TIERRA SANTA “Destino” (2022)

¡ Comparte esta noticia !

Reseña originalmente publicada en catalán en El Rock-Òdrom

Introducción y contexto:

Descubrí a Tierra Santa en los tiempos de “Legendario” (1999) y viví la etapa de más éxito de la banda con la salida de sus dos álbumes más exitosos, “Tierras de leyenda” (2000) y “Sangre de reyes” (2001). Unos tiempos de cambio de siglo en que el metal español vivió una de sus épocas doradas, donde se dieron la mano el resurgimiento del heavy tradicional en toda Europa y la aparición de los mejores discos de algunas de las bandas de nuestra escena, entre ellas, Tierra Santa. Esta segunda edad de oro (después del estallido de los primeros ochenta) mereció una serie de 3 capítulos especiales del Rock-Òdrom que podéis volver a ver aquí

Pero centrémonos en los protagonistas de hoy. Para mí, en aquellos años de más éxito de la banda, Tierra Santa era un grupo que hacía canciones fáciles de escuchar, con facilidad para crear melodías de las que saben engancharse a la memoria y con un estilo muy característico y reconocible. No obstante, este estilo que seguía un patrón musical muy marcado hacía que muchas (demasiadas) canciones del repertorio de la banda se asemejaran enormemente entre sí. Tanto es así que recuerdo un concierto suyo en la antigua Salamandra 2 (la de las columnas) presentando el disco “Sangre de reyes” donde, un amigo que me acompañaba y yo, empezamos a cantar una canción y hasta casi un minuto después ¡no nos dimos cuenta que era otra! No es que fuéramos bebidos ni nada pareciendo eh, es que aquellas canciones de Tierra Santa se parecían todas en exceso. Siendo injusto, podría decir que, escuchadas tres o cuatro, escuchadas todas.

Casualidad o no, mi interés en la banda fue menguando en la misma medida en que menguaba su popularidad. Con “Indomable” (2003) seguían explotando una fórmula ganadora que se agotaba. Fruto de esto (o no) para el último álbum que sacaron con la formación original, “Apocalipsis” (2004), exploraron nuevos caminos musicales, adentrándose en sonoridades nuevas y flirteando con el Hard Rock.

En esta etapa sufrieron la pérdida de buena parte de su base clásica de seguidores y no consiguieron arañar suficientes nuevos. Este alejamiento de su estilo más reconocible, se consumó con “Mejor morir en pie” (2006), un álbum calificado por muchos de los entendidos en la trayectoria del grupo (mucho más de lo que pueda serlo yo) como lo más desacertado de toda su discografía. Poco después, Tierra Santa anunciaba su disolución, en principio, definitiva.

No obstante, pocos años después, la banda de La Rioja más importante de todos los tiempos volvía a los escenarios con la presentación de un nuevo álbum, “Caminos de fuego” (2010) que, desde mi punto de vista era un poco un «quiero y no puedo». Un disco que quería ser un retorno al Heavy Metal pero sin ser un “Sangre de reyes 2” y que, desgraciadamente, no tenía ninguna gran canción. En otro tumbo, con “Mi nombre será leyenda” (2013) la banda sacaba su álbum más alejado del metal, siendo este un trabajo de Hard Rock blando que, tengo que deciros, encontré bastante interesante. Siempre y cuando, está claro, no tuviéramos en cuenta que estábamos escuchando un disco de los Tierra Santa que todos recordábamos.

Después de aquello, un recopilatorio (“Esencia”, 2014) con canciones clásicas grabadas de nuevo en eléctrico y en acústico que no recuerdo nadie a quien le gustara y, finalmente, el 2017 sacan “Quinto elemento”, del cual solo escuché el sencillo y que me reafirmó en que Tierra Santa ya no me interesaba.

Escuchando el disco de Tierra Santa, “Destino”.

Sin embargo, mira tú por dónde, la curiosidad me picó cuando hace unos días recibí el sobre con CDs promocionales que periódicamente Maldito Records envía a los medios con bandas de su catálogo. Entre los discos estaba el decimosegundo álbum de estudio de Tierra Santa, “Destino”, grabado en los estudios Siglo XXI, habituales en la trayectoria de la banda.

Los actuales Tierra Santa conservan dos de sus miembros originales: El bajista Roberto Gonzalo y su cantante, guitarrista y compositor principal Ángel San Juan. La formación actual la completan Juan Antonio San Martín (ex Sátira) a los teclados, Dan Díez (ex Red Wine, Zenobia y reputado productor) a la otra guitarra y Francisco Gonzalo Castillo (ex Barra Libre, Aposento, Leviathan, etc.) en la batería como última incorporación.

Durante la rueda de prensa que hicieron para presentar “Destino”, Ángel San Juan dijo que este es un disco muy visceral, consecuencia de la pandemia y el confinamiento que tanto les ha marcado.

Fruto de esta visceralidad, podemos decir sin tapujos que “Destino” es un claro retorno de Tierra Santa al Heavy Metal que los llevó hasta arriba de la escena ya hace más de veinte años. Canciones como “Mi libertad” o “El Dorado” habrían podido estar perfectamente en algunos de los discos de principios de milenio. Tienen una estructura y un sonido tan de aquellos álbumes que se podrían confundir y todo.

Con esto quiero decir algo similar a lo que decía al principio de esta reseña. Con “Destino”, Tierra Santa vuelven a hacer canciones como las de antes, con lo bueno y/o lo malo que eso tenga.

Sin duda, las letras siguen evolucionando y los temas históricos y mitológicos ya no tienen el peso de entonces. Excepto “El poder de la tormenta” (dedicada a Thor), las letras hablan más de estados de ánimo, anhelos o pérdidas.

Hay bastantes canciones en “Destino” que tienen el don de entrar a la primera, cosa nada sencilla y de la cual Tierra Santa fueron auténticos maestros. De todas, la que más me ha gustado es “Pecado de ángel”. 100% Tierra Santa. La que da nombre al trabajo, “Destino”, “La fuente de la juventud”, “Grande alma” o las ya mencionadas “Mí libertad” o “El Dorado, no se quedan atrás.

En conclusión:

Si añoras los Tierra Santa del cambio de siglo y te gustaría que volvieran a aquel sonido y aquellas canciones, estás de enhorabuena. Si, en cambio, acabaste harto de aquella manera de hacer tan repetitiva y valoras más su etapa que va de “Apocalipsis” en adelante o ni siquiera eso, entonces “Destino” no es para ti.

Si, como yo, tienes un pie en cada bordillo, escúchalo. Imagínate que no has escuchado este grupo en toda tu vida, ponte el disco a todo trapo y disfrútalo. ¡Te lo pasarás bien!

PD: Esta ha sido mi reseña número 100. Una cifra lo suficientemente redonda como para ser mencionada, ¿verdad?

César Rojas