THE VAL “King Ocelot” (2019)

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No sé si nuestro país se merece a grupos como The Val. Esta afirmación se podría hacer extensiva a otras bandas como Dry River, The Electric Alley y algunas otras que están muy por encima del reconocimiento que logran en un país donde el rock es un reducto cada vez más reducido.

En el caso que nos ocupa, The Val nos ofrece la tercera entrega de una carrera en la que la progresión siempre ha sido ascendente. “Back” (2011) significó el reencuentro de aquella banda que lo intentó en los 80 como D’Val y, en la búsqueda de su identidad en el siglo XXI, ya nos sorprendió con un puñado de canciones excelentes y en el que redescubrimos el talento de Alfonso Samos (guitarrista y productor) y la preciosa voz de Gabrielle de Val, los dos pilares en los que se sustenta la banda. Con “Heading for the Surface” (2014), The Val ya centró el tiro, mejoró el sonido, sofisticó en cierto modo las composiciones y fichó a unos excelentes músicos con los que compartir viaje: Alex Morell (bajo), Tony Ortega (teclados) y Rubén Berengena (batería).

Con este tercer trabajo, The Val no sólo mantiene todas sus virtudes, sino que las potencia aún más. En “King Ocelot” podemos disfrutar de todos los elementos que siempre nos han resultado atractivos en la banda madrileña, corregidos y aumentados.

Lo primero que llama la atención es el sonido impecable, algo de lo que adolecía “Back”, ampliamente mejorado en “Heading for the Surface” y que ahora se ha optimizado hasta ofrecer una calidad incuestionable. El concienzudo trabajo de Alfonso Samos en su estudio ha dado sus frutos. También llama la atención (para bien) la mayor implicación del resto de músicos de la banda, mucho más integrados y con mayor protagonismo. Los teclados de Tony Ortega están muy presentes en todo el disco y el bajo de Alex Morell es muy preciso y con momentos estelares (“You Break The Silence” es un buen ejemplo), en consonancia con la batería de Rubén Berengena, con un sonido excelente grabado desde su propio estudio en Girona.

Pero, sin duda, los dos pilares sobre los que se sostiene The Val son Alfonso Samos y Gabrielle de Val. Sobre el primero, lo menos que se puede decir que su trabajo es impecable. Además de la brillante producción, su aportación como guitarrista es magnífica, tanto en el apartado rítmico como por los atractivos solos que jalonan las canciones. En cuanto a Gaby de Val, su voz es quizás el mayor atractivo del grupo. Dulce, siempre bien entonada, es una delicia escuchar cómo dibuja las melodías en cada tema.

El disco está acotado por una intro (“Electric Jungle”) y una outro (“King Ocelot”) que enmarcan una colección de canciones en la que no hay cortes de relleno. En ellas, por supuesto, podemos encontrar a los The Val de siempre en temas como “Crying On The Bedroom Floor”, “Symphony”, “Save A Little Love” y “Say Goodbye” (elegida como single de adelanto), aunque el elemento diferenciador que marca la evolución de la banda en este disco es la firme decisión de apertura a otras influencias, otros estilos. Algo que ya se había dejado vislumbrar en el disco anterior pero que ahora se acomete de forma más decidida. El mayor exponente es “Crazy World” cuya primera mitad es una composición dulce y delicada que, de repente, muta de forma sorprendente en un tema de clara inspiración progresiva.

La falta de complejos y la vocación de abrirse a otros estilos hace que en el disco puedan convivir un tema tan cañero como “Lilly And The Old Man” con otro de melodía más pop como “High Heels” sin por ello perder la identidad y el sello que The Val imprime a todo lo que hace.
Por supuesto, también tenemos baladas y medios tiempos en los que Gaby de Val se luce especialmente. Cada uno podrá elegir entre “Son Of Mine”, “Inner Voice”, “Wings Of An Angel” y “Kill The Noise” su tema preferido para helarle el corazón.

Mención aparte merece “You Break The Silence”, un tema mágico en el que la banda vuelca todo su talento y buen gusto.

Como decía al principio, no sé si nuestro país se merece a grupos como The Val. La triste realidad del rock en nuestro país seguramente impedirá que “King Ocelot” sea un éxito de masas. Es una lástima, porque no merecería menos.

Santi Fernández “Shan Tee”