SONIC YOUTH “Daydream Nation” (1988)

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sonicyouth_daydreamnationDicen que para romper las normas antes tienes que conocer las normas. Era 1988 y Sonic Youth, banda de absoluta vanguardia, estaba a punto de fichar por Geffen, uno de los sellos que sólo dos años después sería clave para la consolidación del rock alternativo y del grunge. Unos noveles Nirvana no tardarían en codearse con los veteranos Sonic Youth, catapultados al éxito gracias a su poderosa nueva discográfica y al éxito rotundo de este “Daydream Nation”. Y es que este disco, una joya que ahora mismo está sonando en mi reproductor, fue el detonante de muchos, muchos acontecimientos musicales de la década siguiente. “Daydream Nation”, en mi opinión, no es ni de lejos el mejor disco de los de Nueva York. Pero la influencia y el éxito que cosechó cambiaron el rumbo del rock. La elaboración del progresivo, el nihilismo del punk, la frescura del rock de garaje, los sentimientos góticos y, por encima de todo, la voluntad de experimentar, evolucionar y no encasillarse fácilmente hacen de “Daydream Nation” un capítulo único de nuestra música que vale la pena revisar hoy.

Repito: para romper las normas antes tienes que conocer las normas. Sonic Youth eran herederos directos de la no wave, del punk y del rock and roll de los setenta, pero rápidamente dieron el salto de gigante hacia un sonido cien por cien propio. Sus anteriores álbumes, “Sister” (1987) y “Evol” (1986) ya perfilaban la voluntad de ser líderes y estandartes de la innovación, de luchar en primera fila y de abandonar el cómodo aposento que proporciona seguir las pautas establecidas. Con algunos cambios en el puesto de batería, una esencia de cuarteto setentero y una tendencia puntual hacia un sonido dulce y melódico, para mediados de los ochenta Sonic Youth ya habían popularizado el noise rock y tenían críticas siempre favorables, tanto de la prensa como de sus compañeros de oficio. “Daydream Nation” fue el detonante que catapultó la banda a la fama y llamó la atención de todo el mundo, precisamente por conciliar las diversas tendencias que los de Nueva York presentaban y ofrecer al público un disco equilibrado y, a la postre, un clásico de referencia.

El punto de inflexión es evidente. Por decirlo rápidamente, este doble disco definió la manera de entender la música propia del indie rock. Sus referencias a la cultura pop de la época -los guiños a Led Zeppelin en los símbolos, a escritores de la época en las letras, a Andy Warhol, etc.- son expresamente ambiguas y se mueven entre el homenaje y la voluntad de crear una obra de arte total, no sólo musical. La banda experimenta, juega con las cacofonías y da una impresión de frescura inimitable: entre los himnos pop adolescentes (“Teenage Riot”) y los temas experimentales (“Total Trash”), el disco hace un uso constante de melodías recurrentes e hipnóticas (“Eric’s Trip”) y de ruidos musicados (“Silver Rocket”) para elaborar un álbum ecléctico, autónomo y muy revolucionario para la fecha. Lo más sorprendente es que incluso hoy en día el disco suena a flamante novedad.

Hay muchas razones para prestar la atención que se merece a “Daydream Nation”. Ya sea por su valor histórico, por tratarse de un buen álbum introductorio a la banda, para entender el rock alternativo posterior o, simplemente, para gozar de una hora de música creativa y sin ataduras, vale la pena acercarse a este disco con la mente abierta y ganas de que nos sorprenda. A más de uno puede que incluso le rejuvenezca.

Jaume “MrBison”