TEMPLARIO “9 verdades” (2019)

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Reseña originalmente escrita en catalán en El Rock-Òdrom

Según la definición que un diccionario de referencia nos da de la palabra “Libre”, este es un adjetivo cuya definición es: Que no está sujeto al dominio de otro, a un poder externo, a una autoridad arbitraria. Que tiene la facultad de obrar como quiera, de elegir por sí mismo. No constreñido por una obligación, un deber, una disciplina, una condición onerosa, etc.

¿Podríamos quizás calificar al grupo de Castellón con este adjetivo? Desde mi punto de vista, sí. Y además sin ningún tipo de matiz. ¿Por qué? Pues sencillamente porque los Templario ya hace unos cuantos discos que disfrutan de una libertad que les permite hacer lo que quieran, cuando quieran y como quieran, sin deberse a nadie más que a ellos mismos.

Templario es un grupo que estrenó su libertad con aquel ya lejano “A hierro” de diciembre de 2007. Aquel, el octavo disco de su amplia trayectoria, fue el primero que sacaron sin el apoyo (o el lastre) de una discográfica. Aquella libertad ganada o sobrevenida casi cuatro años después de su última referencia al cobijo (o bajo la losa) del sello Red Dragon Records, “El beso de Judas”, dio paso a una evolución estilística hacia sonoridades mucho más extremas, cada vez más alejadas del Heavy Metal con el que yo los conocí en su momento y, más que nada, hacia unas letras duras y directísimas que disparan contra todo aquello que su libertad les permite.

Yo tengo que deciros, estimados lectores, que a pesar de que Templario es uno más de los tantísimos grupos que probablemente tienen menos reconocimiento del que merecen y que han sufrido pésimas experiencias en los diversos sellos con quienes han trabajado (según explican en la bio de su web), yo los pude conocer hacia 2002 gracias a la visibilidad que les daba formar parte del catálogo de Zero Records. En aquel tiempo hacían Heavy Metal muy cañero y recuerdo que me gustaron. De hecho, me gustaron e interesaron lo suficiente como para que, hoy en día, forme parte de mi fonoteca personal toda su discografía excepto sus dos primeros trabajos: “Sequías” (1996) y el homónimo “Templario” (2000). De hecho, si alguien me pidiera un pequeño listado con grupos valencianos que me gusten, seguro que los Templario formarían parte de él.

Cuando Red Dragon Records cerró la barraca habiendo editado el 2004 “El beso de Judas” (mi preferido del grupo junto con “La risa de las bestias” de 2003, todavía con Zero Records) yo los perdí la vista… hasta que años después, quizás más de diez, casualmente un día encontré su web y vi que tenían tres discos más. ¡Tres! Los habían sacado ellos solitos y los vendían a 5 € cada uno. A ciegas (como se hacía antes) compré los 3 CDs y permanecí a la espera hasta que me llegaran a casa.

Cuando pulsé el play del reproductor para que empezara a sonar “A hierro” (diciembre 2007) quedé anonadado. Aquello no era lo que esperaba encontrar. Los Templario habían cambiado y su música había evolucionado hacia el extremo del Thrash Metal más veloz que bien podríamos escuchar en grupos como Kreator, Destruction o Sodom. Las letras ya no nos hablaban de condes medievales ni árboles de la vida, sino de unos Templario que se mostraban enfadados. Y mucho.

Tengo que reconocer que este cambio me va sorprendió y no me gustó. Creo, fundamentalmente, que fue más por lo inesperado que por el cambio en sí. Con el tiempo, he disfrutado tanto de “A Hierro”, como de “Invierno de tiranos” (2011) como de “Grandes fracasos” (2015) pero yo prefiero su etapa anterior. Quizás porque con aquella los conocí y esto ya sabéis que siempre marca.

Y así llegamos a esta reseña. Cuando Santi de The Sentinel (web de Madrid hermanada con El Rock-Òdrom) me ofreció la posibilidad de comentar este disco, a pesar de que salió ya hace un año, julio de 2019, tuve curiosidad y ganas de escuchar y reseñar el noveno disco de los Templario, “9 verdades”.

En esta ocasión al menos estaba seguro que no me pillarían con el pie cambiado. Una primera visita de reojo vía Youtube mientras esperaba la llegada del CD me permitió asegurar el tiro respecto a aquello que escucharía como Dio manda unos días después.

Efectivamente, “9 verdades” son nueve arañazos uno tras otro, a diestro y siniestro, sin algodoncito que valga. Templario disparan contra todo el mundo, también contra ti. Sí, sí, contra ti que estás leyendo esto.

Sin duda, es más fácil disparar contra unos que contra otros. Fuego amigo, ¿me entendéis? No es lo mismo atacar contra las desigualdades, contra el poder o contra la injusticia, así en genérico, que hilar tan fino como lo hacen Templario con sus nueve verdades, una por cada canción del disco. En algunos casos, prácticamente sólo les falta mencionar nombres y apellidos. En “9 verdades” reciben arañazos desde veteranos periodistas de la prensa especializada que dan espacio a sus medios solo si se paga el diezmo (“Viejos conocidos” o “Tributo”), pasando por los heavies de figuración (“Torres de arena”, “Borregos” o “Conciertos estiércol”), promotores (“La cara más falsa”) o viejas glorias arrastradas (“Arrastrando el número”). Mención aparte merece “Crítico”, canción donde dejan patente el poco afecto que Templario tienen por algunos (o muchos, o todos) críticos de los medios musicales, pelotas y a la vez traidores que, merece la pena decirlo, son apelativos con los que en esta web no nos sentimos representados.

En fin, el disco de los Templario, “9 verdades” es un estruendo. El thrash más rápido sin muchas concesiones a la melodía, los escupitajos más penetrantes, la poderosísima y reconocible voz que Fran Martínez todavía conserva, envuelven un grupo que rezuma la libertad que disfrutan quienes ya están de vuelta de casi todo.

Aún así, “9 verdades”, la verdad y a pesar de su crudeza, apenas hará temblar nada, tampoco en aquellos a quienes se dirigen las letras del disco. ¿El motivo? La poca repercusión del disco. No por la calidad del mismo (tanto da), sino porque las cosas son como son. Eso sí, te recomiendo que lo escuches y después pienses en qué excusa te pusiste a ti mismo aquel día hiciste un no-voy a aquel concierto la entrada del cual no llegaba a 10 €. He dicho.

César Rojas “Jebimetal”