LÈPOKA “El baile de los caídos” (2020)

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Reseña originalmente publicada en catalán en El Rock-Òdrom

Cuando Eilena entró a la taberna Mariposas de la Noche llevaba un disco en la mano que dejó sobre una mesa de madera cerca de la entrada con una sonrisita pícara. Al mirar a su alrededor se encontró con que la mayoría de los que estaban ahí dentro carecían de vida y, por si fuera poco, de un cuerpo en condiciones. Todos eran esqueletos andando y cantando por ahí, otros se atravesaban con espadas y se dejaban caer al suelo como si hubieran sido abatidos realmente y después se mataban de la risa. Siguió caminando entre un poco sorprendida y fascinada.

  • ¡Vaya! -exclamo al llegar a la barra-
  • Tabernero, una garra de cerveza grande que esta noche hay que beber para creer

 Con el rabillo del ojo vio acercarse a un esqueleto que parecía más «especial» que los otros, hasta parecía sonreírle, pero claro, aquel pensamiento le sacó la sonrisa pues ¿Cómo sonríe un esqueleto? Envuelta en ese pensamiento estaba cuando la interrumpió aquel «sonriente» personaje.

  • Hola, señorita de cabellos morenos y ondulados, me imagino que me has reconocido al instante– le dijo
  • Ni idea -respondió la chica-
  • No sabéis quien soy, esperaba más de vos, no hay botín que yo no alcance ni mar que me cause pavor, muchos casi me logran capturar, nunca han podido, quieres quieran oír mi historia, aguzad el oído. -dijo, el que ahora parecía importante-

Mientras hablaba, otros esqueletos se subían a una tarima y empezaban a tocar una música muy molona con violines, flautas, guitarras y una batería que no se sabe de dónde salió.

  • Nosotros somos Lèpoka, una banda de piratas que ha caído innumerables veces en batalla y que invita a todo aquel que su batalla vio perder a beber para combatir la sed.

En un parpadeo ya estaba bailando y cantando con los demás en la tarima y contando una historia que a Eilena le pareció genial, más cuando hablaban de las opciones que tienen algunos entre morir y obedecer. Todos los esqueletos elevaron las cervezas al aire y no paraban de corear toda la letra. Eilena se encontraba estupefacta cuando el tabernero se acercó y le dio una tabla con letras quemadas, eran las canciones que sonarían el resto de la noche.

  • Estos chicos no pierden la oportunidad de contarte sus viajes, y me parece que lo hacen muy bien, pues que la vida no es más de siete viajes al final -le dijo el tabernero.
  • Ese que tiene el semblante de capitán es Dani Nogués, el que canta -explicó-

A Eilena le brillaban los ojos al verlo con ese entusiasmo y ánimo sobre la tarima.

  • El que toca la flauta y demás instrumentos de viento es Zarach Llach, dicen que aun cuando le llegó la hora soltó todo y solo se aferró a su flauta. -continuó-
  • El que está sobre el barril de cerveza es Carlos Zaph y es un maestro del bajo. Y los dos que están espalda con espalda con las guitarras son Dionís Torralba y Pópez Pérez, y al fondo en la batería que no se sabe de dónde la saca está el maestro Jaume Felip. Son de Castellón y vagan entre los mundos contando sus hazañas o sus derrotas.-añadió el tabernero.

Eilena se dejó llevar por la música, siguió las letras de las canciones, saltó a la tarima más de alguna vez, sobre todo en “Pandemonium”, en la que se abrazó con Dani y en “Heavyátrico”, que le sacó risas y movimientos de cabeza de aprobación mientras escuchaba la letra y miraba con admiración a Jaume. “Contra viento y marea” le produjo risas y le hizo pensar en que debería salir un día de aquel pueblo en medio de la nada.

Ya la luna se acostaba cuando terminaba el toque, los esqueletos fueron desapareciendo poco a poco. Al final Dani se volvió a sentar a su lado y brindaron.

  • Bueno, chica de otro tiempo, hasta que nos volvamos a ver -le dijo Dani.
  • Ha sido la noche más espectacular en mucho tiempo, a veces siento que mi vida se hunde en las tinieblas, pero vuestra música me ha dado esperanza en estos tiempos oscuros y sin dudarlo es lo mejor que les he escuchado. -dijo Eilena.

Cuando Eilena salió de la taberna Mariposas de la Noche, cruzó la plaza en donde solo había cenizas de una hoguera, a lo lejos se veía un dragón espectral en el que se alejaba Dani, cruzó los abedules y entró en su viejo taller con la esperanza de volver a ver a Lèpoka una noche más.

Daniel Huezo