué de los éxitos de “The Wall” de Pink Floyd o este mismo “In Through The Out Door” en pleno 1979. Los dinosaurios perduran, de la New Wave ya no se acuerda ni el tato. Con esta tesitura la banda decide irse hasta Suecia para grabar su nuevo disco.

Desde el éxito arrollador de “Led Zeppelin IV”, el cuarteto británico no ha parado, con desigual fruto, de explorar todo tipo de terrenos. Si ya en “Houses Of The Holy” se adentraron en jardines demasiado exóticos con escaso acierto, aquí vuelven a salir sin brújula pero, en opinión de un servidor, esta vez sí acertaron. Para empezar, un disco que contiene un tema como “In The Evening”, sólo puede ser catalogado como “categoría superior”. En la onda de sus mejor odas al Hard Rock, con unos arreglos (ahí es donde entra Jones) magistrales, el tema que abría el disco puede ser declarado, sin miedo alguno, como una de las mejor coplas de la banda. Pero ahí se acabó la tierra conocida, a partir de aquí… nos vamos de exploración.

Piano, rock vacilón y ganas de bailar; “South Bound Saurez” (¿quisieron decir Suárez?) está en las antípodas de “In The Evening” y podría ir cogidito de la mano de “Hot Dog”, un country festivo exquisitamente tocado. Ambos temas son bastante intrascendentes y pueden ser juzgados como piezas menores, pero son dos ejercicios meridianos de cómo rockear con gusto. Para trascendencia se sueltan “Carauselambra”, una lección de Rock Progresivo impresionante si le coges el punto, si no se lo coges puede parecer un tema infumable, sobre todo por el organillo de Jones. Para mí es una obra maestra de diez minutos y la verdadera joya de este disco, aunque ese honor siempre se lo ha llevado, injustamente a mi parecer, “All My Love”. Más Jones, más organillos, esta vez muy cansinos, y un Plant matador en una copla demasiado previsible. “All My Love” pierde rápidamente todo lo que gana en las primeras escuchas. A mí es el corte que más me aburre pero la mayoría lo ama. Prefiero mil veces “Fool In the Rain” aunque también termine cansando. Además aquí cuelan un medio Samba (aunque yo me inclino más por que sea un Calypso pero no seré yo quien discuta a los grandes sabios) que si bien se nota que está cogido por los pelos tiene su gracia. El disco lo cierran volviendo a tierra con un Blues marca de la casa (aunque también repleto de las teclas y demás herramientas de John Paul Jones) rebosante de feeling con Plant marcando territorio.

¿El peor disco de la banda? Pues bueno, no digo que no, pero en mi opinión no sólo es un grandísimo disco, sino que supera, por ejemplo, a “Presence” y a medio “House Of The Holy”. ¿El disco de Jones? Pues también. Es verdad que es donde más aporta el gran músico inglés pero no es menos cierto que en Led Zeppelin todos aportaban lo suyo. No se entendería la banda sin cualquier de ellos. Amén de que Page, el principal compositor, aparece en los créditos de la mayoría de los temas. En definitiva es un disco que corre con el sambenito de ser una obra menor cuando realmente, sobre todo si aceptamos que es un disco bastante superficial, desnudo de toda la épica propia del grupo y bastante disperso, es un disco exquisito lleno de calidad, donde los experimentos, por fin, salen bien. Además, y sólo como curiosidad, la edición en vinilo es de las más bellas que servidor haya tenido en su estantería. No hay que dejarse engañar con los típicos tópicos que rodean a este disco, es una obra maestra como todo lo que hicieron en vida estos cuatro zepelines.

Perico Salinas “Pears”


 

Led Zeppelin - The Song Remains The Same

LED ZEPPELIN “The Song Remains The Same” (1976)

Recuerdo como si fuera ayer un día de 1980, siendo yo un tierno infante de 14 años. No hacía mucho que había descubierto el Rock Duro, y aún menos que había decidido que esto iba a ser lo mío. Mis padres aún pensaban que esta afición iba a ser algo pasajero, mientras yo me afanaba en aprender lo más posible de este mundo que se había abierto ante mi. Mi primer disco de Rock fue “Led Zeppelin IV”, y eso marca. Aunque yo era más de Deep Purple (la huella de “Made in Japan” ya se había grabado en mi corazón), sabía que Led Zeppelin era, por supuesto, uno de los más grandes.

En aquella época, la información no fluía con tanta facilidad como hoy en día, y nos nutríamos básicamente de algún programa de radio (el eterno Disco-Cross y el Búho Musical de Paco Pérez Bryan) y, por supuesto, de los comentarios y consejos de amigos más avezados en el asunto. Uno de ellos me contó que Led Zeppelin tenía una película en la que actuaban en directo, y que se programaba cíclicamente en un cine de la capital. En aquellos tiempos en los que no existían aún los reproductores de vídeos caseros, era todo un lujo que en un cine comercial pudiéramos disfrutar de algo así. Tiempos en que eran habituales los programas dobles en sesión continua.

El cine Covadonga, situado en el madrileño barrio de Prosperidad (o lo que es lo mismo, “el Covacha, que está en la Prospe”), estaba especializado en películas destinadas a la juventud, y en su programación se turnaban con asiduidad títulos como “La Rosa” (una biografía encubierta de Janis Joplin) o “God Save The Queen” (con Sex Pistols haciendo el cafre). Mis amigos y yo aparecimos por allí para ver un grandioso programa doble compuesto por “The Warriors” (un film sobre bandas callejeras) y, por supuesto, “The Song Remains The Same”. El impacto sobre mi mente adolescente fue tal que al día siguiente me fui a Discoplay y me compré el disco, (años después cayó la película en VHS y ahora la tengo en DVD, pero esa es otra historia…)

“The Song Remains The Same” ha sido, durante muchos años, la única referencia oficial en directo de la grandiosa banda británica. El disco, editado en 1976, es un compendio de 3 conciertos consecutivos ofrecidos en el Madison Square Garden de New York 3 años antes, en 1973, dentro de la gira americana de “Houses Of The Holy”. La razón de este retraso radica en que el grupo nunca estuvo muy conforme con la calidad de las cintas, ya que consideraban que aquella no fue su mejor gira, algo agotados por la frenética actividad del grupo en aquel momento, sin un momento de respiro en los últimos 4 años. El accidente de Robert Plant y su larga convalecencia llevó a la compañía a editar disco y película para llenar ese vacío.

Curiosamente, el repertorio elegido para el doble disco difiere un tanto de lo ofrecido en la película. En el disco disfrutamos de “Celebration Day”, que no aparecía en la película, pero a cambio nos quedamos sin “Black Dog”, “Autumn Lake” y la intro de “Heartbreaker”.

Led ZeppelinEl disco no tiene muy buena fama entre muchos de los seguidores de la banda. Incluso los propios músicos se han encargado de justificar aquellos tiempos como agotadores, y la edición del disco como apresurada. A mi me parece que no es para tanto. Es cierto que hay fases del disco que se hacen algo tediosas, porque hace falta mucho duende para mantener la atención sobre los temas tan largamente desarrollados, caso de los casi 27 minutos de “Dazed And Confused” o los 12 minutos y medio de “No Quarter”. También hay que ser muy aficionado a la batería en general, y a John Bonham en particular, para disfrutar por completo del solo de más de 10 minutos incluido en “Moby Dick”, referencia postrera para muchos baterías que incluye su habitual pasaje en el que Bonzo deja las baquetas a un lado para aporrear la batería con las manos desnudas.

Pero el disco contiene algunos de los momentos más mágicos de la historia del Rock. Desde el atronador inicio con “Rock And Roll” hasta su cierre con el histórico “Whole Lotta Love”, en el que la banda desarrolla todo su potencial.

Y es que estos cuatro músicos se compenetraban de manera mágica. Jimi Page lidera el grupo de forma indiscutible. Su feeling y su capacidad para crear canciones mágicas compensan su torpeza en la ejecución. Robert Plant se muestra como uno de los cantantes más originales de su época, creando una escuela mil veces imitada (¿no es verdad, Mr. Axl Rose?), y destilando sentimiento en cada frase. John Bonham es la bestia, todo un huracán que sabe cuando pisar el acelerador y cuando adaptarse a ritmos más pausados. Y finalmente, John Paul Jones, desde su posición en retaguardia, se turna entre el bajo y los teclados para crear unos ambientes increíbles, y cerrar el círculo de una formación inimitable.

Una buena muestra del ambiente único que logran crear es “Rain Song”, un emotivo tema en el que el grupo se supera a sí mismo en un largo desarrollo lleno de sentimiento en el que manejan la intensidad a su antojo. Y, por supuesto, la estrella del disco, una extensa versión del mítico “Stairway To Heaven”, clásico entre los clásicos, que en la versión en directo que nos muestra este disco cada músico muestra una ejecución sobresaliente, destacando cada uno por sí solo, desde los juegos vocales de Robert Planta hasta el largo solo de guitarra de Jimi Page o el sustento poderoso de la base rítmica de John Paul Jones y un eufórico John Bonham.

Sí, todos sabemos que el reciente “How The West Was Won” es mucho más completo y muestra con más claridad la potencia y contundencia que tuvo Led Zeppelin, pero para los que crecimos con “The Song Remains The Same”, este disco es insustituible.

Shan Tee

 

LED ZEPPELIN “The Song Remains The Same” (versión 2007)

Han tardado pero al final han hecho justicia. Imagino que en este revival “Zeppelin” que vivimos por motivo de la reunión, alguien ha decido editar en condiciones el que, en la época, era el único documento en vivo oficial de la banda. Es verdad que el agravio se arregló con “How The West Was Won” pero no está de más que se edite este “The Song Remains The Same” tuneado como Dios manda.

Las diferencias con el original de 1976, pocas pero sustanciales. La fundamental, la inclusión de seis nuevas coplas, algunas del calibre de “Black Dog”, que sí venía en la película, o “Over The Hills And Far Away”. Todas por supuesto sacadas de los conciertos en el Madison. El sonido de esta nueva versión corre a cargo del cada día más omnipresente Kevin Shirley, que pese a las críticas de algunos, hace un buen trabajo con respecto el original. Del resto poco más que decir, excepto que me parece de compra obligada por cualquier amante del grupo o del Rock en general. No fueron sus mejores conciertos pero es que en directo eran simplemente imbatibles. Además el envoltorio dejará satisfechos a los que, como yo, son unos sibaritas en cuestiones de presentaciones. ¡Y qué coño, que es un doble CD en directo de Led Zeppelin!

Perico Salinas “Pears”


 

LED ZEPPELIN “Presence” (1976)

Siempre se ha considerado a “Presence” como uno de los discos prescindibles del grupo. Un disco maldito con el que casi nadie se sintió satisfecho. Yo no estoy tan de acuerdo, aún reconociendo que este disco no puede hacer sombra a los grandes clásicos de la banda.

Como todos sus discos, “Presence” es la consecuencia del período en el que fue gestado, unos tiempos difíciles para el grupo en general y para Robert Plant en particular, ya que la composición y posterior grabación del disco se vio totalmente condicionada por un accidente de coche en el que se vio envuelto Robert Plant con su mujer en la isla griega de Rodas. Dicho accidente se saldó con una fea rotura en el tobillo del cantante, además de otra rotura en un codo, (además de las fracturas de su mujer) que le condujo a un año largo de tortuosa recuperación. Esta larga convalecencia le afectó anímicamente, algo que trasladó a este disco. Además, toda la grabación se la pasó en una silla de ruedas. La consecuencia es que en “Presence” nos encontramos a Robert Plant más cohibido que lo que nos tiene acostumbrados, sin la chispa y el descaro que desborda en el resto de sus discos. Así, fue Jimi Page quien tomó las riendas del disco, con un liderazgo más marcado que nunca, acompañado por un John Bonham pletórico a los tambores. Todo ello, acompañado por la total ausencia de teclados y las líneas de bajo más agresivas que John Paul Jones hizo en su carrera, confieren a “Presence” un aire guitarrero y duro en el que se huyeron completamente de los temas acústicos y atmósferas más sentidas que incluían habitualmente.

Si para muestra vale un botón, valga el primer tema del disco, “Achilles Last Stand”, un trepidante tema de más de 10 minutos en el que no se permiten ni un respiro, y en el que Page y Bonham se complementan a la perfección para construir este tema atronador. Todo el disco sigue esta tendencia, grandes temas como “For Your Life” (al más puro estilo de sus contemporáneos Bad Company) que beben de influencias externas, siempre pasadas por el tamiz Zeppelin, como demuestra “Candy Store Rock” y sus guiños al Rockabilly tan pujante en aquellos tiempos. El resto de temas muestran la tendencia clara de este disco hacia un Rock mucho más directo y atronador que en otras ocasiones, conducidos de forma magistral por Jimi Page y con un John Bonham en estado de gracia.

Sólo al final del disco se permiten levantar el pie del acelerador, cerrando el álbum con “Tea For One”, un sentido blues lento marca de la casa, con el que cierran uno de los capítulos más incomprendidos de su larga y fructífera carrera.

Shan Tee


 

LED ZEPPELIN “Physical Graffiti” (1975)

Probablemente uno de los discos más controvertidos de entre toda la discografía de Led Zeppelin. Para algunos se trata de la obra cumbre de un grupo en plena expansión estilística, para otros no es más que un disco completado con retales de otros, demasiado irregular para la costumbre. En cualquier caso no dejó indiferente a nadie.

Para empezar, disco doble con la portada troquelada. Se trataba de la fachada del típico edificio de pisos de Nueva York (concretamente de la C/ St. Marks nº 96 de la Gran Manzana), con las ventanas troqueladas y las persianas bajadas, aunque en realidad se trataba de una impresión en un cartón interior asomando por los huecos. En el encarte se reproducen la portada y la contraportada con personas asomándose.

Evidentemente, no es solamente un disco de retales. Los temas que no entraron en discos anteriores fueron descartes del “Led Zeppelin III” (1970) como “Bron-Yr-Aur” , del “IV” (1971), concretamente “Down By The Seaside”, “Night Flight” (ambas se descartaron por parecerse poco a la línea general del disco) y “Boogie With Stu”, ésta grabada en plan jam con el pianista de los Rolling Stones (Ian Stewart, quien también colaboró en el tema “Rock And Roll”) sobre la base de un tema de Richie Valens, en el que Robert Plant toca la guitarra y Jimmy Page la mandolina. Además, hay otros tres temas que se quedaron fuera del “Houses of The Holy” (1973), como fueron “The Rover”, el propio “Houses Of The Holy” y “Black Country Woman”, grabada en directo para la ocasión.

Los temas nuevos se grabaron en Headley Grange entre diciembre de 1973 y abril de 1974, y fueron “Custard Pie”, “In My Time Of Dying” (no es exactamente nueva, ya que la incluyó Bob Dylan en su primer disco), “Trampled Underfoot”, en la que utilizaron un clavinet Hohner, que era una especie de clavicordio eléctrico que estaba poniendo de moda Stevie Wonder por aquella época, la genial “Kashmir”, magistral clase de utilización de inversión de acordes (que se lo digan a Whitesnake con “Judgement Day” o a los mismísimos Pink Floyd con su “Sheep”) que son los que dan al tema ese aire misterioso y de suspense, “In The Light” (nunca interpretada en directo por la negativa de John Paul Jones, debido a la cantidad de chismes que toca), “Ten Years Gone”, que en principio iba a ser instrumental y titularse “Swan Song”, “The Wanton Song”, probablemente la más heavy, y la dedicada a las groupies de Los Angeles “Sick Again” .

El disco, más uniforme de lo que pudiera preverse, se publicó en febrero de 1975 previa mezcla en Londres en el verano del año anterior y, como decía, causó sensaciones de diferentes tipos que en muy poco tiempo se unificaron en la opinión de que se estaba ante una obra densa, en ocasiones oscura y con momentos de gran intensidad. Era de esos que podías escuchar de principio a fin en cualquier garito, buena costumbre de finales de los 70s/primeros 80s que se perdió para dar paso a los pinchadiscos-destrozasingles que tanto daño hicieron a la música en lata, aunque este es otro asunto... en fin, resignación.

Primer disco doble del grupo, también primero de su nuevo y propio sello “Swan Song”, un disco hecho para los fans más que para la industria, del que salieron grandes clásicos entre los que destaca “Kashmir”, quizá el mejor de sus temas.

Alvar de Flack


 

LED ZEPPELIN “Houses Of The Holy” (1973)

¿Y ahora qué? Algo así debieron pensar los ingleses cuando se dispusieron a grabar su quinto disco. En la primavera de 1973 Led Zeppelin lo había conseguido todo, habían tocado por todo el mundo y habían vendido millones de discos así que, lo fácil hubiera sido clonar Led Zeppelin "IV" en Led Zeppelin "V" y seguir pasando la caja en las gigantescas giras mundiales, pero no, decidieron hacer otra cosa. ¿Y ahora qué?, diría alguno de ellos. Pues ahora, por lo menos, pongámosle un nombre al disco y experimentemos.

Y experimentaron, vaya si lo hicieron. Empezando por la portada, maravillosa obra de Hipgnosis, aunque para decir verdad, tuvimos suerte de que no aceptaran un primer proyecto de una pista de tenis con una raqueta en primer plano. También la música estuvo sujeta a las novedades, alejándose del blues y trabajando con nuevos sonidos como el Reagge y el Funk con un resultado bastante paupérrimo, todo sea dicho.

Experimentos aparte, “Houses Of The Holy” es el disco de la madurez de la banda. La épica y la lírica se conjugan para darnos las que posiblemente sean las mejores coplas, gustos aparte, hechas por la banda. Y es que de las ocho canciones hay cinco auténticas joyas, pero vayamos por partes. Pocos discos pueden ofrecer un comienzo como este, con tres piezas del calibre de “The Song Remains The Same”, “The Rain Song” y “Over The Hills And Far Away”. La primera, que posteriormente daría título a un disco del grupo, es un trabajo soberbio de los cuatro músicos, especialmente de Bonham y Page, llena de matices y constantes cambios con un ritmo trepidante. Nada que ver con “The Rain Song”, que para un servidor está casi a la altura de la misma “Stairway To Heaven”, por lo menos en lo que a belleza y cautivadora ternura se refiere. Una copla íntima, plena de melodía, con unos arreglos, cortesía esta vez de John Paul Jones y su melotrón, soberbios y un final in crescendo casi perfecto. “Over The Hills And Far Away”, tercer tema de esta trilogía maravillosa, fue lanzado como single y es una combinación de folk acústico y vibrante electricidad con una Page en estado de gracia.

En solo dieciocho minutos la banda inglesa ha dejado una lección maestra de cómo facturar grandes canciones aunando lo mejor de sus cuatro discos anteriores, y hubiera sido la mejor cara, en este caso la cara A del vinilo, de la historia, si no hubiera sido por aquello de la experimentación y la inclusión de “The Crunge” al final. Pero aclaremos, yo soy de los que piensan, mejor dicho, de los que creen a pies juntillas en un acto de fe, que Led Zeppelin no tienen una mala nota. No vayamos a pensar que “The Crunge”, un pseudo Funk-Soul, que en realidad es una parodia de ese estilo musical tan en boga en la época, es una mala canción, es simplemente que desentona bastante con sus compañeras y donde al grupo se le ve demasiado forzado.

La cara B, desgraciadamente, no empieza tan bien como la anterior. No es que “Dancing Days”, de clara inspiración oriental, no sea un buen tema, pero es que el listón está demasiado alto. Claro que la cosa no sólo no mejora sino que la experimentación vuelve, para mal, a hacer acto de presencia con “D´yer Mak´er” (un juego de palabras con la pronunciación de Jamaica), un reagge que en manos de Led Zeppelin queda, cuanto menos, raro, siendo la nota discordante de un disco que sería mucho mejor, todavía, sin él.

Gracias a Dios el final vuelve a ser apoteósico. “No Quater” es, posiblemente, el mejor tema jamás escrito por la banda. Con todo lo bueno de la música progresiva de los setenta al más puro estilo Pink Floyd, es una maravillosa creación de ambiente oscuro, denso e intenso, con un inspiradísimo John Paul Jones como maestro de ceremonias multiinstrumentista. Una copla que vale por discografías enteras, donde además la banda habla de mitología escandinava, ahí está el bueno de Thor, sin que, como a otros, la cosa le quede pueril. “The Ocean” no llega, ninguna llega, a la altura de la anterior, pero es también un tema glorioso. Riff pesado y protagonismo para Plant con un Bonham que da el pistoletazo de salida diciendo que “ya llevan cuatro tomas” y, atención, un teléfono que suena a mitad de la canción. No creo que a Eddie Kramer, el productor del disco, y que hace un trabajo colosal, se le pasase ese teléfono. Quizás sonó y en vez de regrabar decidieron dejarlo (que Bonham ya estaba impaciente por irse al bar) el caso es que ahí está, sobre el minuto y treinta y ocho segundos. ¿Quién llamaría?

“Houses Of The Holy” es un disco, como todos los de la banda, espectacular, quizás demasiado heterogéneo, con coplas muy desiguales tanto en calidad como en estilo pero que tiene cinco de las mejores piezas nunca grabadas por la banda y fue un paso adelante, uno más, en el vuelo del Zeppelin.

Perico Salinas “Pears”


 

LED ZEPPELIN “IV” (1971)

Recuerdo que cuando compré el disco lo primero que me llamó la atención fue que en ningún sitio de la carpeta pusiera nada absolutamente, ni nombre del grupo, ni logotipo ni créditos ni nada de nada, solamente unas fotos sin sentido aparente que no hacían más que engordar en halo misterioso que siempre rodeó a Led Zeppelin. Los títulos estaban escritos en la funda de papel que protege el disco, junto con parte de la letra de “Stairway To Heaven”. Pero ni incluso ahí figuraba el nombre del grupo, solo unos símbolos que representaban a cada uno de los miembros del grupo, Robert Plant (voz), Jimmy Page (guitarra, mandolina y cuerdas varias), John Paul Jones (Bajo y teclas) y John Bonham (Batería), aunque de esto, me refiero a lo de los símbolos, me enteré mucho más tarde.

El caso es que yo ya había escuchado el disco mucho antes de comprármelo. Un grupo de gente, mayores que yo, lo ponía una y otra vez en la piscina de mi pueblo todas y cada una de las tardes del verano del setentaypico, mientras se fumaban algún que otro cigarrito de la risa (eso también lo supuse mucho más tarde) frente a unos críos que escuchaban atónitos toda esa cantidad de sonido que salía de su radio-cassette Sanyo gigantesco y entre los que me encontraba yo, naturalmente. A base de escucharlo una y otra vez me lo aprendí. Algún tiempo después conseguí que me lo grabaran en una cinta (por la otra cara el “Dark Side Of The Moon” de Pink Floyd y algunas cosas de Patti Smith) que castigué sin piedad en una birria de aparato que tenía para escuchar las cintas de un curso de inglés al que nunca hice ni caso.

Cuando tuve posibilidad me hice con él en vinilo. Todavía lo tengo por ahí entre el montón de discos que no pongo desde hace 15 años, cosas de la comodidad del CD (y ahora del mp3), con sus huellas del paso del tiempo y del culo del vaso de alguna mezcla de las que yo bebía en su momento. La relación entre el disco y yo siempre fue -y será- excelente, quiero decir que sigue estando en el top-N de los más escuchados en mi casa desde hace muchos años, y ahora se lo pongo a mis hijas para que sepan qué significa la palabra Rock porque, aunque sea evidente su calidad de clásico, parece que el tiempo no pase por él. Uno más de los misterios que le rodean.

Led ZeppelinEl “disco sin título” se empezó a grabar a finales de 1970 y se terminó en febrero de 1971. La cosa transcurrió en tres estudios distintos (Island y Headley Grange en Gran Bretaña, y Sunset Sound de Los Angeles) en función del sonido que se quería conseguir, y tras un gran trabajo de Jimmy Page como productor, fue publicado en noviembre de 1971.

El contenido del disco era una mezcla entre las diversas tendencias plasmadas en los tres discos anteriores, por un lado la cara más bronca del grupo con temas guitarreros y contundentes, y por otro su gusto por lo acústico y folk en plena vorágine hippy, todo rodeado de un halo misterioso tanto en lo musical como en la propia imagen del grupo. Este fue -y sigue siendo- uno de los grandes atractivos de esta obra, llena de leyendas y chascarrillos a medio camino entre lo esotérico, lo conceptual y lo psicodélico.

Pongámonos en situación, abro la carpeta, saco el disco del encarte, coloco con cuidado la aguja sobre el surco de la cara A y suena “Black Dog”. El “frito” del disco apenas permite escuchar con nitidez el riff de Page pero da igual, es de los que quedan grabados en la memoria por los siglos de los siglos. Esta es una de sus canciones mejor armadas en cuanto a guitarras de ritmo. En general siempre me pareció que éste es el disco con mejores guitarras de toda su discografía, no solamente por el sonido, también por la ejecución. Cuando después escuché otros discos de Led Zeppelin cambió mi idea sobre la forma de tocar de Page, digamos que se me cayeron un poco los palos del sombrajo, aunque con el tiempo he visto en él otros aspectos dignos de destacar, y si no siempre me quedará este disco…

“Rock and roll” es el siguiente tema en sonar. Cientos de versiones, muchas de ellas ejecutadas por grandes grupos, y todavía no he escuchado ninguna con el feeling de la original. Elevaron a la categoría de clásico imperecedero una cosa tan básica como esta, simplemente genial.

El disco sigue con “The Battle Of Evermore”, acústica con colaboración especial de Sandy Denny, cantante por aquella época de Fairport Convention, un grupo de folk inglés que estaba en pleno auge. El final de la primera cara lo ocupa “Stairway to Heaven”, para muchos la obra cumbre del grupo en toda su carrera. ¿Qué se puede contar de este tema que no se haya dicho ya?, pues nada, simplemente escucharla y dejarte llevar por su crescendo para desembocar en el desenfreno total sobre el que se dibuja el mejor solo de Page con Led Zeppelin. Sencillo y efectivo.

La cara B se inicia con “Misty Mountain Hop”, con las teclas en primer plano marcando un riff cansino y heavy, y un pedazo de ritmo de lo más pesado a cargo de Bonham. “Four Sticks” está tocada con cuatro baquetas (de ahí el nombre) en la que el ritmo se basa en el charles y los timbales, de hecho no hay ni un golpe de caja, cosa muy poco usual en la música de Led Zeppelin. “Going To California” es otro momento tranquilo del disco, acústico, con Page tocando la mandolina, Jones la guitarra acústica y Plant haciendo virguerías con su voz en uno de los momentos más sentidos del disco.

El final del disco es para “When The Levee Breaks”. Entrar a una tienda de instrumentos y no encontrarte a algún aprendiz de guitarrista probando algún modelo mientras chapurrea el “Smoke On The Water” de Deep Purple es tan raro como no encontrarte a un batería haciendo lo propio mientras ejecuta el inicio de esta canción. Lo realmente impresionante de este tema, aparte de su base heavy, es el sonido de la batería, grabada en el hueco de la escalera de Headley Grange, situada sobre una base reflectante (piedra) y sin micros en los parches, solamente dos que recogieron el ambiente general del instrumento y que estaban situados a unos 8 metros de altura. El resultado fue un sonido poderoso, mil veces sampleado e imitado. Es mi tema favorito del disco y, probablemente, de toda su obra.

Termina el disco. Da igual que fuera número 1 en las listas de prácticamente todo el mundo civilizado, que contenga algunas de las canciones-himno imprescindibles para entender la historia del Rock o que se hayan vendido varias decenas de millones de discos. Lo que realmente importa es que han pasado 36 años desde que se publicó y sigue impresionando de la misma forma. Seguiremos pinchándolo, continuará emocionándonos cada vez que lo hagamos y servirá de Catón para generaciones futuras.

Alvar de Flack


 

LED ZEPPELIN “III” (1970)

Para entender la tercera entrega discográfica de Led Zeppelin es necesario conocer las circunstancias en las cuales fue gestado. El apabullante éxito de los dos primeros discos llevó a sus miembros a replantearse este repentino cambio de vida. La fama y el reconocimiento mundial les llegó tan de repente que se vieron atropellados, agobiados por una agenda de actividades que les asfixiaba, y decidieron quitarse de la circulación por una temporada para relajarse y coger aire. Y para ello, qué mejor que la verde campiña galesa, donde recuperarían el relax necesario para retomar sus vidas y su carrera con otra perspectiva.

Este tiempo en el campo produjo que a la hora de componer las canciones que formarían parte del tercer disco de la banda, se introdujeran en él muchos elementos Folk que sorprendieron a gran parte de sus seguidores. De hecho, este es el disco más acústico de su carrera y el más Folk de cuantos grabaron. Pero no te vayas a pensar que estás ante un disco de Bob Dylan, porque “Led Zeppelin III” destila Hard Rock a raudales. Como prueba irrefutable, el disco comienza con la demoledora “Immigrant Song”, con un Robert Plant inmenso aullando con su sello característico, con la banda en pleno demostrando su madurez como músicos, con la energía desbordante de estos, sus mejores años.

“Friends” nos indica que algo está cambiando, aquí tenemos los primeros elementos folk, con las guitarras acústicas de Jimi Page y los bongos de John Bonham, y un aire extraño proporcionado por el colchón de teclados con el que John Paul Jones nos envuelve mientras Robert Plant lidera al grupo con una soltura sorprendente. “Celebration day” es una vuelta al Rock and Roll, de hecho es la más rockera del disco junto a “Immigrant Song”, dejando claro que, experimentos aparte, Led Zeppelín dejaba bien sentadas las bases del Hard Rock que se haría en las siguientes décadas.

A estas alturas de su carrera, Led Zeppelin tenía la soltura suficiente para tocar multitud de palos, y en todos salir victoriosos, pero fue su juego con las distintas intensidades el que les llevó al Olimpo. Eran maestros en subir y bajar las emociones a voluntad. “Since I’ve Been Loving You” es una buena prueba de ello. Un largo blues lento y cadencioso en el que consiguen un in-crescendo fabuloso, parando en seco, volviendo a retomar suavemente y volviendo a emocionar a voluntad, con un trabajo extraordinario de Plant y Bonham, que combinan a placer tanto las partes suaves como enérgicas, y con un Page extraordinario liderando sin estridencias una de las mejores canciones del disco.

“Out On The Tiles” es mucho más fresca, un buen puente entre los temas más duros del disco y los de más clara inspiración folkie. Sorprendentemente, es el último tema no acústico del disco, cuando aún nos queda por delante la mitad del disco (la segunda cara en el vinilo original)

“Gallows Pole” es una maravilla. Un tema tradicional arreglado por Page y Plant con un inicio acústico muy suave, con Plant cantando con una suavidad exquisita sobre un fondo de guitarras acústicas, el grupo va entrando poco a poco, demostrando su dominio absoluto de la intensidad. Las progresivas entradas de John Paul Jones con el bajo y, sobre todo, la arrolladora aparición de John Bonham dotan al tema de una energía impensable en un tema acústico, aumentando su fuerza hasta el final.

“Tangerine” y “That’s The Way”, sin embargo, son dos tiernas baladas en el que muestran su dulzura, y en la que Robert Plant muestra su lado más romántico y enternecedor, mientras que el resto del grupo se recrea construyendo pasajes lejanos

“Bron-Y-Aur Stomp” es muy rítmica, vacilona y alegre, y marca el final del disco junto a “Hats Of To (Roy) Harper”, un experimento raro y distorsionado enmarcado en la psicodelia de aquel puente entre las décadas ’60 y ’70.

Led Zeppelin III” muestra, en definitiva, a una banda madura, con el suficiente peso para hacer lo que le viniera en gana. Su trabajo más acústico que precedió a un nuevo giro en su carrera, el más rockero y significativo. Pero ese es el siguiente capítulo, y le corresponde a otro contarlo.

Shan Tee


 

LED ZEPPELIN “Led Zeppelin II” (1969)

A finales de octubre de 1969 Led Zeppelin todavía no eran la banda más grande del planeta, pero les faltaban pocas semanas para serlo. Si con el disco debut se habían convertido en algo grande, llegando el disco al número seis en las listas de éxitos, su segunda obra iba a catapultarles directamente al número uno tanto en Inglaterra como en USA, donde llegaron a facturar más de cuatro millones de dólares de los de entonces. El 22 de octubre de ese año salía al mercado su segundo disco y empezaba un reinado con el que no acabaría ni la disolución de la banda 11 años después.

Led Zeppelin "II" repetía la formula del primer disco pero mejorando lo poco mejorable de aquel. El sonido se hizo más crudo y las composiciones más redondas y pulidas, a pesar de que fue compuesto durante una gira. Se grabó en estudios diferentes y fue producido por el propio Page (con la ayuda de Eddie Kramer), que aprovechó para ensayar algunas de sus descabelladas ideas, como tocar la guitarra con un arco de violín, y para hacer un disco donde la improvisación se daba la mano con la experimentación.

Una versión mutilada de “Whole Lotta Love” (lo que enfadó a los músicos) fue el primer single y fue un éxito rotundo. El tema tenía una parte central en la que Page había experimentado de todo, desde el uso de un instrumento absurdo como el Theremin hasta filtrar hasta el infinito susurros de Plant mezclados con los platos de Bonham. Alguien pensó que todo aquello no era lo suficientemente comercial y se optó por editar dicho tema para sacarlo como single. Lo que no pudieron editar fue el memorable riff de Page, uno de los mejores y más reconocibles de la historia del Rock. Sin embargo, la letra del tema no tuvo tanto éxito, sobre todo debido a que era una copia de una de las coplas de Willy Dixon y, lógicamente, éste les puso una demanda que ganó y desde entonces aparece en los créditos de la canción.

Otra de las canciones estrella del disco, si no lo eran todas, fue “Lemon Song”; un tormentoso blues por el cual también volvieron a ser demandados por plagio, esta vez por Howlin Wolf. De todas maneras, la copla desemboca en uno de los mejores punteos de Jimmy Page, aunque nada comparable con el que hizo poco después para “Heartbreaker”. A Page se le ha acusado siempre, con razón, de ser bastante torpe con la guitarra y de atropellarse más de una vez. Vale ¿y qué? Desde luego cuando vives en un mundo de idiotas corre-mástiles estas afirmaciones pueden tener sentido, pero Jimmy Page era mucho más que un tío que tocaba la guitarra. Yo personalmente no cambiaba el solo de “Heartbreaker” por muchas otras composiciones más académicas. Y es que por mucho que critiquemos ese punteo: ¡El solo de “Heartbreaker” es el Rock & Roll!

Si alguien pensaba que usar la temática del Señor de los Anillos en el mundo del Rock iba a ser algo debido a los insípidos grupos de Power Metal de finales del siglo XX, está bastante equivocado. Led Zeppelin ha hecho varias veces referencia a la obra de Tolkien. En “Ramble On” lo hacen por primera vez, con referencias explicitas a “Mordor” y “Gollum” y todo esto hablando de mujeres. Un tema por otra parte exquisito donde toda la banda brilla a gran altura.

Led Zeppelin eran tan grandes que, como más tarde se vio en el monumental “Physical Graffiti”, el material que sobraba era tan bueno como el que finalmente usaban. Cuando Bonham decidió incluir un solo de batería en el disco, aunque la idea realmente fue de Page que usó varias partes de Boham tocando a modo de puzzle, usaron un excelente riff que tenían metido en un cajón para acompañarlo. Luego el tema discurre entre los timbales y platos de Bonzo, que si bien en unas primeras escuchas impresiona al final termina cortando el ritmo del disco. Yo por lo menos me salto esta pista cada vez que lo oigo. De todas maneras “Moby Dick” es un clásico como pueda serlo “The Mule” o “Toad” de Purple y Cream respectivamente.

Podría haber hablado con la misma pasión de otros temas del disco, caso de “Living Loving Maid”, uno de mis temas preferidos, o la preciosa “Thank You” dedicada a la mujer de Plant y donde éste vuelve a dejarnos con los pelos como escarpias cantando entre susurros, pero “Led Zeppelin II” es un disco perfecto de principio a fin, da igual empezar por arriba o por abajo, no hay nada que sobre (excepto el solo de "Moby Dick" cuando ya lo has oído decenas de veces) y que marcó un antes y un después en el mundo del Rock. Y ojo, todo eso cuando lo mejor estaba todavía por llegar.

Perico Salinas “Pears”rico Salinas “Pears”


 

LED ZEPPELIN “Led Zeppelin” (1969)

Mediados de 1968: Los Yardbirds acababan de pasar a mejor vida. Atlantic, su discográfica, le dio crédito casi ilimitado a Jimmy Page para montar un grupo con el que desarrollar todo su potencial como músico, tanto en la faceta de guitarrista, como en la de compositor o productor. Esa era la confianza que la empresa tenía en él. No tardó mucho en hacerse con los servicios de John Paul Jones, un músico de sesión multi-instrumentista, y dos ex-miembros de los Band of Joy, el cantante Robert Plant y su amigo el batería John Bonham.

La idea de montar una nueva banda bajo la sombra de los Yardbirds y el auspicio de Peter Grant, capitoste del “negocio” por aquella época, no les hizo mucha gracia a sus contemporáneos. Keith Moon, batería de los Who, dijo que caerían en picado como un Lead Balloon (“Globo de plomo”), pero el bajista John Entwistle corrigió (y aumentó) a su compañero añadiendo que sería más bien como un Lead Zeppelin. Fue el propio Peter Grant quien modificó la frase dejándolo en Led, para que no hubiera errores de pronunciación, y convirtió el adjetivo en el nombre definitivo de la banda.

La calidad como músicos era tal que les bastó poco más de un mes de funcionar como grupo, incluida una pequeña gira de unos diez días por Escandinavia todavía como “The New Yardbirds”, para meterse en los estudios Olympic, al sur de Londres, y registrar su primer disco a modo de tarjeta de presentación. Era octubre de aquel año, revolución social, Woodstock, paz, amor y flores en el pelo.

“Led Zeppelin” se grabó al estilo de la época (todos los músicos tocando a la vez) con el objetivo de registrar lo que eran capaces de dar en directo. La grabación costó algo más de 1.700 libras esterlinas, y se utilizaron quince horas repartidas entre nueve días para registrar otras tantas canciones, más otras quince horas para las mezclas. Fue producido por el propio Jimmy Page, quien consiguió un resultado muy vivo, muy dinámico, como si las canciones estuvieran tocadas en la propia habitación en la que suena el disco que tienes puesto, y esa inmediatez en el sonido fue realmente original en la época.

El disco contiene algunos de los temas clásicos del grupo como “Good Times, Bad Times” que abría el disco para dejar claro por donde irían los tiros. Temas cortos y directos como ese o incluso de ritmo más frenético, caso de “Communication Breakdown” o, contrastando, largos e intensos como “Babe I’m Gonna Leave You”, y de regusto bluesy al estilo de las jam-sessions tan usuales en la época como “You Shook Me”, basado en el mismo tema de Willie Dixon. Por cierto, del mismo autor es “I Can’t Quit You Baby”, blues en versión revisada e intensificada.

En este sentido de intensidad, y dando pie a Jimmy Page a que se explayara a gusto en los directos, ninguno mejor que “Dazed And Confused”, una especie de paranoia psicodélica con cambios bruscos que hacen pasar al tema de la meditación al desenfreno sin transición posible. Otro de sus grandes clásicos.

También quedaron patentes en este disco dos características que lo serían en el futuro del sonido del grupo, los temas largos y complejos rítmicamente, como “How Many More Times”, y los temas acústicos y relajados, caso de “Your Time Is Gonna Come” y, especialmente, “Black Mountain Side”, una de las perlas de reminiscencias folk de su discografía.

Las grabaciones de estudio de los grupos de Rock hasta entonces sonaban algo flojas o, al menos, no reflejaban lo que los grupos podían dar de sí en directo. Led Zeppelin tuvieron claro desde el principio que eran un grupo de Rock, con un batería contundente, un cantante de amplios registros, un guitarrista genial (a su modo) y un músico más que competente en la parte técnica, y esas eran las características que querían explotar. “Led Zeppelin”, el disco, captó perfectamente aquella situación y consiguió atraer la atención del mundo del Rock. En gran parte también contribuyó a ello una portada que causó cierto impacto y que también era reflejo de lo que había en su interior. Es un dibujo que reproduce una fotografía del accidente del dirigible Hindenburg en 1937, que también causó un shock importante como noticia de aquel año.

Fue el principio de una carrera brillante, intensa pero demasiado corta. Luego vendrían discos que mejorarían la propuesta en cuanto a sonido y otros aspectos, pero es difícil encontrar un disco-debut con tanta trascendencia como este. Simplemente genial.

Alvar de Flack