Editorial Septiembre 2019 “A cuenta de festivales y conciertos patronales”

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Acaba el verano y con él se terminan los grandes festivales, esos que aglutinan un buen número de bandas y atraen a gran cantidad de público. También van finalizando los conciertos programados por los Ayuntamientos, con presupuestos cargados a las arcas públicas que permiten ofrecer a bandas de forma gratuita. En este mes de septiembre aún podremos disfrutar de algunos de ellos, en poblaciones grandes y medianas en las que grupos con mucho peso tocarán para los que tengan a bien acercarse a verles sin tener que pagar entrada.

Esto sucede desde hace décadas y siempre me provoca la misma reflexión, y es que las monedas suelen tener dos caras. Incluso tres, en este caso.

Desde el punto de vista del público, esto es una bendición. Un festival permite ver de una tacada a una buena cantidad de bandas. Aunque su repertorio sea a veces limitado, es una buena oportunidad de disfrutar del directo de varios grupos en una especie de maratón rockera. En el caso de las fiestas programadas por los ayuntamientos, se ofrece la oportunidad de asistir al concierto de un buen grupo (o al menos de renombre) sin tener que asumir el coste de una entrada, con el consiguiente ahorro para nuestro bolsillo.

Personalmente, no me gustan los festivales, prefiero ver los grupos de uno en uno, con su set completo, pero eso es cuestión de gustos. Tampoco me terminan de convencer los conciertos gratuitos en las fiestas de los pueblos y ciudades, ya que el pago de una entrada es un filtro que evita que vayan muchas personas a las que ni les va ni les viene y que están allí sin hacer caso del concierto.

Desde el punto de vista de los grupos, este tipo de eventos son arma de doble filo. Es innegable que tanto festivales como fiestas patronales dan oportunidad a las bandas para tocar ante un público numeroso en el que, además, se incluyen personas que no conocen previamente al grupo. Sin embargo, aquellos que tengan presencia en festivales y fiestas lo tendrán más difícil para congregar asistencia el resto del año, en los conciertos de invierno en salas de menor aforo, ya con un precio de entrada.

Este último argumento es palmario para los promotores privados, aquellos que organizan conciertos durante todo el año. Si se acostumbra el público al “todo gratis” de las fiestas o a ver a los grupos en los festivales, después costará mucho trabajo convencer a una parte de esa audiencia para que acuda en invierno a ver a esos mismos grupos, pagando una entrada. No es el único motivo, pero sí uno de ellos para que los conciertos invernales tengan pobre asistencia.

¿Cuál es la solución? No creo que la haya. Quiero pensar que a muchos de los que asistan a festivales y conciertos de fiestas patronales se les despertará el gusanillo de ver rock en directo y durante el invierno se animarán a ver más conciertos, pero la experiencia me dice que esto no sucede, al menos en un porcentaje que permita asegurar el éxito de afluencia en los conciertos en las salas. La solución tampoco pasa por limitar festivales ni conciertos gratuitos, porque también tienen muchas ventajas.

Desde aquí animo a quienes me leéis que vayáis a disfrutar de conciertos durante todo el año. No sólo por un sacrificio en pos de apoyar la escena ni por otro motivo igualmente altruista. Simplemente porque estoy seguro de que vais a disfrutar por igual (o más) de estos grupos en directo. Yo lo haré, sin duda.

Santi Fernández “Shan Tee”