Editorial Enero 2015: “Rockeros de clase alta”

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Editorial Enero 2015El anuncio de los próximos conciertos de AC/DC en España ha levantado una enorme polvareda en todos los hervideros donde se habla de rock. Mejor dicho, ha sido su elevado precio lo que ha disparado opiniones de todo tipo, la mayoría bastante viscerales, sobre el elevadísimo precio de las entradas, en torno a los 90 € cada una. Algo que se podría aplicar a la llegada de Kiss, tres semanas después, que aterrizarán también por aquí a casi 80 € por localidad.

Las 55.000 entradas que se pusieron a la venta para el concierto de AC/DC volaron en apenas hora y media. En seguida se anunció otro concierto, tres días después, también en el Vicente Calderón, y el ritmo de venta fue similar. Todo ello en una ciudad (y en un país), donde los conciertos de rock suelen estar casi vacíos en la mayoría de los casos, lo que ha hecho poner el grito en el cielo a muchos de los habituales en esos pequeños conciertos, tanto músicos como aficionados de a pie, lanzando acusaciones no sólo al grupo y al promotor, sino también al público que asistirá a estos conciertos.

En la oportunidad que me brinda este editorial, voy a intentar dar mi opinión sobre el tema, lo más razonada y recapacitada posible.

Lo primero que quiero dejar claro es que cada uno hace con su dinero y su tiempo libre lo que quiere. Faltaría más. Cada persona es libre de decidir gastar lo que su bolsillo y su sentido común le permitan en aquello que le apetezca, y nadie debe de reprocharles nada por ello.

En segundo lugar, es evidente que estos conciertos se llenan por público que habitualmente no va a conciertos de rock, ya que estos no llenarían ni el área pequeña del campo de fútbol donde se va a celebrar el concierto. ¿Quiénes son, entonces, los que llenarán el Calderón esos días? Pues los habrá varios colectivos, a saber:

Por un lado, aquellos que por compromisos familiares, laborales o porque los años les han hecho vagos y acomodarse en el sofá, y para los que un evento así es la ocasión en que se deciden a rememorar sus años mozos. Suelen ser antiguos rockeros que se desengancharon hace años, que no han oído nada de los últimos discos del grupo, y que irán al concierto buscando más nostalgia que música. Una especie de “Regreso al futuro” para viajar en el tiempo hacia atrás.

Por otro lado, los que por un motivo u otro nunca han visto al grupo en directo, y es uno de los grandes “que hay que ver una vez en la vida”. Si no han visto nunca a AC/DC en los conciertos anteriores del grupo en nuestro país, hacen el esfuerzo de asistir porque ahora sí que parece evidente que no habrá más oportunidades.

También estarán los que no son ni rockeros ni nada que se le parezca, pero que consideran que es un evento cool al que hay que ir a ver y dejarse ver, y después poder decir que han estado allí. Estos sólo conocerán “Highway To Hell” y poco más, y les sonará que uno de los músicos va en pantalón corto. Pero irán al concierto, si pueden a la zona VIP, se comprarán una camiseta (o dos), una gorra, unos cuernos con lucecitas y hasta el programa oficial de la gira cosa. Será por dinero… Y mañana, igual que han ido a ver a AC/DC, irán a ver a Madonna, U2 o Michael Jackson (¡perdón, a éste ya no!).

No hay que olvidar a los fanáticos del grupo. Estos irán a los dos conciertos del Calderón, al de Barcelona, y si pueden a alguno más de la gira, exprimiendo su bolsillo como si fuera un limón.

Y, por supuesto, los rockeros de verdad que han decidido ir al concierto porque les gusta el grupo lo suficiente para pagar ese precio por la entrada.

Todos ellos merecen mi respeto. Acudir a un concierto de rock en directo, y más a un grupo tan histórico, y que además ofrece un espectáculo visual además de sonoro tan completo, es una de las mejores formas de gastar el dinero dedicado al ocio.

¿Cuál es el problema, entonces? Son varios, aunque quizá no se sostengan tanto si escarbamos un poco en ellos.

Es carísimo, sin duda. Pero si algo se me pegó en los años que me pasé jugando al mus en el bar de la Facultad de Económicas, es aquello de la oferta y la demanda. Si a este precio las entradas te las quitan de las manos, no es “demasiado” caro, en términos económicos. El alto caché del grupo y el interés del promotor en rentabilizar la ocasión lo han llevado a ese precio, y la realidad, tozuda ella, demuestra que no se han equivocado. Porque si mañana, en otro concierto, ese mismo promotor pierde dinero, nadie le va a dar un extra para compensarle.

También he leído y escuchado muchas quejas del tipo “se gastan ese dineral en la entrada de AC/DC y después no van a conciertos pequeños de grupos españoles”. Esto son ganas de “echarle la culpa al empedrao” o buscarle tres pies al gato. La triste realidad es que el 95% del público que acudirá al Calderón no va a conciertos de grupos españoles porque no le da la gana. Sencillamente. No le atraen. El problema no tiene que ver con que Angus & Co. les hayan dejado el bolsillo pelado, sino que pasan olímpicamente de ese tipo de conciertos. Y si alguien utiliza esa excusa, miente como un bellaco.

¿Cuál es mi opción? Yo no voy a ir. Es MI decisión. Tiene que ver con que me parece mucho dinero para un grupo en clara cuesta abajo al que se le van cayendo componentes por el camino y al que (también influye) ya les he visto ya 4 veces en el pasado, todas ellas en mejor forma que en este 2015 que empieza hoy. Y por los mismos motivos tampoco iré a ver a Kiss. Pero respeto a todos los que decidan ir, por el motivo que sea.

Quiero terminar este editorial deseando feliz año a todos nuestros lectores, tanto habituales como esporádicos, y agradecerles que visiten este rincón de internet dedicado al hard rock y heavy metal. Acometemos este nuevo año en el que The Sentinel cumplirá 14 de existencia, con las mismas ganas de siempre y deseando seguir siendo merecedores de vuestra confianza.

Santi Fernández «Shan Tee»