W.A.S.P. “Unholy Terror” (2001)

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wasp_unholyterrorDespués de tantos años, Blackie Lawless parece haberle ganado el pulso al paso del tiempo y, para deleite de los que disfrutamos con su música, continúa en el show business a pesar de los altibajos en la calidad de la formación que lidera. “Helldorado” fue una declaración de principios, quizá en exceso por lo lineal de las canciones allí incluidas, del regreso a los tiempos jóvenes de la banda, cuando su Heavy Metal americano tan fresco y personal sorprendió a propios y extraños. Ahora es cuando le ha llegado la hora de hacer un tributo a toda su obra y repasar en un solo trabajo todo lo que han sido W.A.S.P. durante las dos décadas anteriores.

El disco se abre con “Let it roar”, un corte de la escuela más clásica de W.A.S.P., atemporal y descendiente directo de los Kiss más salvajes (escucha “I stole your love” y luego saca conclusiones). El torbellino continúa con “Hate to love me”, que bien podría pertenecer a cualquier disco de la primera época del grupo, con un estribillo donde la voz de Blackie es apoyada a la perfección por unos coros sublimes “marca de la casa”. La parte intermedia de este trabajo es una especie de repaso al sonido de W.A.S.P. durante la etapa 1992-1997: en “Loco-motive man” reconocerás cierta semejanza con el tema que dio título al álbum “Still not black enough”, mientras que “Charisma”, con “Unholy terror” haciendo las veces de introducción, hereda el sonido de “Kill fuck die”. “Euphoria” es un instrumental completamente inédito en la discografía de Lawless, donde éste deja a un lado la rabia a la que nos tiene acostumbrados para revelarnos su cara más intimista como músico en una pieza que revisa la calma oscura de aquellos “Fluff”, “Planet Caravan” o “Laguna sunrise “de Black Sabbath. Por su parte, “Evermore” baja el acelerador y nos hace saborear uno de los pocos momentos de rélax que nos concede el disco, al igual que “Forever free” hacía lo propio en “The headless children”. “Who slayed Baby Jane”, “Raven heart” y la que cierra, “Wasted white boys”, recuperan la intensidad del comienzo del disco, sencillas, directas y un seguro de éxito para ser interpretadas en directo.

La variedad que ofrece “Unholy terror” hace que no decaiga en ningún momento y se convierta en monótono y autocomplaciente, algo de lo que adolecía “Helldorado”. Desde “The crimson idol” no habían editado un álbum tan completo y, sin llegar a estar entre los mejores lanzamientos de la banda (porque en sus comienzos hicieron gran parte del trabajo), hay que admirar a las huestes de Blackie Lawless y Chris Holmes por seguir en su sitio aún cuando claramente estos ya no son sus tiempos de gloria.

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J. A. Puerta