AMAHIRU “Amahiru” (2020)

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Reseña originalmente escrita en catalán en El Rock-Òdrom

Atsuko y yo nos conocimos en circunstancias muy especiales, aunque siempre me pareció una chica muy despistada no puedo negar que su exótica sonrisa tenía algo que me hacía mirarla siempre que pasaba por mi lado. Solía estar cantando todo el tiempo por los pasillos, risueña con el pelo alborotado. Su iPod celeste estaba siempre colgado en el cuello y se sentía el aire el verano. Y fue una de esas mañanas calurosas cuando le pregunté qué escuchaba y, sin mediar palabra, me colocó el auricular izquierdo en la oreja y era “Marionette” de Mary´s Blood. ¡Vaya rola!, un solo de guitarra extraordinario acompaña a esa canción y quien la interpreta es Saki, la actual guitarrista de Amahiru.

Este grupo ha juntado varias joyas en una sola banda. Todo comenzó, según cuenta la leyenda, en una gira que tuvo Dragonforce por Hong Kong en donde Frédéric Leclercq conoció a la guitarrista de Mary´s Blood, Saki. Este grupo nipón ya es de una tradición en lo que llamaríamos en occidente el Animetal. Hace poco me llené de emoción al ver que habían interpretado “Soul´s Refrain”, un tema de Neon Genesis Evangelion, una serie que marcó mi vida hace ya mucho tiempo y que además puso una línea de antes y después en el Anime, pero no bastando eso interpretan majestuosamente un cover de Pegasus Fantasy, tema de culto en la cultura japonesa en donde Saki hace gala de todo su talento en la guitarra. Nada más acertado que traerla a Amahiru, la combinación de géneros y de culturas le da un aire fresco, absolutamente delicioso al oído.

Al igual que Frédéric y Saki, nosotros hicimos buenas migas. Me conto historias de un Japón hasta entonces alejado de mi realidad, de sus calles trepidantes, sus pueblos antiguos con casas tradicionales, llenos de leyendas. Y la promesa de que un día las recorreríamos juntos. Amahiru ha traído todas estas historias a mi mente de nuevo. Bien podemos caminar por las calles del Tokio moderno, toparnos con gente a cada centímetro como es el caso de “Hours” o de “WTTP”. En el caso de “Ninja No Tamashii” nos trasladamos a un lugar más tranquilo, alejado del mundo, donde la música se funde con el ambiente y de repente entra la guitarra para sacarnos del trance y darnos un poco de caña junto a un teclado ejecutado con sutileza por Coen Janssen, de Epica, pero la canción va subiendo de ritmo, dando altos, bajos y agudos. Este caso no solo se da en esta canción, que es ya de mis favoritas, sino que es algo que se reproduce en todo el álbum.

Doce canciones nos van llevando por sabores diferentes, pero al mismo tiempo entrelazados, digamos que sería algo como Fusion Food pero en metal, por decir algo común, ya que los sonidos de este grupo nos llevan por más senderos desconocidos que conocidos para muchos.

Decir que son metal exótico no sería prudente de mi parte, porque son mucho más. Este grupo lleva más allá cualquier termino conocido. La voz, que entre tanta estrella pudiera brillar menos, ha dado la talla. Archi Wilson se mueve con destreza en las canciones dándoles tonos diferentes dentro de las mismas, reforzando así en la voz esta fusión de la que ya venimos hablando.

Creo que Amahiru ha salido a escena a divertirse, a crear cosas que les gustan, este proyecto que ha nacido entre Saki y Coen lleva alma dentro, se siente que hay gente que se lo está pasando bien haciendo música y eso se agradece. Tanto la batería de Mike Heller, los invitados especiales como Elise Ryd de Amaranthe que nos deleita en “Lucky Star” o Kifu Mitsushashi que toca el Shankuhachi (instrumento de viento tradicional japones parecido a una flauta) en “Ninja No Tamashii” no dejan nada que desear. Todo aquí enriquece.

Mi amistad tan exótica con Atsuko se desvaneció después del verano como muchas otros, pero Saki se quedó conmigo y ahora más que nunca quiero ponerme en camino para descubrir los rincones de un Japón que está en cada nota de este disco. Más que un disco es un viaje imprescindible para los amantes de lo nuevo y de lo tradicional, es una pausa y un cambio e irrumpe en medio del ruido del caos y la velocidad para darnos jugosos bocados del presente y del pasado.

Daniel Huezo