ZENOBIA “VI” (2020)

¡ Comparte esta noticia !

Hace tiempo que Zenobia adquirió la madurez necesaria para ser un grupo consagrado. En unos tiempos en los que la venta de discos es testimonial y después de más de un año sin conciertos debido a la situación sanitaria, el prestigio de un grupo se basa en la sensación que deja en quien escucha su trabajo, labrado con tras años de duro trabajo y talento demostrado en cada disco, en cada concierto.

Década y media separa su disco debut, aquel “Luchando hasta el final” de 2005 hasta este último “VI” que supone hasta la fecha su última creación. Entre ellos, “Alma de fuego” (2009), “Armageddon” (2012), “Forever” (2014) y “Alma de fuego II” (2016), a los que hay que añadir un single (2010) y un directo (2011) compartidos con Dünedain y un par de recopilatorios temáticos, “Supernova” (2014) y “Baladas” (2015).

Para afrontar la grabación de “VI”, Zenobia tuvo que afrontar unos movimientos de consideración en sus filas. El más relevante fue la salida del gran guitarrista Víctor de Andrés con destino a Mägo de Oz, siendo sustituido no por uno, sino por dos nuevos elementos a las seis cuerdas: Mario Suárez y Marcos Llorente. También el puesto de bajista ha sufrido un cambio, dejando Salva Hache su lugar a Héctor Hernáez. En total, 3 músicos nuevos (la mitad de la formación) para acompañar a los dos fundadores que aún permanecen en Zenobia desde sus inicios: Jorge Berceo (voz) y Javier Herrero (batería), más el teclista Ernesto Arranz, quien ya participó en el disco anterior, “Alma de fuego II”.

Con tantos cambios, pudiera pensarse que Zenobia ha grabado “VI” en pleno ejercicio de reconstrucción. Si es así, no se nota en absoluto. La banda suena compacta, poderosa y contundente como si estos músicos llevaran toda la vida tocando juntos. Aun así, los cambios se notan, pero no necesariamente a peor, sino en sentido positivo. La evolución de Zenobia es fruto del paso de estos años y de la aportación de sus nuevos músicos, con el resultado de una versión corregida y mejorada de lo que ya era.

Concretando un poco más, el hueco dejado por Víctor de Andrés ha sido suplido por dos excelentes guitarristas, Mario Suárez y Marcos Llorente, que se combinan para ofrecer un juego de guitarras más versátil. También tenemos más presencia de teclados que en discos anteriores, pero lejos de “dulcificar” el sonido, lo llena más de color sin perder la fuerza que aporta la banda, con ese muro construido por las guitarras y la contundente base rítmica formada por Héctor Hernáez y Javier Herrero. Y, destacando sobre ellos, la voz de Jorge Berceo se muestra como el elemento diferenciador más destacado de Zenobia. Berceo es a día de hoy uno de los mejores vocalistas del estilo y lo demuestra en cada uno de los cortes del disco, ya sea cuando le toca sacar la fuerza que exigen los temas más cañeros o la dulzura de los cortes más delicados, como la balada “Mi mundo por volver”, donde colabora Itziar Berradre, de Innervoice.

Otra colaboración la tenemos en “El laberinto”, donde interviene con Isabel Bermejo, un tema épico de cadencia marcada y cuya melodía vocal se queda en la cabeza a las primeras de cambio, algo que sucede en buena parte del disco, tanto en los temas con más fuerza (“Buscando una luz” o “Sigo rugiendo”) como en los de tendencia Power Metal más marcada, como “Tu amistad” o la cercanía a Avalanch de “El último bastión”.

Sin embargo, si tuviera que decidirme por alguno de los temas del disco, me quedaría con “Sin perder la pasión”, “La Danza del Diablo”, “No me dejes caer” y “Jamás”, que combinan todos los ingredientes que hacen especial a Zenobia, llevados al máximo nivel, tanto en la parte instrumental como en la voz de Berceo, inconmensurable. Temas que aúnan fuerza, melodía, estribillos pegadizos y un estilo reconocible.

Con “VI”, Zenobia se asienta en la primera línea del metal nacional, si es que no lo estaba ya. Su aplomo y madurez han permitido superar con éxito el cambio de la mitad de su formación y que la calidad de su música no se resienta. Mi más sincera enhorabuena.

Santi Fernández “Shan Tee”

 

Puedes leer esta reseña en catalán en El Rock-Òdrom