ARIAS “No estoy para nadie” (2020)

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Manolo Arias es parte fundamental de la historia del Rock en España. Con más de 40 años de trayectoria a sus espaldas, ha pasado por multitud de grupos por los que siempre ha dejado su impronta personal. Primero como guitarrista y compositor, facetas a las que posteriormente ha añadido su función como productor, son tantas las bandas en las que ha participado que es casi imposible enumerarlas todas.

Ñu, Bella Bestia, Muro, Motores, Monterrey… son sólo unos ejemplos de los grupos que han contado con sus servicios. Casi siempre en bandas ajenas, Niágara y Atlas fueron sus dos apuestas propias, compartidas con su hermano Ángel al bajo y José Martos a la batería, en las que Manolo puso más carne en el asador y con las que dejó una serie de discos imprescindibles para cualquier aficionado al Hard Rock nacional.

En esta trayectoria tan longeva, hace tiempo que el mayor de os Arias tenía en mente la edición de un disco en solitario. Un proyecto siempre pospuesto por la apretada agenda que, tanto por su faceta de guitarrista como de productor, siempre le impedía centrarse en ello.

Y llegó la pandemia. Y con ella el período de confinamiento en el que los conciertos se cancelan y las producciones caen casi hasta cero. Esta dolorosa circunstancia trae algo bueno, si se sabe aprovechar: Tiempo.

La consecuencia es “No estoy para nadie”, el esperado disco en solitario que edita Manolo bajo su propio apellido: Arias.

En el disco le acompañan dos de sus antiguos compañeros en Monterrey, uno de sus últimos grupos, como son Julio Dávila (voz) y Julio Gutiérrez “Guty” (bajo). Para la batería ha echado mano de Carlos Lillo, afamado productor que dio forma a los discos de Atlas y que, además de tocar la batería en este disco, lo ha coproducido junto con el propio Manolo Arias. No es de extrañar que el trabajo conjunto de ambos productores haya dado sus frutos, con un sonido pulcro, limpio y nítido donde todo está en su sitio perfecto.

El disco nos trae 11 cortes de Hard Rock de la vieja escuela, escritos con muy buen gusto y en el que el feeling y la frescura son sus mayores activos. Si bien es cierto que Manolo Arias siempre ha dejado su impronta personal en todas las bandas por las que ha pasado, sin grandes diferencias en su forma de tocar o componer, este disco recuerda irremediablemente a un cruce entre Atlas y, en mayor medida, Monterrey, quizás sin el deje sureño tan descarado de estos últimos. Mucho que ver tiene también la inconfundible voz de Julio Dávila, quien hace un papel exquisito en todo el disco.

La escucha de este trabajo es un viaje por las viejas sendas del Hard Rock. No hay experimentos, no hay concesiones a las nuevas tendencias. Las canciones tienen el aroma del buen vino, ese que ha madurado durante años en barrica de roble y tiene un sabor inconfundible. Los temas pueden ser nuevos o rescatados de muchos años atrás. Da igual, nadie notaría la diferencia, son la consecuencia de una experiencia vital y musical tan rica como extensa.

Es un disco hecho para disfrutar. Hard Rock añejo, desde la inicial “No estoy para nadie”, que da nombre al disco, “Sin mirar atrás”, “Entre gritos” o “Sólo yo”, que contiene un bonito inicio acústico. La frescura aumenta en otros temas más rocanroleros como “Bailarás para mí”, “Todo lo di” o “Tú por tu lado, yo por el mío”, una de mis favoritas del disco.

También tenemos temas más sentidos, en el que bajan las revoluciones. En este apartado podemos disfrutar de medios tiempos como “Perdida en mi mente”, “Fuego en mi memoria” y “Miedo a caer”, además de la bonita balada “Ya no tengo tu amor” que cierra el disco. En ellas, además de la excelsa guitarra de Manolo Arias, podemos disfrutar de la cálida voz de Julio Dávila, que impregna de feeling cada una de sus intervenciones.

En definitiva, “No estoy para nadie” es un trabajo muy personal en el que Manolo Arias muestra sus gustos. Un disco hecho para él mismo y para los que disfrutamos de este Hard Rock clásico que siempre le ha acompañado. Una delicia.

Santi Fernández “Shan Tee”

 

Puedes leer esta reseña en catalán en El Rock-Òdrom