SKID ROW “Thickskin” (2003)

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skidrow_thickskinLas noticias en torno a la vuelta de Skid Row llegaban con cuentagotas a Europa. Después de pasar ocho años en el dique seco, todo lo que sabíamos de ellos era que en un futuro cercano no habría posible marcha atrás en el asunto Sebastian, que junto a Poison, Vince Neil o Kiss estaban girando por Estados Unidos con su nuevo cantante, Johny Solinger, y que Rob Affuso había salido de la formación. Por tanto, la publicación de “Thickskin” era esperadísima dentro del ahora reducido círculo de seguidores que les resta.

Tras devorar el disco enésimas veces, me ha dejado un poso agridulce. A grandes rasgos diferenciaría tres bloques de canciones: el primero, pretenciosamente moderno, pero que no deja de ser un quiero-y-no-puedo; el segundo, aceptable sin más; y un tercero donde asoma la genialidad de antaño.

El intentar absorber el influjo de Marilyn Manson a través de una “singular” revisión de “Beautiful people” titulada “New generation” o reproducir los tempos manejados por Rob Zombie en el estribillo de “Thick is the skin” no podía haberles salido peor. Además de mero relleno, las susodichas sientan precedente negativo en una banda cuya capacidad de beber de fuentes diversas era hasta ahora incuestionable. Esta papeleta la solventan con “Born a beggar” y el medio tiempo “See you around”, hechas para batirse en la arena con cualquier sencillo de Nickelback y abrir las puertas a una generación de jóvenes que no los conoce más que de oídas. Que éstos sean receptivos es otra historia.

Entre las canciones que andan en la cuerda floja que separa la mediocridad de una cota mínima de excelencia se encuentran “Mouth of voodoo”, una rebautizada “I remember you two” que podría colar como material para el próximo disco de Backyard Babies pero que destroza el delicado trato de la original, un más que correcto flashback de “Subhuman race”, pese a no alcanzar el listón de “Firesign” o “Beat yourself blind”, de nombre “Lamb” que transmuta a Solinger en Seb Bach y una inesperada deferencia hacia el sector heavy con un “Hittin’ a wall” que suena a tributo a Judas Priest.

El álbum no está exento de momentos brillantes y “Ghost”, “Swallow me (The real you)”, “One light” y “Down from underground” sacian, sólo en parte, la larga espera a la que nos han sometido Skid Row.

Bolan, Sabo y Hill no han perdido el norte y han encontrado en Solinger una voz versátil y competente. Sobra decir que no admite comparación alguna con su precursor: no hay ni rastro de agudos exagerados y los registros son, por decirlo de alguna forma, más estándar. No obstante, conviene aproximarse a estos Skid Row como si nos hallásemos ante un grupo distinto ya que, de lo contrario, caeremos muy pronto en la cuenta de que la materia prima, llámese Sebastian Bach, no está ahí. En ese sentido esta reunión aún debe sortear numerosos obstáculos ya que la sombra del pasado es demasiado alargada y su presente está a años-luz de lo que un día fueron.

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J. A. Puerta